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JEREMÍAS 1, 4-19 / CORINTIOS 12, 31 y 13, 1-13

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Domingo 4º del Tiempo ordinario


JEREMÍAS 1, 4-19

En los días del rey Josías, recibí esta palabra del Señor:
"Antes de formarte en el vientre, te escogí,
antes de que salieras del seno materno, te consagré.
Te nombré profeta de los gentiles.
Tú, cíñete la cintura, ponte en pie y diles lo que Yo te mando.
No les tengas miedo, que, si no, yo te meteré miedo de ellos.
Mira, yo te convierto hoy en plaza fuerte
en columna de hierro, en muralla de bronce frente a todo el país;
frente a los reyes y a los príncipes de Judá.
frente a los sacerdotes y la gente del campo.
Lucharán contra ti, pero no te podrán,.
porque yo estoy contigo para librarte.
Oráculo del Señor.

Se trata del principio del libro. Es "la vocación del Profeta". Jeremías es el caso más espectacular del "profeta a la fuerza". Hombre de natural bondadoso, se ve obligado por la Palabra de Dios a pronunciarse violentamente contra las maldades del pueblo y de sus jefes, a anunciarles el desastre final a manos de los reyes de Babilonia. Por esto, será rechazado, tenido por enemigo del estado, perseguido, torturado. Su relación con Dios es profunda, personal, íntima, lo que le da una tremenda fortaleza en tantas adversidades.


CORINTIOS 12, 31 y 13, 1-13

Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a enseñar un camino mejor. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. Ya podría tener el don de la predicción y conocer todos los secretos y todo el saber; podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor no soy nada. Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia, el amor no presume ni se engríe, no es mal educado ni egoísta, no se irrita, no lleva cuentas del mal, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites.

El amor no pasa nunca. ¿El don de predicar? Se acabará. ¿El don de lenguas? Enmudecerá. ¿El saber? Se acabará. Porque inmaduro es nuestro saber e inmaduro nuestro predicar. Pero cuando venga la madurez. lo inmaduro se acabará.

Cuando yo era niño, hablaba como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice hombre acabé con las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo de adivinar; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora inmaduro; entonces podré conocer como Dios me conoce.

En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.

Es uno de los párrafos más famosos de san Pablo. En los domingos anteriores hemos visto cómo, a propósito de las disensiones entre los Corintios y de lo mal que celebraban la Eucaristía, Pablo hablaba de la unidad de todo el cuerpo, y de la función de cada uno para todo el cuerpo. En el párrafo de hoy llega a la cumbre de esta exposición: hay un carisma básico, el amor; éste sí que es el carisma de todos, sin el cual todos los demás no tienen valor alguno.

Diferenciamos dos niveles claros en esta exposición: en primer lugar, la descripción del amor, sus características, por otra parte, tan lograda; pero, sobre todo, la teología del amor, que enlaza este texto con las cartas de Juan: se trata de que el amor es la realidad definitiva, la que explica la creación, la liberación... la que explica a Dios, la que quedará para siempre, cuando todo lo provisional haya terminado.

En la Iglesia hemos aplicado este texto al amor humano, al matrimonio... y está muy bien. Pero es apasionante aplicarlo a Dios: recitar esa descripción del amor - comprensivo, servicial, que no se irrita, no lleva cuentas del mal, que disculpa sin límites, cree sin límites- al amor que nuestro Padre nos tiene.

 

José Enrique Galarreta, S.J.

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