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HUELGA DE BRAZOS CAÍDOS

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La Iglesia ha construido en Europa muchos y grandes seminarios para hombres, unos ya cerrados y el resto casi vacíos. Pero no ha construido ninguno para mujeres. La Iglesia oficial, desde su origen ha discriminado negativamente a la mujer, dejándose influir por el machismo imperante en la sociedad. Progresivamente se constituyó a si misma como una iglesia jerárquica solo de varones.

Pero resulta que ahora tiene a muchos de los templos casi completamente vacíos de jóvenes, y la mayor parte de las personas que asisten a las misas dominicales y semanales son mujeres mayores, una parte importante de ellas ya ancianas. Sin embargo esta Iglesia sigue cerrando a cal y canto a las mujeres la puerta de acceso a la ordenación sacerdotal y participación jerárquica de la Iglesia. Así lo vino a ratificar el actual Papa, que nos dio esperanza viva en bastantes cosas, pero en este punto no dio en el clavo, sino en la herradura, pues dijo que el tema estaba cerrado.

Al Papa que soldó la cerradura de esta puerta (J. Pablo II) intentando que nadie la pudiera abrir en el futuro, a pesar de las advertencias en contra que le hicieron muchos teólogos, replicándole que esta es una cuestión abierta, una doctrina ajena a la sagrada Escritura y una verdad no revelada, hay que preguntarle por qué no soldó a Marcial Maciel, pederasta empedernido, sino que lo bendecía y protegía, después de llevar años enfangado en nefandades de dominio público. Se equivocó lamentablemente con este hombre y lo mismo con el tema de la mujer al sacerdocio.

A las puertas cerradas mucho tiempo, sin ser nunca abiertas, se les oxidan las bisagras y cerraduras, y al intentar abrirlas, hay que reventar la cerradura porque no abre ni bien ni mal, y las bisagras casi siempre se rompen, porque están completamente oxidadas y agarrotadas. Ya no sirve el "aflojatodo", pues en este tema la Iglesia oficial no afloja nada, ni siquiera lo intenta, sino que justo intenta lo contrario. Un día hará falta reparar la puerta, o mejor sustituirla por una nueva, ¿pero quedará alguien que quiera entrar por ella? Un cazador de perdices quería apuntar tan bien que cuando apretaba el gatillo ya no había perdiz.

Creo, sin dar lecciones de nada a nadie, que las mujeres deberíais de hacer huelga de brazos caídos (una fiel lectora me sugirió esta idea). La mayoría de las misiones del Tercer Mundo quedarían desasistidas, casi todas las cáritas parroquiales o diocesanas quedarían cerradas o casi cerradas, otras muchas obras asistenciales en cárceles, asilos, casas de acogida, lo mismo; la mayoría de los templos serían un semidesierto: sobraría con una sola misa para los fines de semana; los Obispos, eso sí, estarían más tranquilos, pues les sobrarían curas, a pesar de los pocos que ya hay.

¡Cuántos conventos tenemos ya cerrados o a punto de serlo! La Iglesia jerárquica sigue sin reaccionar y sin darse cuenta que hoy la fe, la espiritualidad y el compromiso cristiano van por otros caminos, como son la lucha por la justicia, la erradicación de las desigualdades, la opción por los más empobrecidos, la implantación de los derechos humanos en el mundo, el compromiso con los empobrecidos del Tercer Mundo, la defensa y conservación de la naturaleza, la participación activa y democrática en la vida social y en toda clase de instituciones, y por supuesto en la Iglesia, incluidas las celebraciones dominicales de la Eucaristía en las Comunidades locales y todas las demás actividades parroquiales y diocesanas. Lo de oír, ver y callar pasó a la historia.

Ciertamente, mientras la actual estructura de la Iglesia no cambie y vuelva a su fuente, el Evangelio, creo que las mujeres estáis mejor fuera que dentro, pues la Iglesia tal como está funcionando hoy con los tiempos que corren no tiene futuro.

Por eso parece muy necesario que hay que ir más al fondo del problema: rehacer la iglesia desde su mismo origen, pero esto hoy, con la mujer participando en todos los ámbitos de la vida profesional y social, no se puede hacer sin contar con ella. El Papa Francisco dice textualmente "que la mujer en la Iglesia es más importante que los obispos y los curas". (Y por supuesto que los cardenales también). Perfecto, pero hay que dar pasos concretos que lo hagan realidad, y no cerrarle la puerta.

A este Papa, con voluntad de hacer una profunda renovación en la Iglesia a nivel estructural e ideológico, se le agolpan a la vez muchos problemas, la mayoría urgentes, que resolver. Muchos tememos que los Obispos se lo impidan o no le ayuden lo suficiente. Hay que ayudarle desde abajo y desde dentro, porque las verdaderas soluciones nunca vinieron desde arriba y desde fuera. La historia, maestra de la vida, así lo confirma.

Hermano Papa Francisco, tienes de tu parte a millones de personas que llevamos muchos años clamando por este cambio renovador, estamos contigo: por favor, no temas, no te pares, no tardes, pues hay no pocos que quisieron y siguen queriendo justo lo contrario. Una Iglesia, fiel de verdad a Jesucristo y su mensaje, leído y vivido desde la realidad de nuestro tiempo, sin duda puede hacer un gran bien a la humanidad.

 

Faustino Vilabrille

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