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LEVÍTICO 13. 1-2, 44-46 / CORINTIOS 10, 31-11,1

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Domingo 6º de Tiempo Ordinario


En los textos de este domingo se nos presentan dos temas profundamente unidos: los leprosos y el escándalo. El texto del Levítico nos muestra el tratamiento dado a los leprosos en Israel, mientras el texto de Marcos nos muestra el tratamiento de Jesús. Este tratamiento es "escandaloso" para sus contemporáneos. Sobre este tema versa, como complemento, la lectura de Pablo.

 

Levítico 13. 1-2, 44-46

El Señor habló a Moisés y a Aarón, diciendo: Cuando uno tenga en la piel de su carne tumor, erupción o mancha blancuzca brillante, y se forme en la piel de su carne como una llaga de lepra, será llevado al sacerdote Aarón o a uno de sus hijos, los sacerdotes.

El sacerdote examinará la llaga en la piel de la carne; si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco, y la llaga parece más hundida que la piel de su carne, es llaga de lepra; cuando el sacerdote lo haya comprobado, le declarará impuro.

El afectado por la lepra llevará los vestidos rasgados y desgreñados la cabeza, se cubrirá hasta el bigote e irá gritando: «¡Impuro, impuro!»

Todo el tiempo que dure la llaga, quedará impuro. Es impuro y habitará solo; fuera del campamento tendrá su morada.

Este texto nos prepara bien para entender mejor el evangelio, y es una buena muestra de por qué conviene conocer el Antiguo Testamento: entre otras razones, para entender mejor el Nuevo.

Se presenta parte de la legislación sobre las erupciones cutáneas, que se llaman genéricamente "lepra", aunque pueden no ser estrictamente lo que la ciencia médica actual entiende por tal. Tiña, sarna, eccemas.... son enfermedades bastante comunes y muy temidas, por ser contagiosas.

Por esta razón, las leyes establecen claramente lo que hay que hacer con tales enfermos. En el fragmento que hoy leemos no se habla del tratamiento que se daba (sin duda habría sistemas de curación, hierbas, ungüentos etc. etc.), sino del tratamiento "legal" de tales enfermos, que se limita a aislarlos del resto del pueblo hasta comprobar su curación.

Aunque el texto se refiere a los tiempos de la vida nómada de Israel, estas prescripciones seguían en vigor en tiempos de Jesús. Los leprosos son expulsados fuera del poblado, deben vestir de harapos y anunciar a gritos su presencia: solían vivir en grupos a las afueras de los poblados, alejados del camino.

El término "impuro", que se les aplica es la manera típica de Israel de decir que algo está "contaminado", y todos se deben apartar de ello. Hay cosas impuras, como los cadáveres, acciones que "dejan impuro" como la menstruación, alimentos impuros, como el cerdo. Es un modo genérico de hacer que la gente se aparte de algo que se considera potencialmente peligroso.

Y, desde luego, la consecuencia principal de la impureza es que el que la ha contraído no puede acercarse al culto hasta que se purifique. La purificación es siempre un acto ritual: se deja pasar un tiempo y se hace un rito, generalmente una ablución. El sacerdote declara entonces pura a la persona y se reintegra a la comunidad.

La noción de impureza no tiene nada que ver con la noción de pecado. Y salir de la impureza no tiene nada que ver con el arrepentimiento. Son cosas externas, unas veces higiénicas, otras veces tabúes alimentarios, otras veces enfermedades... que se contraen a veces sin querer y se limpian porque se curan o porque se purifican mediante ritos.

La noción de "impureza" es por tanto una manera de proteger al pueblo contra potenciales peligros. Es muy interesante, para completar el tema, recordar que los Israelitas considerarán impuros a todos los demás pueblos, y tendrá prohibición de mezclarse con ellos. Un israelita no puede entrar en casa de un "gentil", ni mucho menos comer con él. Y se comprende que un pueblo pequeño sepa bien que solamente manteniendo su estricta peculiaridad, su diferencia, podrán subsistir sin ser absorbidos por vecinos mucho más poderosos.

Más radical aún es la posición de los fariseos, que no trataban con la gente normal para no contraer impureza, para mantenerse puros, puesto que la gente era considerada impura, ya que les era imposible mantenerse libres de las innumerables impurezas que aparecían en La Ley.

En el caso de la lepra, el texto del levítico nos muestra las precauciones que se toman, y ayuda a imaginar bien la escena del evangelio, en que Jesús tropieza con un grupo de leprosos, (en el texto se habla solamente de uno), sin duda en descampado, cerca de una ciudad.

 

Corintios 10, 31-11,1

Por tanto, ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios. No deis escándalo ni a judíos ni a griegos ni a la Iglesia de Dios; lo mismo que yo, que me esfuerzo por agradar a todos en todo, sin procurar mi propio interés, sino el de la mayoría, para que se salven. Sed mis imitadores, como lo soy de Cristo.

Trata básicamente del escándalo, pero en el sentido exactamente inverso al del evangelio. Jesús escandaliza a los cumplidores super-estrictos de la ley. Pablo habla de no escandalizar, es decir, de acomodarse a los demás para no estorbar la conversión. De modo que se trata de escándalos absolutamente distintos.

 

José Enrique Galarreta, S.J.

Domingo 6º de Tiempo Ordinario

 

En los textos de este domingo se nos presentan dos temas profundamente unidos: los leprosos y el escándalo. El texto del Levítico nos muestra el tratamiento dado a los leprosos en Israel, mientras el texto de Marcos nos muestra el tratamiento de Jesús. Este tratamiento es "escandaloso" para sus contemporáneos. Sobre este tema versa, como complemento, la lectura de Pablo.

  

Levítico 13. 1-2,  44-46

 

El Señor habló a Moisés y a Aarón, diciendo: Cuando uno tenga en la piel de su carne tumor, erupción o mancha blancuzca brillante, y se forme en la piel de su carne como una llaga de lepra, será llevado al sacerdote Aarón o a uno de sus hijos, los sacerdotes.

 

El sacerdote examinará la llaga en la piel de la carne; si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco, y la llaga parece más hundida que la piel de su carne, es llaga de lepra; cuando el sacerdote lo haya comprobado, le declarará impuro.

 

El afectado por la lepra llevará los vestidos rasgados y desgreñados la cabeza, se cubrirá hasta el bigote e irá gritando: «¡Impuro, impuro!» 

 

Todo el tiempo que dure la llaga, quedará impuro. Es impuro y habitará solo; fuera del campamento tendrá su morada.

 

Este texto nos prepara bien para entender mejor el evangelio, y es una buena muestra de por qué conviene conocer el Antiguo Testamento: entre otras razones, para entender mejor el Nuevo.

 

Se presenta parte de la legislación sobre las erupciones cutáneas, que se llaman genéricamente "lepra", aunque pueden no ser estrictamente lo que la ciencia médica actual entiende por tal. Tiña, sarna, eccemas.... son enfermedades bastante comunes y muy temidas, por ser contagiosas.

 

Por esta razón, las leyes establecen claramente lo que hay que hacer con tales enfermos. En el fragmento que hoy leemos no se habla del tratamiento que se daba (sin duda habría sistemas de curación, hierbas, ungüentos etc. etc.), sino del tratamiento "legal" de tales enfermos, que se limita a aislarlos del resto del pueblo hasta comprobar su curación.

 

Aunque el texto se refiere a los tiempos de la vida nómada de Israel, estas prescripciones seguían en vigor en tiempos de Jesús. Los leprosos son expulsados fuera del poblado, deben vestir de harapos y anunciar a gritos su presencia: solían vivir en grupos a las afueras de los poblados, alejados del camino.

 

El término "impuro", que se les aplica es la manera típica de Israel de decir que algo está "contaminado", y todos se deben apartar de ello. Hay cosas impuras, como los cadáveres, acciones que "dejan impuro" como la menstruación, alimentos impuros, como el cerdo. Es un modo genérico de hacer que la gente se aparte de algo que se considera potencialmente peligroso.

 

Y, desde luego, la consecuencia principal de la impureza es que el que la ha contraído no puede acercarse al culto hasta que se purifique. La purificación es siempre un acto ritual: se deja pasar un tiempo y se hace un rito, generalmente una ablución. El sacerdote declara entonces pura a la persona y se reintegra a la comunidad.

 

La noción de impureza no tiene nada que ver con la noción de pecado. Y salir de la impureza no tiene nada que ver con el arrepentimiento. Son cosas externas, unas veces higiénicas, otras veces tabúes alimentarios, otras veces enfermedades... que se contraen a veces sin querer y se limpian porque se curan o porque se purifican mediante ritos.

 

La noción de "impureza" es por tanto una manera de proteger al pueblo contra potenciales peligros. Es muy interesante, para completar el tema, recordar que los Israelitas considerarán impuros a todos los demás pueblos, y tendrá prohibición de mezclarse con ellos. Un israelita no puede entrar en casa de un "gentil", ni mucho menos comer con él. Y se comprende que un pueblo pequeño sepa bien que solamente manteniendo su estricta peculiaridad, su diferencia, podrán subsistir sin ser absorbidos por vecinos mucho más poderosos.

 

Más radical aún es la posición de los fariseos, que no trataban con la gente normal para no contraer impureza, para mantenerse puros, puesto que la gente era considerada impura, ya que les era imposible mantenerse libres de las innumerables impurezas que aparecían en La Ley.

 

En el caso de la lepra, el texto del levítico nos muestra las precauciones que se toman, y ayuda a imaginar bien la escena del evangelio, en que Jesús tropieza con un grupo de leprosos, (en el texto se habla solamente de uno), sin duda en descampado, cerca de una ciudad.

 

 

Corintios 10, 31-11,1

 

Por tanto, ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios.  No deis escándalo ni a judíos ni a griegos ni a la Iglesia de Dios;  lo mismo que yo, que me esfuerzo por agradar a todos en todo, sin procurar mi propio interés, sino el de la mayoría, para que se salven. Sed mis imitadores, como lo soy de Cristo.

 

Trata básicamente del escándalo, pero en el sentido exactamente inverso al del evangelio. Jesús escandaliza a los cumplidores super-estrictos de la ley. Pablo habla de no escandalizar, es decir, de acomodarse a los demás para no estorbar la conversión. De modo que se trata de escándalos absolutamente distintos.

 

José Enrique Galarreta, S.J.

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