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RECONOZCO ANTE TI, SEÑOR

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Reconozco ante Ti, Señor, que no me gusta nada la pobreza, ni la austeridad, ni el dolor.

Reconozco ante ti, Señor, que no soy amable, no-violento, comprensivo, cordial, servicial... que no me sale de dentro, que prefiero juzgar, imponer justicia, exigir.

Reconozco ante Ti, Señor, que no miro a la gente con tus ojos. Tú miras a alguien y, primero, le quieres. Conozco gente así: primero querer, luego conocer. Son gente que te hacen ser mejor. Son de corazón limpio, no juzgan, acogen. Reconozco que mi corazón no es como tu corazón.

Reconozco ante Ti, Señor, que apenas lucho por la justicia, que prefiero reservarme, que no pienso que son míos los problemas de los demás

Reconozco ante Ti, Señor, que no perdono como Tú me perdonas, que llevo cuentas del mal, que creo tener experiencia de la vida cuanto menos me fío de los demás.

Reconozco ante Ti, Señor, que no estoy deseoso de que venga tu Reino, que me gusta este reino mío, que me gustaría prolongar esta apariencia con sus comodidades y sus compensaciones... Tu Reino me queda lejos y apenas trabajo por él.

Reconozco te Ti, Señor, que no deseo de corazón que se haga Tu Voluntad, aunque lo rezo así muchas veces. Prefiero que Tú me ayudes para que se cumpla mi voluntad. Me creo más listo que Tú y creo que sé lo que me conviene, mejor que Tú.

Reconozco ante Ti, Señor, que necesito convertirme, que me conviertas, que me des la vuelta, que cambies mi corazón, que me des luz. Me reconozco pobre ante Ti, niño pequeño que necesita de Ti, mi Madre.

 

José Enrique Galarreta


Perdón por la falta de pluralidad

En algunas de nuestras intervenciones en comunidad expresamos las ideas de forma que más que una opinión personal parecen afirmaciones dogmáticas que quieren ser válidas para todos.

Por las veces que incurrimos en ese tipo de dogmatismos, pidámosle perdón a Dios y a los hermanos.

Pedimos perdón

En sentido contrario, hay ocasiones en las que no estamos de acuerdo con las ideas o tendencias que se dicen pero no declaramos nuestra posición distinta, dejando de explicitar una pluralidad siempre enriquecedora.

Por tales omisiones, pidámosle perdón a Dios y a los hermanos.

Pedimos perdón

Como comunidad, no tenemos el síndrome de creernos pueblo elegido pero no es menos cierto que, en ocasiones, corremos el riesgo de pensar o parecer pensar que somos los que estamos en posesión de la verdad indiscutible.

Por cuantas veces hayamos caído en esa tentación exclusivista, pidámosle perdón a Dios y a los hermanos.

Pedimos perdón


CELEBRANDO LA CENA DEL SEÑOR

Por nuestros errores e insuficiencias al celebrar la Eucaristía, pedimos perdón al Señor y a todos los hermanos, porque, aunque hemos superado el móvil del precepto 'bajo pecado', con frecuencia acudimos a celebrar nuestra Eucaristía como quien va a 'oír misa', con poca motivación, a impulsos de la costumbre y resistentes a cualquier implicación personal...

Confesamos nuestra debilidad e inconsciencia.

Nos sentimos libres de prescripciones legalistas, pero sabemos que queda mucho ritual en nuestras maltrechas conciencias; no alcanzamos la libertad y la fuerza del espíritu para actualizar la cena del Señor de modo alegre y festivo, como una Pascua. Porque la influencia de la tradición del sacrificio nos pesa demasiado frente a la del banquete del Reino...

Necesitamos ojos nuevos y un corazón nuevo.

Porque, al celebrar la Eucaristía que hace presente a Jesús en nuestras vidas, traicionamos con frecuencia su encargo de "Haced esto en memoria mía", conformándonos con repetir lo que Jesús dijo y no tanto con lo que Jesús hizo con su vida...

Reconocemos el abismo que ponemos entre la luz de la Palabra y la realidad de nuestros actos.

Al celebrar la memoria de Jesús, compartiendo mesa y mantel, anunciamos que la Eucaristía es un símbolo del sueño de Dios para toda la Humanidad, una sociedad del compartir, la pertenencia a una familia común, es decir, el Reino de Dios. Pero olvidamos con frecuencia que los primeros con quienes hay que compartir son, como dice el evangelio, "los pobres, los lisiados, los ciegos y los cojos"...

Reconocemos nuestra necesidad de reconciliación con los pobres de este mundo

Sabemos que la presencia de Jesús en la Eucaristía nos compromete a crear raíces y estructuras de solidaridad para hacer efectivo el reparto del pan y del vino a todos los que no tienen qué comer o qué beber, con qué vestirse, en qué creer y esperar... Ante las resistencias que ofrecemos frente a ese compromiso,

Que el Señor disipe nuestra ceguera y ablande nuestro corazón.

Esta expresión de fragilidad y de reconocimiento de nuestros errores cuenta siempre con la seguridad del Amor del Padre que nos acoge y nos perdona. Así lo harán también nuestros hermanos si nosotros damos pasos sinceros en el camino de conversión al Reino de Dios.

 

EL SERVICIO COMO ACTITUD PERSONAL

Estamos inmersos en una sociedad donde los valores que imperan son el poder, el prestigio, la riqueza material y donde tantas veces nos falta el servicio como actitud personal. Por ello pedimos perdón:

Porque muchas veces somos símbolo del tener y no del ser,

PERDÓN, SEÑOR.

Por la falta de disponibilidad en el servicio a los que tenemos más cerca,

PERDON, SEÑOR.

Porque en muchas ocasiones nuestras actividades profesionales van sólo encaminadas al lucro personal y no las dirigimos al servicio a los demás,

PERDÓN, SEÑOR

Por las veces que ignoramos a los que se cruzan con nosotros, e incluso a los que nos piden ayuda,

PERDÓN, SEÑOR.

Te pedimos, Señor, que estas actitudes, que poco tienen que ver con las que tú nos enseñaste, se vayan tornando en actitudes personales de servicio, de manera que seamos capaces de mostrar nuestra disponibilidad y apertura a todos.

 

SALVACIÓN UNIVERSAL

Tú, Señor, quieres que todos participemos de tu salvación. Sin embargo nuestra sociedad, denominada cristiana, pretende la exclusividad en la salvación. Por ello pedimos perdón:

Porque muchas veces nos consideramos el pueblo elegido, los escogidos para la salvación,

PERDÓN, SEÑOR.

Por la falta de consideración que a veces tenemos con quienes no comparten nuestras creencias,

PERDON, SEÑOR.

Por las veces que nos creamos una salvación a nuestra medida e incluso pretendemos imponérsela a los demás, eso sí, por su bien,

PERDÓN, SEÑOR.

Por las veces que ignoramos a los hermanos y pensamos que la salvación es un mero acto de magia,

PERDÓN, SEÑOR

Porque en muchas ocasiones dudamos de tu promesa de salvación universal,

PERDÓN, SEÑOR

Te pedimos Señor que estas actitudes que poco tienen que ver con las que tú nos enseñaste, se vayan tornando en actitudes personales acordes con tu salvación, de manera que seamos capaces de incluirnos en tus planes de salvación.

 

PERDONANDO POSIBLES OFENSAS

 

"Y cuando estéis de pie orando,

perdonad si tenéis algo contra alguien,

para que también vuestro Padre del cielo

os perdone vuestras faltas".


(Es palabra de Jesús, en el evangelio de Marcos, 11, 25)

 

Perdona nuestras ofensas

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

 

Reconocemos, Señor, nuestras debilidades, nuestros egoísmos,

nuestras faltas de responsabilidad.

 

Reconocemos la mucha distancia que media

entre lo que sabemos que deberíamos hacer por los demás

y lo que realmente hacemos por ellos.

No tenemos excusa de ignorancia.

 

Reconocemos que con todo ello

estamos ofendiendo a nuestros hermanos.

Lo sentimos, Señor. Y desde aquí les pedimos perdón.

 

Sabemos que te duelen todos tus hijos,

que cualquier ofensa al más pequeño de ellos, o al más malvado,

es como ofenderte a ti.

 

Perdona, Señor, nuestras ofensas

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

 

Queremos perdonar a todos, tanto a los más allegados,

como a los que pudiéramos considerar enemigos.

 

Te hacemos testigo, Señor, de que les perdonamos de corazón,

no sólo de palabra.

 

No queremos quejarnos de lo que otros hayan podido hacernos,

de eso queremos olvidarnos.

No queremos guardar rencor a nadie.

 

No querríamos sentirnos ofendidos por nadie,

tanto si es un desconocido como si es nuestra propia gente.

Deseamos restarle importancia a lo que pudieran habernos hecho.

 

Gracias, Padre Dios, porque sabemos que contamos con tu perdón.

Y esperamos que nuestros hermanos quieran perdonarnos,

como nosotros perdonamos desde ahora

a cuantos pudieran ofendernos.

 

OOOOOOOOO

 

SEÑOR, TEN PIEDAD DE NOSOTROS


Señor, ten piedad de nosotros.

 

Señor, ten piedad de nosotros.

Y ten piedad también de los pobres, de los marginados,

de los hambrientos que nos rodean.

Cura, Señor, nuestra ceguera.

Queremos que dejen de ser invisibles para nosotros.

 

Cristo, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Y ten piedad también de los enfermos sin remedio,

de los que sufren sin consuelo,

de los que mueren a diario violentamente.

Descúbrenos, Señor, que todos ellos son familia nuestra.

No queremos que nadie se sienta abandonado.

 

Señor, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Y ten piedad de los pueblos desesperados que ansían nuestras migajas.

Queremos solucionar sus problemas, que son también nuestros.

Empújanos a salir de nuestro mundo, tan cómodo como irreal,

que nos hemos creado para nuestro exclusivo disfrute.

 

Señor, ten piedad de todos ellos.

 

Y ten piedad de nosotros.

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