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GÉNESIS 9, 8-15 / PEDRO 3, 18-22

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Domingo 1º de CUARESMA


Comenzamos el Tiempo de Cuaresma. Cuarenta días de camino hacia la Pascua. En este primer Domingo, el centro básico del Mensaje está al final del Evangelio de Marcos: "Convertíos y creed en la Buena Nueva". Los otros textos comienzan a exponer la conversión, como obra del Espíritu, y a preparar la catequesis del Bautismo, por el que nos incorporamos a Cristo.

 

Génesis 9, 8-15

Dijo Dios a Noé y a sus hijos con él:

«He aquí que yo establezco mi alianza con vosotros, y con vuestra futura descendencia, y con toda alma viviente que os acompaña: las aves, los ganados y todas las alimañas que hay con vosotros, con todo lo que ha salido del arca, todos los animales de la tierra.

Establezco mi alianza con vosotros, y no volverá nunca más a ser aniquilada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.»

Dijo Dios:

«Esta es la señal de la alianza que para las generaciones perpetuas pongo entre yo y vosotros y toda alma viviente que os acompaña: Pongo mi arco en las nubes, y servirá de señal de la alianza entre yo y la tierra. Cuando yo anuble de nubes la tierra, entonces se verá el arco en las nubes, y me acordaré de la alianza que media entre yo y vosotros y toda alma viviente, toda carne, y no habrá más aguas diluviales para exterminar toda carne».

Es un relato del Código Sacerdotal que utiliza materiales de la tradición Yahvista. El diluvio fue sin duda una catástrofe natural de la que queda constancia en muchas tradiciones de los pueblos antiguos.

El Yahvista y el Sacerdotal la recogen y hacen de esta catástrofe un gran sermón penitencial, considerándola un castigo de Dios por los pecados. Y ésta es la parte más negra del relato, porque supone que Dios ha querido exterminar a la humanidad, que sólo unos pocos se salvan, y que la ira de Dios es aplacada por el "calmante aroma" de un sacrificio sangriento.

Por otra parte, el fragmento de hoy es totalmente específico de Israel: Dios no es un ser temible que puede en cualquier momento destruir la creación entera: Dios es un aliado. Pero un aliado de Israel, no precisamente de toda la humanidad. Mientras Israel obedezca la Ley de Dios, pueden contar con Él... contra sus enemigos.

El signo de esta Alianza no puede ser más expresivo: el arco iris. No es un arco de piedra, algo arquitectónico. Es el arco de guerra de Dios vengador. Dios ha disparado sus flechas que han estado a punto de exterminar toda vida; pero ya no: el sacrificio de Noé ha aplacado a Dios, y Dios ha colgado su arco de guerra en el firmamento, como muestra de que ya no va a intentar nunca destruir a la humanidad.

A la vista está que es una tradición y una espiritualidad antiquísima, sumamente primitiva. Es la prehistoria de nuestra fe. De aquí a la teología de Juan ("Tanto amó Dios al mundo que le entregó su Hijo") hay un larguísimo camino por recorrer. Pero reconocemos ya en esta vetusta tradición la semilla de nuestra misma fe en Dios Salvador.

 

Pedro 3, 18-22

Pues también Cristo, para llevarnos a Dios, murió una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, muerto en la carne, vivificado en el espíritu.

En el espíritu fue también a predicar a los espíritus encarcelados, en otro tiempo incrédulos, cuando les esperaba la paciencia de Dios, en los días en que Noé construía el Arca, en la que unos pocos, es decir ocho personas, fueron salvados a través del agua; a ésta corresponde ahora el bautismo que os salva y que no consiste en quitar la suciedad del cuerpo, sino en pedir a Dios una buena conciencia por medio de la Resurrección de Jesucristo, que, habiendo ido al cielo, está a la diestra de Dios, y le están sometidos los Ángeles, las Dominaciones y las Potestades.

Es un texto escrito probablemente en Roma después de la muerte de Pedro, y fundado en su predicación. Su "teología del diluvio" y de la acción de Cristo sobre lo antepasados que esperan en "el Hades" nos resulta un tanto lejana, incluso incomprensible.

Nos quedamos solamente con la idea de que es un texto bautismal, centrado en "salvados a través del agua", imagen muy usada en la primera Iglesia, en la que el agua es el mal, el pecado, la muerte (como realidad y como símbolo) de que se salva Jesús, salvado de la muerte por el Espíritu, y nosotros, que nos incorporamos a su resurrección por el Bautismo.

 

José Enrique Galarreta, S.J.

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