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BENDICIÓN MATERNAL

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abuela

 

Querida abuela,

El año 2013 se inició con ruido de botas y silbido de misiles, sin omitir el gas sarín ni a los siempre posibles hongos nucleares dispuestos a sembrar la abominación. ¿Qué bendición pedirte entonces cuando la violencia de las armas multiplica las víctimas, en Siria, el Congo, Mali, Irán, Afganistán y en México, en vísperas de una eventual guerra contra Irán, que llevará a los pueblos de todo el mundo a una conflagración apocalíptica? La tierra toda se ha convertido en un campo de batalla en el que las multinacionales buscan, por todos los medios, adueñarse de toda la riqueza de los pueblos.

A principios de este año, abuela Sara, volví a abrir el álbum de familia y descubrí tu risa, la risa más perturbadora de la Historia. Huyendo del país de los Caldeos con tu viejo Abraham, arrastraste tu triste vida de desierto en desierto, como tantas familias de refugiados que buscan desesperadamente un pedazo de tierra en donde sobrevivir. Marchabais solos, cansados y viejos, guiados por la utópica esperanza de una promesa.

Pero he aquí que en el oasis, bajo el árbol de la vida, pasaron unos extranjeros, misteriosos visitantes que estremecieron tu vientre marchito. Te reíste, vieja Sara, te reías en el interior de tu tienda mientras escuchabas la conversación de aquellos hombres. "Gastada como estoy y junto a un hombre viejo ¿Podré sentir placer todavía?" "¿Por qué reía Sara" ¿Imposible? ¿Extraño? Nada le es imposible al Dios de la vida "Volveré dentro de nueve meses y Sara tendrá un hijo".

Estallaste, entonces, de alegría, gritaste, bailaste e hiciste reír a todo el mundo. Su nombre: Isaac, "el reirá" Cada vez que nombrabas a tu pequeño, cada vez que le llamabas, que le regañabas, que lo guiabas, te acordabas de tu risa. El hijo de la risa. El hijo de lo imposible. Y cuando su padre Abraham creyó santamente que el cielo le reclamaba la vida de su hijo, Isaac supo desconcertarlo sagazmente mientras subían la montaña "Papá ¿adónde encontrarás el animal para el sacrificio?" Estas palabras del joven Isaac repercutieron a través de los siglos para detener el brazo asesino de los hombres que continúan sacrificando a sus hijos en el altar de la guerra.

Abuela Sara, que tu bendición nos transmita tu risa. No queremos guerras imperiales ni conflictos fratricidas. Queremos que en el oasis Tierra, perdido en el gran desierto cósmico, en este jardín del Edén que compartimos, nuestros hijos puedan vivir despreocupados y felices y que sus risas sean ecos de las de Isaac "él reirá" Inocúlanos, oh, abuela de los y las creyentes, una alegría porfiada y explosiva cuando toda salida parece obstruida. Que tu risa atraviese nuestra historia y sus horrores, una risa de resistencia, de desafío, de fe y de terca esperanza. Bendícenos este año abuela de lo imposible y haznos reír. Reír porque la imposible paz terminará por llegar. Reír de los embrutecidos planes de los poderosos de este mundo que depositan su fe en el oro de sus bancos. Reír, porque la vida sin alegría, simplemente, no existe. Transmítenos una alegría visceral a pesar de todos los dramas y de todas las tragedias. Esa risa que afirma la vida y la prodiga. Lo necesitaremos en grande, ¡risueña abuela!

 

Claude Lacaille

Trois-Rivières, Québec

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