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NO EN MI NOMBRE

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Las noticias sobre la pederastia no cesan. Una parte de nuestra Iglesia trata de vivir como el Pueblo de Dios que somos, evangelizando, y otra, quizá menos numerosa, pero más poderosa, tratando de preservar la institución por encima incluso del Mensaje, a la manera de las autoridades religiosas del tiempo de Jesús. No se reconocen en el modelo que el Papa Francisco está construyendo con el Evangelio en la mano.

Por eso me sorprende tanto la actitud sobre la pederastia en el seno de la Iglesia católica española, y a la vista de las medidas tomadas en las Iglesias de nuestro entorno: sólo Italia y España se niegan a elaborar una investigación ni permiten que una auditoría externa tenga acceso a sus archivos para hacer memoria de los abusos perpetrados en la Iglesia. Jesuitas, salesianos y poquitos más, han mostrado sus resultados. La tesis de la Conferencia Episcopal, es clara: nada de investigar, según su portavoz, Luis Argüello, todo lo contrario que los obispos de Irlanda, Bélgica, Alemania, Estados Unidos, Australia…

Atención especial merece la Iglesia católica francesa, que ha puesto contra las cuerdas a los obispos españoles al contratar una investigación independiente cuyo resultado publicado es que la cifra de víctimas en los últimos 70 años asciende a 330.000 si también se cuentan los abusos cometidos por personal laico relacionado con la institución: catequistas, responsables de movimientos juveniles, etc. "Se ha cometido mucho daño y debe ser asumido para liberar a los que lo han sufrido y a nuestra Iglesia", afirmó el presidente de la Conferencia Episcopal francesa. Y los 120 obispos franceses católicos, reunidos en Lourdes,  se arrodillaron para pedir perdón ante representantes de las víctimas ofreciendo, además una reparación económica por este horror clerical.

Los obispos franceses han creado un fondo para las víctimas de abusos sexuales que saldrá de la venta de los bienes muebles e inmuebles que posean las diócesis, y la propia Conferencia Episcopal. Y si no es suficiente, se pedirán créditos. Lo que no se hará será tocar los fondos aportados por los fieles para el sostenimiento de la Iglesia. 

En España los datos conocidos salen de las Universidades y medios de comunicación. La principal conclusión de la Universitat Oberta de Cataluña, la Universidad de Barcelona y la Universidad del País Vasco es que las autoridades religiosas han eludido hasta ahora investigar a fondo este problema: sólo reconocen 220 casos de abusos en los últimos 20 años. Es decir, los obispos no harán nada proactivamente por saber la verdad porque, dicen, son muy pocos casos. Ni revisar archivos, ni establecer indemnizaciones, ni emprender una investigación en serio del pasado. Nada. Ante la falta de datos oficiales, el diario El País ha llevado una contabilidad propia, sin acceso a registros oficiales, cuyos datos son 363 casos y 945 víctimas.

El contrapunto lo ha puesto el cardenal de Madrid, Carlos Osoro en un programa de la televisión La Sexta, al reconocer que “las víctimas son sagradas” y mostrándose dispuesto a ir hasta el final para erradicar los abusos en la Iglesia. Sin embargo, la realidad es que no hay prevista investigación alguna sobre la magnitud de la pederastia en la Iglesia española, que sigue negándose a que el horror desvelado en Francia pueda extrapolarse a España, a pesar de la postura radical del Papa respecto a los errores -tipificados como delitos- y su llamada diáfana a terminar con la negligencia frente a estos abusos terribles. Llegados a este punto, me pregunto: ¿Por qué los obispos claramente refractarios a esta línea de conducta oficial de la CEE, que los hay, no levantan su voz denunciando esta actitud aberrante? ¿Qué les impide a esos obispos salir del armario cobarde contra esta postura oficial mayoritaria tan anti evangélica? ¿Por qué callan ante la actitud arrogante y displicente de sus colegas con el sufrimiento de estas víctimas sexuales? ¿Por qué la pasividad de las autoridades políticas y judiciales, fiscales incluidos, ante más que posibles delitos penales? ¿Por qué el cardenal Osoro dice una cosa y se arruga a la hora de actuar? ¿Y el nuncio, qué dice el nuncio?

No es suficiente el estudio interno que algunos obispos proponen llevar a su Plenaria para conocer el alcance de los abusos en España. Suena a la cacareada prudencia eclesiástica que aquí es cobardía pura y dura, en lugar de realizar una denuncia profética en toda regla. Señores obispos, están escandalizando de lo lindo, unos por intentar salvar la institución y el poder que conlleva; y otros, por ser incapaces de rebelarse en conciencia ante esta nefanda actitud grupal de desentenderse como organismo episcopal de la pederastia, a nivel oficial. Siguen sin pedir perdón por el daño tremendo del nacional catolicismo que acunó la dictadura de Franco, y todo indica que mantendrán la soberbia ante la pederastia. ¡No en mi nombre!

PDTA - Leo lo dicho por el cardenal Omella en la SER, y no quito una línea de lo que he escrito. Sigue lejos de liderar algo parecido a las actitudes y decisiones del episcopado francés en este tema. Lo que es peor, pone el ventilador hacia los medios de comunicación "que a veces incitan al sexo libre, esto no nos ayuda. Todos los estamentos deberíamos hacer lo que toca". Pues empiece por el suyo, eminencia.

 

Gabriel Mª Otalora

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