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¿ESTAMOS EN BUENAS MANOS?

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La última edición de "Jesús, aproximación histórica", de J.A. Pagola ha sido retirada de las librerías por su propia editorial (PPC, del grupo SM).

El libro, en su primera edición, suscitó condenas del entonces obispo de Tarazona, Demetrio Fernández, y del director del secretariado de la comisión episcopal para la doctrina de la fe, José Rico.

El entonces obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, pidió a Pagola que introdujera en el libro una serie de correcciones, cosa que hizo el autor. El nuevo texto fue sometido a examen de una comisión cualificada, formada por dos teólogos y un obispo-teólogo.

Lo que no se ha publicado es que dicho texto fue enviado a Roma y analizado por miembros (del más alto nivel, aunque permítaseme no citar sus nombres) de la Congregación para la doctrina de la Fe, que informó a Uriarte de que no había nada reprochable en el libro.

Con todos estos avales, Uriarte concedió el Nihil Obstat (fórmula eclesiástica requerida para los libros religiosos que significa "no hay inconveniente" o "nada se opone").

Ahora, alguien vuelve a la carga. Está claro quiénes son ese alguien, aunque se esconda, y cuáles son los motivos de la retirada, pero me parece necesario reflexionar sobre algunos temas de fondo.

Primero: ¿cuáles son los "errores doctrinales" del libro? Las críticas de los condenadores arriba citados se limitan a hablar de "arrianismo", "un Jesús irreconocible que no es el de la Iglesia" y expresiones semejantes. Pues bien, no es suficiente. Los fieles cristianos queremos saber cuáles son los errores en concreto. No bastan acusaciones genéricas, necesitamos saber qué es exactamente lo equivocado del libro, con precisión, con argumentación. Tenemos derecho a saberlo, porque va en ello nuestra fe.

En segundo lugar, los fieles cristianos necesitamos fiarnos de nuestros pastores. Que un libro sea aprobado por un obispo, refrendado por un equipo de teólogos (incluso del entorno de la Santa Sede) y a la vez denostado y retirado por otros (se supone que serán obispos también, aunque se esconden) produce un fuerte desconcierto y fomenta una falla grave en nuestra confianza en la jerarquía.

Y no es la primera vez, muy especialmente por los métodos que se utilizan. Los mismos métodos que se han utilizado con José Arregi, y semejantes a los que se empezaron a utilizar con otros teólogos. Vagas acusaciones, docenas de dificultades prácticas, hacer la vida imposible... sin que el acusado tenga posibilidades de defensa ni el pueblo fiel pueda enterarse con precisión del contenido de lo que se discute.

Recuerdo la pretendida condena de Jon Sobrino, hace ya un par de años, cuando el cardenal del Salvador anunció a bombo y platillo que sería condenado y retirado de la docencia en quince días y todo se redujo a un escrito suavísimo de Roma en que se le advertía amistosamente de algunos peligros de sus escritos. Todos sacamos la conclusión de que el cardenal iba a por Jon y en Roma le pararon los pies.

Y nos preguntamos: ¿quién hay más papista que el papa, más ortodoxo que la Congregación para la doctrina de la fe, más tortuoso en sus métodos que cualquier diplomacia sin escrúpulos?

Los fieles cristianos necesitamos claridad, honradez, unidad de criterio de nuestros pastores. Necesitamos enterarnos por fuentes autorizadas que digan siempre la verdad. Y cuando falta todo eso, no nos sentimos en buenas manos.

 

José Enrique Galarreta

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