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CUREN A LOS ENFERMOS

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En los días de elecciones, días de reafirmarnos como ciudadanos-discípulos, resuenan las palabras de Mt 10, 7-8:

"Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios".

Interesante principio. Para poder proclamar, primero hay que salir a los caminos.

No hay nada que podamos decir "con autoridad" desde el resguardo de nuestra comodidad. A la intemperie, como dirá en otros pasajes, sin dinero, sin alforja, sólo con la túnica puesta, sin sandalias... despojados de las seguridades, expuestos a las inclemencias y a los regalos que la vida traiga. "Haciendo camino al andar" en medio del desierto. Es decir, nos invita a ponernos en marcha, a salir a buscar, al riesgo de vivir.

El Reino se proclama desde la práctica misma de los discípulos. Está cerca si y cuando los enfermos y los leprosos son curados, los muertos resucitan, los demonios son expulsados; de hecho ésas son las señales que Jesús le responde a Juan el Bautista... "Proclamar" no es "decir" sino un "hacer" concreto y desafiante que confirma las palabras con la consistencia de la realidad.

Jesús cura ciegos, sordos, mudos, paralíticos, leprosos, y a la mujer con hemorragias. Cada una de estos "males" tiene su aspecto personal y su dimensión comunitaria. Me pregunto, hoy y aquí, cuál es nuestra tarea de "sanadores", en ambos sentidos de la cuestión.

Vivimos en un tiempo de supuesta información y comunicación, donde los poderosos se encargan más bien de desinformar, de "disfrazar la realidad", de confundir y distraer. Nos quieren ciegos y sordos, abombados, sin capacidad para pensar y discernir, mismo efecto del paco y de Tinelli, de los escándalos de las modelos y de las gripes prefabricadas... Estamos enviados a abrir los ojos a los ciegos y los oídos a los sordos, empezando por nosotros mismos. Y a no conformarnos con eso. Estamos convocados a descubrir lo invisible y lo invisibilizado por el poder, y a mostrarlo.

Triple tarea: desplegar nuestro propio juicio crítico; denunciar los engaños y lo que se busca ocultar; acercarnos con ternura al que no se anima a mirar en lo personal y en lo comunitario y ofrecerle nuestro sostén para que vea y se vea, escuche y se escuche.

La experiencia de parálisis es bastante conocida. Frente al peso de las rutinas, o la desazón que nos suelen generar las condiciones socio-económico-políticas, la sensación es muchas veces que "no hay nada que hacer". Quedamos inmovilizados por el miedo y la impotencia, y como creemos que no hay solución, no la generamos. Nos cristalizamos en "lo que hay", "lo que siempre fue así". Es evidente que esto resulta muy conveniente para aquellos que no quieren que nada se cuestione; no podemos esperar que desde arriba nos impulsen a salir de la parálisis, más bien tenderán a convencernos de que cualquier cambio es imposible o peligroso...

Abandonar la quietud, ponernos nosotros mismos y poner a otros en movimiento; recuperar la confianza en que "otros mundos son posibles"...

El silencio ha sido uno de los males más difundidos en mi país, al menos desde la última dictadura militar. Nos hemos acostumbrado a callar. Soltar la lengua, volver a proclamar, a gritar, a anunciar, a reclamar, a bendecir, es otra de las propuestas-misiones que Jesús nos encarga. Recuperar la palabra, la personal y la social-comunitaria. Decir, decirnos; encontrarnos con el otro en el discurso compartido o en el disenso, diálogo que siempre será más fecundo que el silencio. Que aflore lo que tenemos en el corazón, nuestras ideas, nuestros sentimientos; que logremos "ex - presar", sacar de su prisión, lo que vibra dentro; eso nos propone la curación de los mudos...

La mujer con hemorragias será quien desperdicia su sangre, la vitalidad derrochada sin sentido. Descubrir en mi propia vida y en lo social en qué vínculos, en qué proyectos "vale la pena" apostar la vida, para no malgastarnos ni desgastarnos, sino entregarnos a lo que pueda genuinamente producir vida nueva y para todos, sería algo así como curar hemorragias. Abandonar tantos esfuerzos inútiles y concentrar la energía, para que la potencia dé frutos.

Podemos proclamar que "el Reino de Dios está cerca", más aún, que "está entre nosotros", si tomamos la "posta" de Jesús...

... Para que los ciegos vean, los sordos escuchen, los mudos hablen, los paralíticos caminen, la sangre no caiga más inútilmente sobre la tierra...

 

Sandra Hojman

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