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NEHEMÍAS 8, 2-6 / CORINTIOS 12, 12-30

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Domingo 3º del Tiempo ordinario


NEHEMÍAS 8, 2-6

En aquellos días, Esdras, el sacerdote, trajo el Libro a la asamblea de hombres y mujeres y de todos los que podían comprender. Era el día primero del mes séptimo. Leyó el libro en la plaza que hay ante la puerta del agua, desde el amanecer hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de los que podían comprender; y todo el pueblo estaba atento al Libro de la Ley.

Esdras, el sacerdote, estaba de pie sobre un estrado de madera que habían hecho para el caso. Esdras abrió el libro a la vista de todos, pues los dominaba a todos, y, cuando lo abrió, el pueblo entero se puso en pie. Esdras pronunció la bendición del Señor Dios grande, y el pueblo entero, alzando las manos, respondió: "Amén, Amén"; se inclinó y se postró rostro a tierra ante el Señor. Los levitas leían el libro de la Ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieran la lectura.

Nehemías el gobernador, Esdras el sacerdote y letrado y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero: "Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: no hagáis duelo ni lloréis" - porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley -.

Y añadieron: "Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene preparado, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo del Señor es nuestra fortaleza". El pueblo se fue, comió, bebió, envió porciones y organizó una gran fiesta, porque había comprendido lo que le habían explicado.

Este libro es uno de los últimos "libros históricos" del antiguo testamento. Los sucesos que narra se desarrollaron hacia el año 430 a.C. El pueblo ha vuelto del destierro de Babilonia. Su situación económica y política es miserable. La fe del pueblo se ha resentido: no se ven por ninguna parte las Promesas del Señor. Se cumple mal la Ley, se confraterniza con ritos y creencias paganas. En este contexto se produce la labor del gobernador Nehemías y el sacerdote Esdras, que intentan resucitar el antiguo espíritu y hacer que el pueblo vuelva a ser el pueblo de Alianza.

El texto que hoy leemos presenta uno de los momentos más inolvidables de este período. El pueblo entero de Jerusalén, reunido en la plaza, escucha atentamente la proclamación de la ley de Moisés. El pueblo llora, acordándose de la grandeza antigua de Israel y Judá, y viendo el lamentable estado de infidelidad en que están. Los sacerdotes y los levitas animan al pueblo: es un gran día; volvemos a escuchar la ley, como regalo del Señor.

 

CORINTIOS 12, 12-30

Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así también es Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.

Es un hecho que el cuerpo, siendo uno, tiene muchos miembros, pero los miembros, aun siendo muchos forman entre todos un solo cuerpo. Pues también Cristo es así, porque también a todos nosotros, ya seamos judíos o griegos, esclavos o libres, nos bautizaron con el único Espíritu para formar un solo cuerpo, y sobre todos derramaron el único Espíritu.

Y es que tampoco el cuerpo es todo el mismo órgano, sino muchos. Aunque el pie diga: «Como no soy mano, no soy del cuerpo», no por eso deja de serlo. Y aunque la oreja diga: «Como no soy ojo no soy del cuerpo», no por eso deja de serlo. Si todo el cuerpo fuera ojos, ¿cómo podría oír?; si todo el cuerpo fuera oídos, ¿cómo podría oler? Pero, de hecho, Dios estableció en el cuerpo cada uno de los órganos como él quiso. Si todos ellos fueran el mismo órgano, ¿qué cuerpo sería ése?

Pero no, de hecho hay muchos órganos y un solo cuerpo. Además, no puede el ojo decirle a la mano: «No me haces falta», ni la cabeza a los pies: «No me hacéis falta». Al contrario, los miembros que parecen de menos categoría son los más indispensables y los que nos parecen menos dignos los vestimos con más cuidado. Lo menos presentable lo tratamos con más miramiento; lo presentable no lo necesita. Es más, Dios combinó las partes del cuerpo procurando más cuidado a lo que menos valía, igualmente unos de otros. Así, cuando un órgano sufre, todos sufren con él; cuando a uno lo tratan bien, con él se alegran todos. Pues bien, vosotros sois cuerpo de Cristo, y cada uno por su parte es miembro.

Corinto era un puerto extraordinario, el más importante del Mediterráneo oriental juntamente con Alejandría. Una ciudad enorme, cosmopolita y rica. Pablo trabaja en Corinto hacia el año 50. Poco después, hacia el año 55, Pablo está en Éfeso, y le llegan de Corinto malas noticias: se celebra mal la eucaristía y hay disensiones entre diversas facciones cristianas y también rivalidades entre los cristianos. Éste es uno de los motivos de su carta.

Tomando como base esas circunstancias, Pablo se eleva a dar una doctrina muy profunda, en este caso concreto sobre la iglesia y sus carismas. Es habitual en Pablo esta imagen de la Iglesia como un cuerpo: el miembro principal, la cabeza, es Cristo; todos los demás somos miembros de ese cuerpo y Dios nos ha dado cualidades, dones, "carismas", para bien de todo el cuerpo.

Sobre este texto, me parece muy importante caer en la cuenta de su significado preciso. Pablo dice:

"Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así también es Cristo."

Es decir, se trata de una comparación, de una metáfora. Es la misma metáfora que usa Juan cuando habla de la vid y los sarmientos. Algunas veces, olvidando esto, se toma la expresión como concepto teológico y así se habla de "el cuerpo místico de Cristo", como si fuera una realidad misteriosa. Nada de eso: Pablo dice que la iglesia es como un organismo, en el que todas sus partes son necesarias y se interaccionan. En ese organismo, Jesús puede compararse a la sangre, o al corazón... como la savia de la vid, como la cepa... preciosas imágenes si se entienden como imágenes, y delirios de mala teología cuando se entienden como realidades.

 

José Enrique Galarreta, S.J.

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