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EL PAPA Y LA AGILIZACIÓN DE LA CURIA

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«Nosotros queríamos a alguien con buenas capacidades de liderazgo, y hasta ahora esto se ha visto muy poco...». Son las palabras sobre Francisco que pronunció hace algunas semanas, durante la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, el cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York y uno de los "papables" estadounidenses. La crítica, nada velada, fue pronunciada en una entrevista que Dolan concedió a John Allen Jr, publicada el pasado 24 de julio por el "National Catholic Reporter".

En resumen, a apenas cuatro meses del Cónclave que nombró al Papa argentino del "fin del mundo", uno de los protagonistas mediáticamente más conocidos de esa misma elección dijo que hasta ahora Francisco no habría sido el «manager» que se esperaba.

En particular, Dolan se refería a la sustitución del Secretario de Estado Tarcisio Bertone, el principal colaborador de Ratzinger, que recibió muchísimas críticas durante las Congregaciones generales antes del Cónclave. «Espero que después de la pausa del verano se concrete alguna señal más en relación con el cambio de la gestión», comentó el purpurado estadounidense después de haber dicho que esperaba la sustitución de Bertone antes del verano, como, por lo demás, muchas personas habían erróneamente pronosticado.

Las palabras de Dolan no tienen nada que ver con otras declaraciones de otros exponentes de relieve de la Iglesia estadounidense, como por ejemplo las del arzobispo de Philadelphia, Charles Chaput, que, también en una entrevista con el "National Catholic Reporter" admitió que sentía una cierta insatisfacción por la elección de Francisco por parte del «ala derecha de la Iglesia»; fenómeno que se puede constatar desde el punto de vista mediático en muchos blogs y sitios.

El cardenal de Nueva York no se queja –tal y como hacen otros ambientes conservadores o tradicionalistas– por pequeños cambios litúrgicos, por el estilo sencillo o por la falta de una insistencia por parte de Francisco sobre las posturas bien conocidas de la Iglesia sobre el aborto, la eutanasia y los homosexuales.

Otro latinoamericano como Bergoglio, Guzmán Carriquiry, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina, cree que el Papa Francisco «está haciendo lo que el obispo emérito habría querido hacer pero no logró hacer». Durante el Meeting de Rímini, Carriquiry dijo que está convencido de que en las próximas semanas las reflexiones entre el Papa y el grupo de los ocho cardenales consejeros comenzará a dar sus frutos.

Francisco, al cumplir el primer mes de un Pontificado que comenzó a poco tiempo de la Semana Santa y de sus celebraciones complicadas, el 13 de abril, anunció la creación de un grupo de ocho consejeros que deberán ayudarle con la reforma de la Curia y con el gobierno de la Iglesia. Metió mano inmediatamente en el IOR, para aclarar las conocidas y poco evangélicas maniobras en su interior, con el nombramiento de un prelado de confianza e instituyó una comisión que se encargará de la reforma del Instituto.

Puso en marcha la reorganización de todas las estructuras económico-financieras de la Santa Sede. Ha recibido y escuchado a muchísimas personas, ha tomado decisiones. Evidentemente Dolan, y tal vez no solamente él, esperaba que rodara alguna cabeza importante inmediatamente, empezando por la del cardenal Bertone, que en diciembre cumplirá 79 años.

Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI no cambiaron inmediatamente al Secretario de Estado "heredado" de sus respectivos predecesores. Esperaron años (seis Montini y más de uno Ratzinger) o meses (el Secretario de Estado Jean Villot fue sustituido menos de cinco meses después de la elección de Wojtyla, pero porque murió). El Papa Francisco se está preparando para hacerlo «post aquas», es decir cuando termine el verano, que para él sigue siendo un periodo de trabajo.

En el libro de meditaciones "Mente abierta, corazón creyente", publicado en 2012, el entonces cardenal Bergoglio, al hablar sobre Abraham y el olvido de sí, explicó que urgía recordarle a ciertos sacerdotes que, cuando obtienen un puesto directivo, piensan inmediatamente en la remodelación de la oficina, en la sustitución de los secretarios, en las nuevas alfombras que hay que comprar: crean un ambiente a su medida y esto solo puede generar conflictos.

Tal vez estas palabras pueden arrojar un poco de luz sobre el método que usa el nuevo Papa, que está listo para cambiar el rostro de la Curia romana y sus estructuras, a partir del puesto del Secretario de Estado (que podría incluso reducirse con las reformas en las que se está trabajando), pero sin tomar decisiones de prisa, tomando siempre en cuenta a las personas.

En el vuelo que lo llevó de regreso a Roma desde Río de Janeiro, Francisco dijo a los periodistas que le gustaban los colaboradores que le dicen; «Yo no estoy de acuerdo, esto no lo veo, no estoy de acuerdo», porque los que hablan de esta manera son «verdaderos colaboradores». Al contrario de los que siempre andan diciendo; «Ah, ¡qué bien, que bien!» y luego dicen lo contrario en otra parte.

El Pontificado de Benedicto XVI estuvo objetivamente condicionado (como demuestran los últimos ocho años) por colaboradores que no siempre estaban a la altura de sus encargos, por lo que se puede comprender que su sucesor esté procediendo con la mayor cautela en la elección de los hombres-clave que colaborarán con él.

 

Andrea Tornielli

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