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Fecha de Creación (Inicio - Fin)

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LA PIEL QUE HABITO

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La vieja y mítica historia del doctor Frankestein (de James Whale, 1931) es recreada para este tiempo por Pedro Almodóvar en su última película, La piel que habito.

El doctor Roberto Ledgard (un Antonio Banderas inusitado) pierde a su esposa a partir de un accidente en que ella queda con graves quemaduras y se suicida al no soportar verse así. El médico cirujano plástico se empeña en hacer transplantes de piel y en 'crear' una joven mujer que tenga el rostro de su esposa muerta.

Estamos ante el mismo temerario atrevimiento del hombre que intenta tomar el rol de un creador, de un dios, y pasar por encima de la naturaleza, manipularla, someterla, sin prever las consecuencias que desatará su orgullo.

Almodóvar corre todos los riesgos de este escabroso asunto –con todas las implicaciones éticas y morales que conlleva-, sabiendo que están sobre la mesa y a discusión los avances actuales de la experimentación científica médica y de la manipulación genética.

Es impresionante cómo Almodóvar no se detiene para crear y recrear historias cinematográficas, suscitando de igual manera adhesiones y rechazos, simpatías y fobias. Pero el director manchego se luce nuevamente y se supera al armar tan cuidadosamente un rompecabezas nada sencillo, al dosificar hábilmente la información para el público; al encontrar el acierto y la belleza de cada encuadre perfectamente elegido y dirigido; al dar el color, la luz y la melodía que pide cada escena.

Por las influencias reconocidas por él mismo, Almodóvar es heredero del mejor cine norteamericano no sólo de terror (Frankestein, 1931), sino de suspenso (Vértigo, de Hitchcock, 1958) y de cine negro policíaco (La mujer del cuadro – The Woman in the Window, de Fritz Lang, 1945); pero además, en esta su reciente película, el cineasta manchego toma directamente el argumento del filme Ojos sin rostro (de Georges Franju, 1960) y de la novela Tarántula (Mygale, de Thierry Jonquet, 1984), y hace su propia y lúcida recreación. Tener estas referencias cinematográficas hace aún más disfrutable el cine de Almodóvar.

En La piel que habito reconocemos los temas más queridos de Almodóvar en sus mejores filmes, pero manejados ahora con más sutileza, perfección y riesgo: la madre omnipresente de Todo sobre mi madre (1999) y Volver (2006), la muerte y la pasión erótica de Matador (1986) y Carne trémula (1997), la obsesión fascinada hecha de ternura, sexualidad y locura de La ley del deseo (1987), Átame (1990), y Hable con ella (2002).

Pero estamos en 2012, cuando los avances tecnológicos parece que pretenden dominar al ser humano –aun cuando éste se considere el creador-, y encerrarlo en relaciones virtuales que impiden el acceso a la verdad e identidad de cada persona.

Por eso en gran parte de esta película vemos a los protagonistas a través de cámaras vigilantes, interfonos, computadoras, pantallas de televisión, cuadros...; como si nunca pudiéramos acercarnos al verdadero cuerpo humano.

La piel que vemos o tocamos es creada, es un invento, pero ¿quién es realmente la persona? ¿Quién es realmente Vera, la creatura de este nuevo doctor Frankestein? ¿Quién es la verdadera persona detrás de esa piel que habita? Los espectadores tendremos 120 fascinantes minutos para descubrirlo, si no nos distraemos en la sala de cine.

 

Luis García Orso

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