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JESÚS SE IDENTIFICA CON EL EMIGRANTE

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"El ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; allí estarás hasta que te avise" (Mt. 2,13 ss). Sea este un relato histórico o sólo un relato teológico del evangelista, lo que nos importa aquí es considerar que Jesús, desde que nace, es identificado con la historia del Israel peregrino, emigrante y refugiado. Más tarde, Jesús sabrá lo que supone andar buscando trabajo de un sitio a otro:

"Lo que ciertamente aprendió Jesús en Nazaret fue un oficio para ganarse la vida. Las fuentes dicen con toda precisión que fue un "artesano" como lo había sido su padre (Mc.6,3; Mt.13,55). Su trabajo no correspondía al del carpintero de nuestros días. La actividad de un artesano de pueblo abarcaba trabajos diversos. En el mismo Nazaret no había suficiente trabajo para un artesano. Para encontrar trabajo, tanto José como su hijo tenían que salir y recorrer los poblados cercanos. Con su modesto trabajo, Jesús era tan pobre como la mayoría de los galileos de su época. Su vida se parecía más a la de los jornaleros que buscaban trabajo casi cada día. Lo mismo que ellos, también Jesús se veía obligado a moverse para encontrar a alguien que contratara sus servicios".

Jesús, aproximación histórica de José A. Pagola.

Como cualquier otra persona, Jesús fue madurando poco a poco el sentido y el alcance de su misión en contacto con la gente y con la realidad: "Jesús iba creciendo en saber, en estatura y en el favor de Dios y de los hombres" (Lc. 2,52). Igual que los demás humanos, pasó por un proceso de aprendizaje, por fases de crecimiento y de sentido y supo captar la voz de Dios en los acontecimientos que vivía.

Por ejemplo, sus encuentros con personas extranjeras o "paganas" le van cambiando su mentalidad y haciéndole comprender que su misión no es sólo para su propio pueblo de Israel, sino para todo el mundo. Recordemos cuando alaba la fe del capitán que le rogaba humildemente que curase a su criado: "No soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo mandes de palabra y mi criado quedará sano. Al oír esto Jesús, quedó admirado y dijo a los que le seguían: "Os aseguro que en ningún israelita he encontrado tanta fe. Os digo que vendrán de oriente y de occidente a sentarse a la mesa de Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de Dios, mientras que los hijos del Reino serán echados fuera" (Mt. 8,10).

O cuando una mujer sirofenicia le pide que cure a su hija y Jesús dice a sus discípulos: "Me han enviado sólo para las ovejas descarriadas de Israel". A la mujer le dice algo muy duro: "No está bien quitarle el pan a los hijos para echárselo a los perros". Recordemos que los judíos llamaban "perros" a los no judíos, a los paganos. Pero esta extranjera le dará una lección ejemplar que Jesús va a aprender con humildad y sencillez: "Cierto, señor, pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos"... Y Jesús, asombrado, le contesta: "¡Qué grande es tu fe, mujer! Que se cumpla lo que deseas" (Mt. 15,21-28). La respuesta brusca de Jesús no acobarda a la mujer, sino que la lleva a afirmar que la compasión está por encima de la discriminación entre pueblos. Sólo entonces Jesús cura a su hija puesto que él mismo ha caído en la cuenta de que el amor de Dios no tiene fronteras. ¡Una mujer, y además no israelita, hace madurar a Jesús!...

Un extranjero será quien lleve la cruz de Jesús: "Al salir encontraron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón y lo forzaron a llevar la cruz de Jesús" (Mt. 27,32). Esta figura de Simón Cirineo contrasta con la de Simón Pedro: mientras éste ha renegado de Jesús, aparece aquí la figura de un extranjero que llevará su cruz hasta el Gólgota.

Será también otro extranjero, el capitán de los soldados que crucifican a Jesús, quien sabrá reconocer lo que los dirigentes judíos negaban: "Verdaderamente este hombre era hijo de Dios" (Mc. 15,39). Sólo un pagano reacciona positivamente ante esta muerte, reconociendo en el hombre Jesús el elemento divino. Para los dirigentes judíos, la muerte era la derrota y demostraba la falsedad de las pretensiones de Jesús; en cambio, para este pagano, esa muerte demuestra que estaba en Jesús la vida de Dios mismo.

Por último, Jesús va a experimentar en la cruz la más dura soledad y gritará: "!Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?" (Mc.15,34). De esta trágica manera, Jesús se hace solidario con tantas soledades y abandonos como han de padecer tantas personas injusticiadas. Sabemos que muchas personas inmigrantes (perdidas y ahogadas en el mar, o perdidas en medio de una sociedad hostil o indiferente) tienen la experiencia de sentirse solas, abandonadas de todos y hasta incluso pueden llegar a dudar de si Dios no las habrá abandonado también ante tanta dureza como han de soportar.

Jesús vive como un predicador ambulante, de pueblo en pueblo, no tiene residencia fija. Jesús tiene una vida itinerante, es como un trabajador temporero, y conoce bien lo que es estar a la intemperie, sin casa propia, a expensas de la hospitalidad de la gente, o de su rechazo. Como muchos emigrantes, sabe lo que supone no tener casa ni seguridad alguna, vivir de prestado: "Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza" (Mt.8,20).

Y enviará a sus discípulos de pueblo en pueblo también como peregrinos pobres que solicitan hospitalidad: "No toméis oro, ni plata, ni cobre en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón. Donde lleguéis informaos quien hay allí digno, y quedaos allí hasta que salgáis" (Mt.10,9-11). Mediante el desapego podemos ser capaces de liberarnos del deseo dominante de poseer, acaparar y acumular. El deseo de poseer es la raíz del injusto reparto que hacemos de los bienes en la sociedad y ese desigual reparto-acumulación, entre otros motivos, es el causante de los actuales procesos migratorios mundiales.

Su estilo de vida es una invitación para que sus seguidores/as adoptemos un talante similar al suyo, aunque teniendo en cuenta, claro está, las circunstancias actuales. No se trata de "imitar", sino de "vivir" y de recrear los valores que Jesús vivió. Se trata de una invitación a vivir con sencillez y con poco, a ir por la vida "ligeros de equipaje", a estar abiertos a quienes llegan a nosotros.

"Seguir a Jesús pide desarrollar la acogida. No vivir con mentalidad de secta. No excluir ni excomulgar. Hacer nuestro el proyecto integrador e incluyente de Jesús. Derribar fronteras y construir puentes. Eliminar la discriminación"

Jesús, aproximación histórica de José A. Pagola.

 

Esteban Tabares

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