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CRISTO REY, QUE VENGA TU REINO

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Jn 18, 28-40

En las nubes del cielo - Hijo de hombre - Se le dio imperio, honor y reino - Yo soy el Alfa y la Omega - Sí, soy Rey.

 

LAS IMÁGENES

Se repiten en estos textos imágenes semejantes. Y volvemos a insistir en su valor: imágenes, tomadas de lo humano para expresar lo divino. Las imágenes de "las nubes", "el trono de Dios" " el anciano..." nos recuerdan a las imágenes usadas en los relatos de la Ascensión. (En realidad, lo hoy celebramos es exactamente lo mismo que se celebra el día de la Ascensión).

Nadie hay tan ingenuo como para pensar en "el Cielo como lugar físico que está más arriba", a donde "se sube" o de donde "se baja".... Imágenes. Buenas imágenes para expresar lo divino, pero solamente imágenes.

El Imperio, el Poder, el Reino, Alfa-Omega... Buenas imágenes para expresar quién es Jesucristo. Jesús mismo ofrece un camino de interpretación:

"Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí."

"Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz."

La imagen del Rey es aceptada por Jesús: pero rey " de otra manera", otro tipo de reino, el reino de la verdad... El reino de Dios no es un Estado, ni un país, ni un gobierno...

Es muy importante advertir que Jesús usa "El reino de Dios" en contraposición a "los reinos de la tierra". Que Dios es Rey de manera opuesta a lo que son los reyes de la tierra.

Jesús usa la imagen del reino y del rey, precisamente para decir que los reinos de la tierra son lo más opuesto al reinado de Dios.

Vamos, pues, por buen camino si volvemos al principio de esta reflexión: "Imágenes", imágenes para hablar de Dios, de Jesús, de la Iglesia. Pero hemos de usar las imágenes en el sentido en que Jesús las usa. La imagen del rey poderoso, dominador, vencedor de enemigos, que manda a placer, que tiene dignidad y riqueza... no tiene nada que ver con el reino de Dios ni con Jesús. Más bien es lo opuesto. Y demasiadas veces caemos en ese error


EL MENSAJE

Analizamos algunas expresiones que aparecen en los textos.

Cristo Rey, Cristo Juez, nosotros Reyes y Sacerdotes.... Estamos proclamando nuestra fe en que Jesús es el eje de la vida humana, nuestro acceso a Dios, el que da sentido a la vida, el que marca el Bien y el Mal, el acierto y el error. Estamos proclamando nuestra fe en que "al final, Dios", y en el camino, Jesús. Esto es acertar.

Y nosotros, los humanos no necesitamos otro intermediario, otro Sacerdote: cada hombre es sacerdote de su vida. El puente a Dios, Jesús: Jesús revela a Dios y al ser humano: creer en otro Dios es creer en ídolos: construir el ser humano de otra manera está equivocado...

Es el Rey, el Único. Los que le siguen están en "el Reino", donde la Ley es el amor exigente y generoso de Dios, el sentido de la vida, ayudar a salvar, el pecado es cadenas que me impiden ser lo que Dios espera de mí, donde la riqueza, el dolor, la persecución, el triunfo... no son buenos o malos porque agraden o molesten sino porque sirven o no sirven para salvar... Nosotros vivimos en ese reino, y nos sentimos reyes, hijos, sacerdotes que consagran su vida, sus acciones, su trabajo...

La imagen de "vivir como un rey" "es el rey de la casa..." la usamos todavía: sabemos lo que significa: muy bien, el mejor... Pero la metáfora es siempre mucho más expresiva que el concepto. Y Jesús habla mucho en metáforas. Dios es padre, médico, puerta, agua, pastor, luz, pan y vino... cada metáfora aporta un poco, y ninguna es completa.

En esta línea, Jesús es el anti-rey. Ni poder, ni dinero, ni reconocimiento oficial, ni armas, ni acepción de personas. Los reyes de este mundo son así, pero Jesús no es un rey de este mundo. Sus armas son la capacidad de con-padecer, la dedicación a curar, decir la verdad hasta la muerte, preferir a los últimos, ponerse siempre a favor de las personas, ser impuro para poder ayudar. Extrañas armas y extraño rey.

Y, en esta misma línea, el reino de Dios es "el antirreino". Lo que reina en el mundo es la necesidad obsesiva de consumir, de trepar, de competir. Lo que reina en el mundo es la desconfianza y la venganza y la injusticia; el menosprecio de los pobres, la explotación de la naturaleza... y no digo que reinan porque todos son así, sino porque eso es lo que domina, lo que se impone, lo que aparece en los medios, lo que se propone como éxito.

Jesús propone exactamente lo inverso: que domine, que se imponga, que se considere como éxito la solidaridad, el respeto, la justicia, la buena fe, la reconciliación.

"Convertíos, que el Reino está ya entre vosotros". Esto nos lleva a la última consideración sobre la vida cristiana: "Cristo tiene que reinar" es la misión que hemos recibido: pero Cristo no reina porque en mi corazón reina el pecado, porque en los corazones de otros hombres sucede lo mismo.

Y de aquí, del pecado del corazón de los hombres, nace el mal del mundo que impide que éste sea lo que Dios ha soñado. La Buena Noticia es que esto no tiene por qué ser así.

La Buena Noticia es que el Bien es más poderoso que el Mal, que el Mal está irremediablemente condenado a desaparecer, porque en esta gran batalla universal, Dios no es un Juez impasible, sino que lucha en uno de los bandos. Y así, la palabra Liberación se convierte en el slogan del Cristiano. Por eso Jesús significa "Dios Libertador".

Pero Cristo tampoco reina porque se le hagan monumentos, ni porque la jerarquía reciba honores de los poderes del mundo, ni porque la liturgia se celebre con esplendor, ni porque algún partido político se autocalifique de "cristiano".

Cristo reina cuando Jesús es la norma de vida desde el corazón mismo de las personas. Una vez más, la levadura, la semilla. Cristo reina cuando toda la masa fermente, cuando la cosecha llegue a su fin.


PARA NUESTRA ORACIÓN

¿Quién es el rey de mi vida? ¿Quién o qué reina en mí?. "Los reyes de las naciones los oprimen... "¿Qué soberanos opresores oprimen mi libertad? ¿El consumo desenfrenado? ¿La falta de compasión? ¿Dios juez?

Hay muchos reyes, muchos dioses dispuestos a impedir que las personas sean hijos, conscientes, libres, queridos, solidarios, comprometidos. ¿Soy libre como un rey o agobiado como un esclavo?

Hemos optado por Jesús. Hemos elegido un Rey que es libertad, dignidad, ambición de hijos. Un rey libertador de todos, que invita a una guerra santa contra todos los ídolos, contra todas los opresiones, contra todo lo que humilla a las personas, a los hijos.

Un rey cuyos enemigos son el pecado y la muerte, cuyo poder es lavar los pies a todos. Un rey a cuya mesa están invitados todos, sobre todo los pobres, los tullidos, los ciegos, los endemoniados, las prostitutas, los pecadores. Ése, sólo ése, es mi rey.

Desde que le conocemos, le hemos oído hablar del Reino. Nos ha invitado al Reino, nos ha enseñado que esta vida puede ser el Reino, nos ha anunciado que llegará la plenitud del Reino.

Y, desde el fondo de nuestros anhelos más profundos, hacemos propias sus palabras y pedimos a Dios, para cada uno y para todos, para las personas y para la humanidad, lo que Él mismo nos enseñó a pedir: "Venga tu Reino".

Hoy sí que no podemos orar juntos más que recitando la oración de Jesús, la oración de los hijos, la oración del Reino. Que todos le conozcan y le alaben, que el reino se realice, que se cumpla el sueño de Dios, que haya pan y perdón y libertad.

Por encima de todas nuestras pequeñas peticiones de cada día, ahora expresamos el más íntimo deseo del que sigue a Jesús, los mismos deseos del mismo corazón de Jesús.

 

José Enrique Galarreta

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