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LA ORACIÓN DE JESÚS

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Amigas, amigos.

La oración es una de las manifestaciones fundamentales de la fe. Es una de las maneras más importantes de "practicar" a Dios. Se puede orar de muchas formas, "rezando" o sin "rezar", pero no hay fe sin oración, del mismo modo que no existe relación sin manifestación, o amistad sin expresión. Somos cuerpo cuando nos amamos. Somos cuerpo cuando Dios nos ama y acogemos su amor.

La oración es la manifestación de la relación con Dios: es expresar de algún modo a Dios la admiración, la queja, el agradecimiento, la confianza y todos los sentimientos. Es estar atento a la voz silenciosa de Dios. Es sumergirse en la presencia bendita y oculta de Dios. Es "estar" sin más con Dios o en Dios...

Jesús sabía de todo eso. Jesús oró. No vivió dedicado a la "meditación" y a la "contemplación" en un monasterio. En realidad, los judíos nunca han sido muy dados a la práctica de la oración meditativa monástica, a diferencia de los monjes hindúes, budistas y, más tarde, los monjes cristianos. Pero, como todo judío, Jesús rezaba cinco veces al día, y también antes y después de cada comida, y los sábados en la sinagoga, etc. Pero además de eso, una y otra vez se señala en los evangelios ¾especialmente en Lucas¾ que Jesús "oraba".

En los puntos siguientes recojo los pasajes más claros a este respecto, y señalo los rasgos principales de la oración de Jesús.

Orar en todo momento y en toda circunstancia

El evangelio de Lucas afirma que Jesús oró en todos los momentos decisivos de su vida:

· Jesús aparece en oración en el momento del bautismo: mientras está en oración, se abre el cielo, desciende el Espíritu y se oye la voz del cielo (Lc 3,21)

· Jesús ora en plena actividad evangelizadora: cuando las muchedumbres acudían a él a escucharlo y a que los curara, Jesús se retiraba a lugares apartados para orar (Lc 5,16; cf. Mc 1,35);

· Jesús ora en vísperas de la elección de los Doce: Jesús se fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios (Lc 6,12)

· Jesús ora cuando se pregunta quién es y dirige esta pregunta a sus discípulos: orando en soledad, pregunta a sus discípulos quién creen que es él, y Pedro hace su confesión: "Tú eres el Mesías de Dios" (Lc 9,18)

· Jesús ora en la escena de la transfiguración: ésta tiene lugar estando Jesús en oración en la montaña (Lc 9,28-29)

· Jesús ora cuando enseña a orar: los discípulos piden a Jesús que les enseñe a orar estando él en oración en cierto lugar, y él les enseña el Padrenuestro (Lc 11,1)

· En la Pasión, Jesús ora por Pedro (Lc 22,31)

· En el angustioso trance de Getsemaní, Jesús ora e invita por tres veces a sus discípulos a orar (Lc 22,39-46)

· También en la Cruz, ora al Padre en favor de sus verdugos (Lc 23,34) y confiando su vida en manos del Padre (Lc 23,46).

Es decir, Jesús convirtió toda su vida en oración. Simplemente, ora desde la vida y con la vida. Y por eso mismo, porque convertía toda la vida en oración, sabía tomarse unos tiempos y unos lugares para la oración.

De todos modos, los tiempos y los lugares no son para él lo principal. La oración es, antes que nada, un clima vital. Jesús vive una vida tocada por Dios, profundamente fundada en Dios, y eso es lo que manifiesta en su oración. Todas sus oraciones son expresión de ello, pues la oración consiste en eso: en expresar la vida en su hondura.

La oración de Jesús consistía en vivir "ante Dios y con Dios" todo lo que vivía. En eso debiera consistir nuestra oración.

Orar de corazón, con sentimiento

En su oración, Jesús vuelca su corazón, todos sus sentimientos:

· La alegría porque Dios es el Dios de la gente sencilla (Lc 10,21);

· La angustia del terrible destino que le amenaza: "Siento una tristeza mortal" (Mc 14,32-42; Heb 5,7), o la angustia de sentirse abandonado por Dios (Mc 15,34);

· La necesidad y el menester (el Padrenuestro);

· La profunda certeza de que todo le viene de Dios (el Padrenuestro);

· La confianza plena en que, pase lo que le pase, está en manos del Padre: "Padre, en tus manos encomiendo mi vida" (Lc 23,46).

Dios no es una idea, ni una ley, ni una trascendencia difusa y muda, sino un Padre que le toca el corazón y le llena de confianza.

Orar de corazón y en verdad

Jesús ora de corazón y en verdad, y enseña a orar así.

· De corazón y en verdad, no ante todo de palabra, hablando mucho, como si Dios sufriera de sordera o no supiera de nosotros (Mt 6,7-8).

· En verdad y con hechos, no sólo de palabra, como si bastara con decir "Señor, Señor" (Mt 7,21).

· En autenticidad y en misericordia, no en apariencia, ni sirviéndose de la oración para devorar más fácilmente los bienes de las viudas (Mc 12,38-40).

Orar con sencillez, humildad, confianza

La oración es para Jesús una cosa simple, sencilla. No hacen falta métodos y fórmulas complicadas: "Tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto" (Mt 6,6). Déjate llevar por el corazón.

La oración tiene que ser humilde: no como la del fariseo, sino como la del publicano (Lc 18,13).

Y, antes de nada, la oración ha de ser expresión de una confianza sencilla.

 

José Arregi


Para orar.

DIOS QUE HAS DE VENIR


Mira, otra vez es adviento en el año de tu Iglesia, Dios mío.

Otra vez rezamos las oraciones de la expectación y de la constancia,

los cantos de la esperanza y de la promesa.

 

Y otra vez toda miseria y toda expectación y todo aguardar lleno de fe

se aglomeran en la palabra: "Ven".

 

Extraña oración: Ya has venido,

pusiste tu tienda de campaña entre nosotros,

has participado de nuestra vida con sus pequeñas alegrías,

con su larga rutina y su amargo fin.

 

¿Podíamos invitarte con nuestro "ven" a algo más que eso?

Penetraste tanto en nuestra vulgaridad

que ya casi no te podemos distinguir de los demás hombres.

 

Dios, que te llamaste hijo del hombre,

¿podías acercarte más a nosotros mediante tu venida?

Y, sin embargo, oramos: ven.

Y esta palabra nos sale del corazón

como en otro tiempo a los patriarcas, reyes y profetas

que veían tu día solamente desde lejos y lo bendecían

 

K. Rahner

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