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Fecha de Creación (Inicio - Fin)

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HEBREOS 12, 1-4 / JEREMÍAS 38, 4-6 y 8-10

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HEBREOS 12, 1-4

Una nube ingente de espectadores nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús: que renunciando al gozo inmediato soportó la cruz, sin miedo a la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del Padre. Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

Estos párrafos están tomados de la parte final de la carta, en la que se hacen exhortaciones a la vida cristiana.

En el texto de hoy se usa una hermosa imagen: esto es como una carrera: rodeados de espectadores (los no creyentes), nos despojamos de todo lo que nos impide correr (los pecados) y corremos detrás de Jesús, que ha corrido delante de nosotros y ha llegado ya a la meta.

Su carrera fue difícil, y tuvo que afrontar la cruz: se le pidió mucho más que a nosotros, pero corremos hacia la misma meta. Es una hermosa exhortación a afrontar las dificultades que se presentan a una vida cristiana íntegra.

 

JEREMÍAS 38, 4-6 y 8-10

Los príncipes dijeron al rey:

- Muera ese Jeremías, porque está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y a todo el pueblo, con semejantes discursos. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia.

Respondió el rey Sedecías:

- Ahí lo tenéis, en vuestro poder: el rey no puede nada contra vosotros.

Ellos cogieron a Jeremías y lo arrojaron en el aljibe de Melquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. En el aljibe no había agua sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo.

Ebedmelek salió del palacio y habló al rey:

- Mi rey y señor: esos hombres han tratado inicuamente al profeta Jeremías, arrojándolo al aljibe, donde morirá de hambre. (Porque no quedaba pan en la ciudad).

Entonces el rey ordenó a Ebedmelek:

- Toma tres hombres a tu mando, y sacad al profeta Jeremías del aljibe, antes de que muera.

Es éste uno de los últimos y más violentos episodios de la vida de Jeremías, y uno de los que mejor expresan la dramática dificultad de su vida.

La acción se sitúa en 587 a. C. Las tropas de Nabucodonosor de Babilonia asedian Jerusalén. Los nobles judíos pretenden la resistencia, basados en una hipotética ayuda de Egipto. Jeremías ve claro - según él por revelación de Yahvé - que toda resistencia es inútil, y exhorta a todos a entregarse a los caldeos para salvar así la vida. Esta actitud es tomada por anti-patriótica, y Jeremías sufre violenta persecución, es encarcelado y casi lo matan.

Ésta es solamente una de las muchas ocasiones en que la predicación le cuesta a Jeremías persecuciones y peligros. Su libro está lleno de tales sufrimientos, y su vida entera marcada por tal drama. Jeremías, persona afable y cordial, se ve empujado por La Palabra a denunciar constantemente los abusos e infidelidades del pueblo y sobre todo de sus jefes, que le responden con persecuciones constantes, de las que se queja amargamente ente Dios (v.15,18).

Todo esto producirá profundos efectos en su religiosidad, que es cada vez más interior, más "religión del corazón", lo que le va a convertir en el peldaño más alto del AT. y el más inmediato predecesor de Jesús. Su misma vida, transformada por tantos acontecimientos difíciles, se convierte en una imagen anticipada de Jesús. Hasta es probable que sea Jeremías la figura real en la que se inspiró el segundo Isaías para la figura del Siervo de Yahvé.

 

José Enrique Galarreta

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