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UNA NUEVA MIRADA AL CASO JUDAS

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Para quien hace una lectura atenta y profunda del Evangelio sólo hay una definición aceptable de Judas: el amigo de Jesús. Judas no es sino una pequeña muestra de todas las Traiciones, incoherencias, contradicciones, que por generaciones llevamos los cristianos a las espaldas. Jesús en el mismo momento en que Judas ejecuta su traición por medio de una de las señales más sagradas del amor, el beso, saca del vocabulario de su propio corazón un solo nombre: el nombre de ¡amigo! Dios no es legalista porque elige una relación de amor que es la única que nunca ha sido legalizada. Todas las otras sí lo son: relación de socios, laboral o contractual, también entre padres e hijos, relación matrimonial, de dueño y mascota, de religión y creyentes, etc., pero no la de amistad.

No me escandalizo de que Jesús haya llamado a Judas con el nombre de amigo. Incluso es algo que me llena de alegría. Porque ese mismo nombre me corresponde a mí en todo derecho. Porque yo también he aprendido a traicionarle mil veces.

No era necesario para nuestra salvación lo que Judas hizo, seguramente teniendo grandes razones en su cabeza, y de esa manera crucificaran a Jesús y nos salvara. ¡¡No!! No nos salva la crucifixión que fue un asesinato, ni nos salva la muerte de Jesús, sino que nos salva la Vida de Jesús entregada hasta la muerte. Y dicha entrega se verifica en una donación en relación. Si la unidad de cada uno con Dios y la unidad entre nosotros no nos lidera, habrá traición. Cuidar nuestra salvación es cuidar la relación, para que nadie esté deshabitado del amor. Judas Iscariote fue el único judío entre los 12 discípulos que Jesús eligió (el resto eran galileos) y por ello, poseía ideas religiosas más enraizadas y un gran apego a las concepciones tradicionales del Mesías, que era esperado en la forma de un profeta, de un gran sacerdote, de un líder revolucionario o de un rey que derrotaría a los invasores. Judas es cautivado por la figura de Jesús, pero cuando éste se presenta como hijo de Dios, debió sufrir un gran impacto y una terrible decepción. Judas era un hombre idealista. Siguió al Maestro porque, al igual que los otros apóstoles, pensó que los iba a sacar de la opresión. Para seguir a Jesús no hay que ser idealista, religioso pesimista u optimista, o un fanático de las propias creencias, sino que hay que ser realista como ser humano. Jesús se había escabullido varias veces cuando intentaron capturarlo. Quizá Judas pensó que Jesús escaparía otra vez o que por fin se presentaría la oportunidad de presionarlo a manifestarse de manera portentosa. Judas creía en Jesús como emancipador del pueblo a la manera zelota, pero no le calzaba lo que Jesús afirmaba en cuanto al amor a los enemigos, poner la otra mejilla y orar por quienes les perseguían. Todo ello significaba un cambio en la manera de ver la realidad y los acontecimientos que, por lo visto, Judas no pudo asimilar.

Se podría sostener que Judas haya sido parte del grupo de los sicarios y de ahí su epíteto Iscariote. Y como todo es creencia en esta vida o las creencias nos gobiernan, podríamos pensar que el hecho de crecer con el nombre Judas, en ese tiempo evocaría al líder revolucionario y legendario Judas Macabeo; igualmente iscariote refería a un miembro de los Sicarii o un grupo de rebeldes judíos que eran conocidos por cometer actos de terrorismo asesinando personas entre las multitudes escondiendo dagas bajo sus capas (aunque hay que decir que muchos ubican el comienzo de los sicarios el año 40dc, lo cual, no coincidiría al menos con la fecha de reconocimiento histórico oficial de la existencia de los sicarii, pero sabemos que todo grupo tiene sus vivencias desde mucho antes de ser reconocidos por un nombre más específico). Con esas creencias en la consciencia de Judas, podemos percibir sin justificarlo, que su relación con Jesús era concebida principalmente desde su creencia o mentalidad revolucionaria y política, donde la metanoia o cambio de mentalidad que Jesús pedía casi como condición sine qua non, no fue alcanzada por Judas.

Jesús lo había elegido como el ecónomo o administrador económico del grupo de los Doce, por lo cual, suponemos había una gran confianza y conocimiento entre ellos (Jn. 13,29). Pero también quien ha tenido una experiencia administrativa o de recolectar dinero, sabe que va perdiendo continuidad en los procesos y, por tanto, efectividad. También tienen la vivencia de estar en entredicho por quienes hacen parte en dicho proceso. Eso implica que tal vez judas, no estaba tan disponible en la formación que requería de su rabbí o maestro. Tiendo a pensar que Judas fue el primer apóstol que tomó consciencia de quién era verdaderamente Jesús, y lo hizo sin la luz, entendimiento y paz de un Pentecostés, por ello, quizá se desesperó, se halló sin salida, para él mismo y para Jesús, y terminó suicidándose. Dejó sin salida al que es la Vida Misma y se quitó la vida. Tal vez, la estrategia política y revolucionaria de Judas era que apresaran a Jesús, ya que posteriormente de su recibimiento triunfante en Jerusalén, Jesús se echó al poder económico y religioso encima, y perdió el apoyo que tenía incluso de muchos del pueblo que después gritarán, crucifícalo. De hecho, cuando lo apresaron hubo una turba o muchedumbre enardecida con espadas y palos (Mc. 14,43b). Para la mentalidad de Judas, si Jesús estuviese recluido, sería más fácil reincentivar y reinsertar luego de un tiempo menos tempestuoso, su imagen y figura ante el pueblo como un revolucionario, un héroe de verdad y como el mesías libertador de los opresores. La misma gente presionaría su liberación. Por ello, al arrestarlo debían de cuidar de su seguridad y protegerlo de la turba. Quizá así lo entendió, cuando en la última cena Jesús le dijo: “lo que vas a hacer, hazlo pronto” (Jn. 13,27). Y así se explicaría también el indicar con un beso a Jesús para que lo tomaran preso: “Amigo, ¿a qué vienes?” (Mt. 26, 50a). Como observamos Jesús lo llama amigo y le dice “¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?” (Lc. 22,48). Algo ocurría, no es una mera traición, sino que hay una razón oculta en el contexto de Judas. Ciertamente era costumbre de la época que al Rabbí o Maestro se le saludaba con un beso, pero Judas le da un beso con ternura; así queda consignado en el evangelio más antiguo (Mc. 14,45b).

Judas no tenía la intención de que Jesús muriera. No creyó que eso fuera a ocurrir, pero al ver lo que había provocado, sufrió grandes y terribles remordimientos. En realidad, era Judas quien había sido traicionado por el poder religioso, que manipuló el fanatismo revolucionario de Judas, para eliminar a Jesús. Por ello, cuando toma consciencia de que Jesús era realmente el mesías (ya no como mesías político, sino según el siervo sufriente de Is.53), fue a arrojarles de vuelta las 30 monedas de plata (unos 1.200 dólares en la actualidad) a los sacerdotes en el Templo (Mt. 27,5). Notemos que el original dice habitación divina. No sabemos si fue la habitación del Kodesh haKodashim o Apartado de apartados, o "Sanctasanctórum" y "Santo de los Santos", lo cual, representaría un desprecio y rabia directamente hacia el fanatismo religioso traidor que se aprovechó del fanatismo revolucionario de Judas. Ello no implicaría un desprecio a Dios o a lo divino, pues, ya medio milenio antes no se podía decir el nombre de Dios en el Sanctasanctórum, pues, los babilónicos al destruir el primer Templo, habían destruido el Kodesh haKodashim y asesinado al sumo sacerdote que tenía el secreto de saber cómo decir el Nombre.

Judas prefirió entregar a Jesús al poder religioso creyendo que sólo lo arrestaría, jamás que lo eliminaría. El poder religioso traicionó a Dios y a Judas. Caifás sabía de las profecías de Isaías 53 reveladas 760 años antes, pero no le convenía ese mesianismo del siervo de YHWH. Esa invención y ambición humana de tener un poder sagrado, ese fanatismo, le hizo decidir no querer ver. La misma especie de fanatismo, pero romano, que después destruirá dicho "Sanctasanctórum" el año 70dc, sin haber mediado una orden oficial e imperial para hacerlo. Y es que todo fanatismo es el escenario para que la ceguera de la traición tome protagonismo. La misma mentalidad y los mismos actos libres de la voluntad de Judas fueron determinando su decisión final, incluso su forma de muerte. La misma ley judía declaraba maldito a quien muriera colgado, con lo cual, el suicidio era sólo la última y más irremediable de toda una serie de decisiones tomadas por Judas. Hay dos versiones en la biblia de cómo murió Judas: que se suicidó ahorcándose (no dice ni dónde ni cómo, Mt. 27,5); y una más atroz que dice, que con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron (Hechos 1, 17-18). Hay que decir que tal vez, se ha elegido en la tradición, la predicación del ahorcamiento, lo cual, hace de Judas un maldito y traidor. Quizá se dejó de lado la versión del libro de los Hechos por ser muy cruenta, pero accidental.

Lo que le dolió a Judas no fue la posibilidad de perder el paraíso, según la religión, sino haber perdido la voz de su amigo y Maestro, la voz de Jesús de Nazaret. La muerte nos despoja de todo. Pero nos llevamos el amor que pusimos y dejamos el amor que dimos. Siempre le damos a Dios tan poco, pero Él sabe que en ese poco estuvo todo nuestro ser. Dios sabe que no lo amamos a su altura, pero que lo amamos como pudimos y entendimos el amor. Dios ama con nuestro amor, y como lo damos mientras caminamos hacia su Misericordia. Él es tan comprensivo, que se anticipa a nuestros contextos, y nos perdona, no después de un proceso largo, sino estando sufriendo lo que le hicimos: perdónalos porque no saben lo que hacen (Lc. 23,34).

La Gratuidad tiene la última palabra y la muerte, aunque sea un suicidio o una horrible caída, tiene sólo la penúltima palabra. Mi pensar es que Judas, después de su muerte pudo otra vez besar tiernamente al Resucitado y decirle a su oído: Amigo, sólo tú Eres Alguien para siempre.

 

Gabriel Cifermann

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