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JOB 7, 1-7 / 1 CORINTIOS 9, 16-23

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Domingo 5º de Tiempo Ordinario


JOB 7, 1-7

¿No es una milicia lo que hace el hombre en la tierra?

¿no son jornadas de mercenario sus jornadas?

Como esclavo que suspira por la sombra,

o como jornalero que espera su salario,

así meses de desencanto son mi herencia,

y mi suerte noches de dolor.

Al acostarme, digo: «¿Cuándo llegará el día?»

Al levantarme: «¿Cuándo será de noche?»,

y hasta el crepúsculo ahíto estoy de sobresaltos.

Mi carne está cubierta de gusanos y de costras terrosas,

mi piel se agrieta y supura.

Mis días han sido más raudos que la lanzadera,

han desaparecido al acabarse el hilo.

Recuerda que mi vida es un soplo,

que mis ojos no volverán a ver la dicha.

 

Se trata de un libro "sapiencial". Los libros sapienciales, como sabemos, desarrollan la "Sabiduría de Israel", extraída siempre de La Ley o Los Profetas.

Así,

· Los Proverbios

· El Libro de la Sabiduría de Salomón

· El Eclesiastés (Qohelet)

· El Eclesiástico (Sirácida)

Hay también en el Antiguo Testamento otros libros Sapienciales, pero bajo formas literarias diferentes: así, Jonás, Esther, Judith, Tobías y otros.

A primera vista parecen libros históricos o proféticos, pero eso no es más que la envoltura literaria. Se ha inventado una historia (o se ha aprovechado un suceso famoso) para hacer una reflexión sobre temas diversos derivados de la Escritura.

El libro de Job es obra de un autor anónimo, que vivió después del destierro, y en él se advierte la influencia de los salmos y de los profetas Jeremías y Ezequiel. El libro presenta a un personaje justo, piadoso y "por tanto" bendecido por Dios con gran prosperidad material, que es "tentado por el demonio" con pobreza y enfermedades.

Casi todo el libro es un diálogo de Job con unos amigos, que defienden la tesis tradicional de que, si le ocurren desgracias es porque ha pecado contra Dios. Job defiende su inocencia, no sabe explicar por qué le ocurren los males, no comprende por qué Dios le trata así.

El texto de este domingo es una maravilla: es la expresión más profunda y desgarrada del hombre que lo ha perdido todo, para el que la vida no es más que una carga, y no puede explicárselo, y se lamenta amargamente. El mal es una terrible prueba para el creyente.

Esto plantea el más profundo problema de la condición humana: el problema del mal, del dolor, el sufrimiento, el pecado, el desconocimiento de Dios, muy especialmente, el dolor de los inocentes. Tradicionalmente, Israel ha entendido el mal como castigo por el pecado, sea del que sufre el mal o incluso de sus padres. En el Libro de Job se abandona por primera vez esta concepción.

La solución al problema del mal que da el autor es primitiva y radical: Dios habla a Job al final y se niega a dar explicaciones: "¿Quién eres tú para pedir explicaciones al Creador?"

Pero el libro ha planteado el fondo del problema: no podemos explicarnos el mal, pero necesitamos alguna explicación. Lo necesitamos, porque somos inteligentes: Dios nos dio la necesidad de entender, entender la Naturaleza y entender el ser humano. Y cuando no entendemos, nos rebelamos.

Todos los intentos de explicar el origen del mal, el origen del pecado, de explicar por qué hay mal si el Creador es Dios, han fracasado. El mismo brillante intento del libro del Génesis -el relato de "El Pecado Original"- no llega más que a plantear el problema, pero no da ninguna solución.

Y así, sólo queda la solución de Job: "¿Quién eres tú para pedir cuentas a Dios?". Pero esto es sumisión, no explicación, y tampoco nos quedamos conformes.

De todas formas, el libro de Job sigue siendo una joya del AT, que hay que leer entero y despacio; libro singularmente "moderno", provocativo, no apto para conformistas. Al leerlo se siente uno interpelado, obligado a tomar partido.

 

1 CORINTIOS 9, 16-23

Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio...!

Ahora bien, ¿cuál es mi recompensa? Predicar el Evangelio entregándolo gratuitamente, renunciando al derecho que me confiere el Evangelio. Efectivamente, siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda... Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos. Y todo esto lo hago por el Evangelio, para ser partícipe del mismo.

Está, como siempre, completamente desvinculado de los otros dos. Pablo "alardea" de haberse "hecho todo a todos" para predicar el evangelio. Lo más hermoso sin duda es la afirmación de que el premio por predicar el evangelio es precisamente predicar el evangelio, y gratuitamente. Sin embargo, aunque el texto no tiene una relación directa con el tema planteado por las otras lecturas, sí tiene frases que se inscriben en el mismo contexto.

Predicar el Evangelio es una misión: la misión de Pablo es predicarlo como un predicador ambulante. La misión de todo cristiano es ante todo predicarlo haciéndolo presente con sus obras, con su manera de ser y de actuar. El modo de evangelizar es hacerse esclavo de todos.

Esto es una metáfora de aquellos tiempos. La imagen viene del Lavatorio de los pies. Es la postura del cristiano ante los demás: servir, "hacerse todo a todos". Y no porque nos guste vivir así, ni por conseguir un premio: el premio es vivir como Hijo, participar del Evangelio. Es la Misión, meterse en lo de Jesús, "estar en las cosas de mi Padre".

 

José Enrique Galarreta, S.J.

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