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7º DOMINGO DE PASCUA: LA ASCENSIÓN

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Hermanos y hermanas, a menudo los seguidores de Jesús somos acusados de poner nuestros ojos en el cielo y olvidarnos de la tierra. Oremos.

Que nuestra fe sea encarnada.

• Soñamos con una Iglesia, comunidad de Jesús, que se siente cada día enviada a las periferias de nuestras ciudades, a las Galileas de tantas vidas rotas y ahí ser presencia y Buena Noticia.

Que nuestra fe sea encarnada.

• Deseamos que nuestras comunidades parroquiales y religiosas sean trocitos de cielo en la tierra, pequeños oasis de una humanidad renovada y alimentada por la fuerza del Espíritu.

Que nuestra fe sea encarnada.

• Confesamos a Jesús de Nazaret cuando somos semilla sembrada en la tierra de los pobres, excluidos, enfermos, refugiados, amenazados y contagiamos los valores del Reino.

Que nuestra fe sea encarnada.

• Denunciamos toda situación de injusticia, mentira, odio, violencia cada vez que somos cauce de alegría, reconciliación, verdad, dignidad, delicadeza y amor.

Que nuestra fe sea encarnada.

• Anunciamos un seguimiento de Jesús encarnado, siendo sal y luz aquí y ahora, en lo de cada día, sin aspavientos, amasando con delicadeza las relaciones, mirando el mundo con la mirada del Amor.

Que nuestra fe sea encarnada.

Padre Madre buena, que todos nosotros y nosotras nos tomemos muy en serio vivir remando a favor del Reino, que seamos en todo tiempo y lugar Buena Noticia. Gracias por Jesús que inició el camino del Reino.

 

Vicky Irigaray

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