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DIOS, EL SOL Y NOSOTROS

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Hubo un tiempo en que se creía que el sol era un ser divino. Los antiguos entendían de esa manera a ese "ser" que se escondía cada noche y reaparecía cada nuevo amanecer para llenarles de luz y vida. Muchas culturas así lo pensaban y le dedicaron un verdadero culto. Construyeron templos y elaboraron incluso diversas teologías. Aunque parezca absurdo, mucho de lo que decían y hacían eran fruto de la observación y del sentido común. No hay más que leer el himno a Aton (el disco solar) escrito por el faraón Akhenatón. Está lleno de sensibilidad, y de una profunda espiritualidad.

Nosotros podríamos pensar que todo esto era idolatría y necedad, propia de la ignorancia de aquellos pueblos. Y así lo pensaban los antiguos Hebreos. En el libro de Génesis, el Sol no es más que un astro creado. Se produce una verdadera desacralización, ya que no es creado hasta el cuarto día. No es un ser divino. No hay que rendirle culto. Forma parte de la creación de Dios. (Gen. 1,14-19)

A partir de ahí, a lo largo de siglos, se pensó que el Sol giraba alrededor de la Tierra ya que ésta sí ocupaba el lugar central del relato. Y también se elaboraron filosofías y teologías que respaldaban esta idea. Hasta que las cosas empezaron a complicarse. Con el desarrollo de la Astronomía, y sobretodo por la invención del telescopio, se pudo observar que era la Tierra la que giraba alrededor del Sol. Esto supuso una conmoción a muchos niveles. ¿Se equivocaba la Biblia?

Galileo dejó claro que la Biblia no era un libro de ciencia. Las escrituras se ocupaban de otras cosas. Por lo tanto no había problema en aceptar los nuevos descubrimientos. El error había sido convertir la Biblia en lo que no era. Ahora nadie tiene problemas en aceptar la teoría heliocéntrica. ¿A dónde quiero ir?

Que la humanidad ha sufrido lo que se llama cambios de paradigmas. Un paradigma son las referencias culturales para entender la realidad. El Sol fue divino, luego se desacralizó, se convirtió en el centro del universo, más tarde se "desplazó"...

Y ahora viene la pregunta: Si ya no creemos en ese dios Atón, si no pensamos que es divino, ¿significa que no hay sol? Hoy sabemos que el sol es un astro, alrededor del cual gira la Tierra. ¿Acaso este sol no existía en la antigüedad? El sol sigue siendo el mismo antes y ahora, pero los que hemos cambiado nuestra manera de percibirlo, somos nosotros. Vivimos en otro paradigma.

¿Y Dios qué tiene que ver con todo esto?

Pues que partiendo de esa analogía quizás nos pase algo parecido con la idea de Dios y habría que concebirlo de otra manera, más acorde a nuestro paradigma cultural.

En la Biblia misma se ven esos cambios. Cuando se decía que Dios estaba en el "cielo" se creía eso de una manera bastante literal. Dios estaba, digamos, "ubicado". Pero Pablo nos dice otra cosa. "En Dios vivimos, nos movemos y existimos" (Hch 17,28). En este caso son los hombres los que están "ubicados" en Dios. No vamos a él, ya estamos en él.

Los autores bíblicos no describieron a Dios, sino que relataron sus experiencias con él, utilizando lo que tenían a mano. Sus referencias lingüísticas y culturales.

Deberíamos aprender a discernir esa Experiencia fundante, que desvela lo que permanece a lo largo del tiempo, y que fue expresada en esos lenguajes antiguos. Nuestra tarea consiste pues en traducirla a nuestro contexto.

Se trata de dar cuenta de ese Misterio que nos habita, de esa Presencia enigmática que vivifica, de esa Voz que interpela al ser humano y le llena de vida, de amor y esperanza.

A veces los ateos atacan imágenes de Dios que resultan inverosímiles para los tiempos de hoy. Y hay creyentes que defienden esas imágenes como sagradas e intocables, dándoles argumentos para sus ateísmos. Pero Pablo mismo, nos mostró el camino a seguir. Debemos actualizar, reinterpretar e incluso volver a decir, esa experiencia fundante, para que tenga sentido al hombre y a la mujer de hoy. Al menos en nuestro contexto occidental.

Por lo tanto, si una imagen de Dios queda obsoleta significa ¿que no hay Dios? ¿O más bien, que deberíamos repensar nuestras representaciones y nuestro discurso?

Quizás no todos hablaremos de la misma manera. Es imposible encerrar lo divino en un único discurso humano. Pero al menos podemos identificarlo con algo o con alguien que nos sirva de referencia. Y los cristianos creemos que también tenemos "un telescopio" que nos ayuda a mejorar nuestra visión. Y ese "instrumento" es Jesús de Nazaret.

Porque sea cual sea la representación que nos hagamos de Dios, él nos ha enseñado que debemos identificarlo con la Bondad. "¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino solamente Dios" (Mr 10, 18)

Quizás no tengamos "un saber" sobre Dios, pero podemos "vivirlo". Porque la Bondad no es una cosa que flota en el aire y de la cual nos apropiamos o especulamos sobre su esencia.

Bondad, es tener una actitud compasiva. Como dijo Jose Antonio Marina, "Dios es Acción compasiva". Así que el que ama al hermano, al otro, al diferente, experimenta lo divino. Y si hacemos del Dios-Bondad nuestro centro existencial, podemos estar seguros que siempre será nuestro contemporáneo, aunque cambien los paradigmas.

 

Julián Mellado

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