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CRISTIANISMO: ¿RELIGIOSO O SECULAR?

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He ido a buscar en mi biblioteca un libro de 1977 titulado "Los cristianos". Un libro curioso, de un historiador inglés llamado Bamberg Gascoigne. Al terminar su obra habla con cierto asombro de los "diferentes cristianismos que se han producido en veinte siglos: Cristo Rey para las iglesias imperiales; sufrimiento para la Edad Media; silencio y humildad para los que encontraron este sendero hacia Dios; una incitación a la propuesta radical para los revolucionarios; el Apocalipsis para los apocalípticos...". Ciertamente el cristianismo -y quizá cualquier religión- da para muchas versiones distintas y hasta contradictorias.

Yo llevo hace tiempo pensando, sin embargo, que en el cristianismo ha habido y hay hoy dos grandes corrientes interpretativas: la que despliega un cristianismo "religioso" y la que aboga por un cristianismo "social" ¿o habría que decir mejor "cultual" o "secular"?

Cabe prever las críticas que sin duda suscitará una catalogación semejante: ¿es que puede haber un cristianismo que no sea religioso? Y por el contrario ¿es que puede el cristianismo reducirse a ser una ONG? Puesto que yo me posiciono a favor de la segunda interpretación y en contra de la primera, he de pasar a argumentarlo.

No cabe duda de que el movimiento nacido a partir de Jesús es una religión ¿qué otra cosa puede ser? Pero ya se ha explicado suficientemente que Jesús, con su vida y su predicación, desmonta la idea clásica de lo religioso.

Una religión trata de habérselas con un Dios a quien nadie ha visto. Por eso hay que buscar intermediarios, gestos, ritos, palabras que le agraden. Cuando Jacob despierta de su sueño, hace lo que haría cualquier hombre religioso: levanta una estela y hace una oblación al Trascendente. Después otros encenderán velas, quemarán incienso, traerán flores, entonarán cantos, ofrecerán sacrificios.

Se quiere hacer todo lo que se supone que agrada a Dios, ofrecerle lo mejor que se tiene. Un hijo, en el caso de Abraham; la sangre -que es la vida- en el judaísmo. Pero ¿qué puede agradarle más que los actos de culto? ¿qué puede ofrecerle el ser humano mejor que la adoración, expresada en palabras, símbolos y ritos?

Desde el primer día de su predicación Jesús ofrece sin embargo un mensaje secular: ha llegado el Reino de Dios, visible en unos signos bien materiales: anunciar una buena noticia a los pobres, liberar a los cautivos, dar la vista a los ciegos, poner en libertad a los oprimidos.

Entendiendo perfectamente esta orientación, Santiago la resumió del siguiente modo: "La religión pura e intachable a los ojos de Dios es asistir a los huérfanos y a las viudas en sus necesidades y no mancharse las manos con este mundo". En esta frase convergen las palabras de los profetas sobre el ayuno que agrada a Dios, el anuncio de los ángeles para no mirar al cielo y la sorprendente noticia de que lo que se hace a alguien pequeño se le hace a Dios mismo. Para asombro de las personas religiosas, Dios no quiere sacrificios sino misericordia.

Pero si así son las cosas, la Iglesia ¿es únicamente una ONG dedicada a la beneficencia? Contestar a esta pregunta exige volver al primer anuncio de Jesús: ha llegado el Reino de Dios, está en medio de vosotros. Si esto es así, cada momento, como dice san Pablo, es un momento de salvación. Sin embargo la realidad parece desmentir esas afirmaciones. Para la mayoría, casi todos los momentos son planos cuando no oscuros o dolorosos. Pues no ha de ser así entre nosotros, que tenemos ojos para ver y oídos para oír.

"El reino en que creemos existe desde este instante, si yo lo acepto, como un fulgor que me rodea. Es la esperanza una virtud presente, una sonrisa en las lágrimas, una brecha en la angustia", así lo expresaba Mounier, ese gran creyente y gran pensador.

Ahora bien: ¿qué es menester para que la realidad se vuelva luminosa? Unos ojos contemplativos y unas manos que actúen. Donde unas palabras ponen consuelo, allí está el Espíritu, cuando un hambriento come, la realidad se transforma. Ya lo expresó muy bien Isaías en el conocido texto:

"¿Es este acaso el ayuno que yo amo, el día en que el hombre se aflige a sí mismo? Doblar la cabeza como un junco, tenderse sobre el cilicio y la ceniza: ¿a eso lo llamas ayuno y día aceptable al Señor?

Este es el ayuno que yo amo: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos
y romper todos los cepos. Cuando compartas tu pan con el hambriento
y albergues a los pobres sin techo; cuando vistas al que veas desnudo
y no abandones a tu propia carne.

Entonces brotará tu luz como la aurora, tu oscuridad se hará mediodía. Delante de ti avanzará tu justicia, detrás irá la gloria del Señor".

Hubo un momento, hace años, en que estas cosas parecían estar muy claras, Y sin embargo, con esos movimientos pendulares de la historia, vuelve el cristianismo "religioso", "cultual". Nos invade una generación de curas fundamentalmente piadosos, el culto vuelve a dominar la actividad de la Iglesia. Vuelve la religión en su sentido más tradicional en detrimento del cristianismo, esa novedad de Jesucristo.

Pero entonces ¿qué hay que decir de los actos de culto? ¿no son necesarios? Sí, pero para nosotros, no para Dios; Dios quiere otra cosa. Pero eso merece sin duda un artículo nuevo.

 

Carlos F. Barberá

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