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JOSUÉ 5, 9-12 / 2 CORINTIOS 5, 17-21

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Domingo 4º de Cuaresma

La Eucaristía de hoy se centra en la plenitud del mensaje. Ya conocemos a Dios, ya estamos en la Tierra Prometida, ya pasó lo viejo y estamos en lo nuevo. Es la Buena Noticia, y la invitación urgente: "Ven a la casa de tu Padre".

 

JOSUÉ 5, 9-12

Y dijo Yahveh a Josué: « Hoy os he quitado de encima el oprobio de Egipto. » Por eso se llamó aquel lugar Guilgal, hasta el día de hoy. Los israelitas acamparon en Guilgal y celebraron allí la Pascua el día catorce del mes, a la tarde, en los llanos de Jericó. Al día siguiente de la Pascua comieron ya de los productos del país: panes ázimos y espigas tostadas, ese mismo día. Y el maná cesó desde el día siguiente, en que empezaron a comer los productos del país. Los israelitas no tuvieron en adelante maná, y se alimentaron ya aquel año de los productos de la tierra de Canaán.

Es un texto en que "termina" la peregrinación de Israel, los "cuarenta" años de desierto. Están en la patria, en la "tierra que mana leche y miel", celebrando el Banquete de Alianza con Dios en la Tierra prometida.

 

2 CORINTIOS 5, 17-21

El que es de Cristo es una creatura nueva: lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.

Todo esto viene de Dios que, por medio de Cristo, nos ha reconciliado consigo y nos ha encargado el servicio de reconciliar. Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando el mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado el mensaje de la reconciliación.

Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.

Al que no había pecado, Dios le hizo pecado (le trató como pecador) por nosotros para que nosotros, unidos a él, recibamos la salvación de Dios.

Así es nuestra vida. Estamos en el Reino. Pasó lo viejo, el temor a Dios, el desconocimiento de qué es vivir, el cumplimiento de la Ley por premios y castigos. Dios no toma en cuenta nuestras transgresiones, sino que pone a nuestra disposición su Palabra, Jesús. Por Él encontramos la reconciliación con Dios.

En esto hemos conocido el amor que Dios nos tiene: en que a su mismo Hijo le "hizo pecado" por nosotros. Nos fuimos tras falsos dioses, ahora volvemos al Padre, volvemos a encontrarlo. No se reconcilia Él con nosotros, sino que nosotros nos volvemos a encontrar con Él.

Por tanto, somos embajadores de Cristo, somos portadores de la Buena Noticia: que si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros? Que si Dios es el abogado defensor ¿ quién será el juez? Por tanto, vivamos en la Vida Nueva, como ciudadanos del cielo, como mensajeros del Reino.

 

José Enrique Galarreta, S.J.

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