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LA RAÍZ CÓSMICA Y ANTROPOLÓGICA DEL PENSAMIENTO ECOLÓGICO

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Como homenaje a los seis años de la Laudato Si´

El geólogo Helmut de Terra (1900-1981) decía refiriéndose al padre Pierre Teilhard: “La Tierra era su laboratorio”. [De Terra, H., Mein Weg mit Teilhard de Chardin. C. H. Beck, München, 1962, 131 pág.] Este es el lema que preside el presente número de Noosphère.

Pero el respeto por la Tierra, la dimensión ecológica del pensamiento de Pierre Teilhard de Chardin, no puede separarse de su inspiración en Vladimir I. Vernadski (1863-1945), como se ha apuntado en otros artículos de Noosphère. Y el pensamiento teilhardiano inspira la encíclica Laudato Si´ (2015) del papa Francisco.

Pero algunos autores opinan que el pensamiento teilhardiano inspira también lo que se ha llamado la ecología profunda (deep ecology). [Es sugerente la perspectiva de José Vico Martín. “La justificación científica y filosófica del respeto hacia la naturaleza: Teilhard de Chardin, Arne Naess y el Papa Francisco. The Scientific and Philosophical Justification of the Respect to Nature. Teilhard de Chardin, Arne Naess and the Pope Francisco”. Contrastes. Revista Internacional de Filosofía, vol. XXIII-Nº1 (2018), pp. 93-110. Departamento de Filosofía, Universidad de Málaga, Facultad de Filosofía y Letras Campus de Teatinos, E-29071 Málaga (España)]

Teilhard de Chardin en la Encíclica Laudato Si´

A muchas personas les pudo sorprender que en la Carta encíclica del papa Francisco “Laudato Si”, sobre el cuidado de la casa común (24 de mayo de 2015) se hace una referencia explícita a Pierre Teilhard de Chardin (aunque sea en una nota a pie de página al número 83). Pero no es todo. Hay también unas reflexiones de eco cósmico teilhardiano al tratar el tema de la eucaristía (números 235-236). Estos datos tienen suficiente entidad como para que dediquemos un breve comentario a la raíz cósmica del pensamiento ecológico en la Laudato si´ del papa Francisco.

El Evangelio de la Creación

El capítulo 2 de la Laudato si´ (números 62-100) se titula “El Evangelio de la Creación”. Desde una perspectiva teológica, se afirma que "ninguna rama de las ciencias y ninguna forma de sabiduría puede ser dejada de lado, tampoco la religiosa con su propio lenguaje". Y es que "las convicciones de la fe ofrecen a los cristianos, y en parte también a otros creyentes, grandes motivaciones para el cuidado de la naturaleza y de los hermanos y hermanas más frágiles".

"No somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dada", añade Francisco, rompiendo los antiguos esquemas, basados en una mala interpretación de las Escrituras (“creced y multiplicaos y dominad la tierra”), que daban al ser humano un poder soberano sobre la naturaleza.

"Hoy -señala- debemos rechazar con fuerza que, del hecho de ser creados a imagen de Dios y del mandato de dominar la tierra, se deduzca un dominio absoluto sobre las demás criaturas". Así, "mientras «labrar» significa cultivar, arar o trabajar, «cuidar» significa proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar. Esto implica una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza".

"La injusticia no es invencible", subraya el texto, que presenta "un mundo frágil, con un ser humano a quien Dios le confía su cuidado, interpela nuestra inteligencia para reconocer cómo deberíamos orientar, cultivar y limitar nuestro poder".

Antropología oculta de la Laudato Si´

Esto no implica que el ser humano sea un animal más. Existe lo que se ha dado en llamar –desde un punto de vista filosófico- lo humano irreductible. El número 81 de la Laudato si´ sintetiza los rasgos de una antropología cristiana de base científica. Dice el texto: “El ser humano, si bien supone también procesos evolutivos, implica una novedad no explicable plenamente por la evolución de otros sistemas abiertos. Cada uno de nosotros tiene en sí una identidad personal, capaz de entrar en diálogo con los demás y con el mismo Dios. La capacidad de reflexión, la argumentación, la creatividad, la interpretación, la elaboración artística y otras capacidades inéditas muestran una singularidad que trasciende el ámbito físico y biológico”.

Supuesta esta diferencia cualitativa con el resto de los seres vivos, el papa reconoce que los humanos no hemos sabido desarrollar nuestras capacidades, porque otra visión, la "que consolida la arbitrariedad del más fuerte ha propiciado inmensas desigualdades, injusticias y violencia para la mayoría de la humanidad, porque los recursos pasan a ser del primero que llega o del que tiene más poder: el ganador se lleva todo" (número 82).

La raíz cósmica de la ecología y la defensa del antropocentrismo por el Papa Francisco en Laudato Si’

El número 83 de la Laudato Si´ es el que suscita aquí nuestro interés. Dice el papa: “El fin de la marcha del universo está en la plenitud de Dios, que ya ha sido alcanzada por Cristo resucitado, eje de la maduración universal”. Y es aquí donde, a pie de página, cita a Teilhard de Chardin, con una referencia a Pablo VI, a Juan Pablo II y a Benedicto XVI.

El texto de Pablo VI es: Discurso en un establecimiento químico-farmacéutico (24 febrero 1966): Insegnamenti 4 (1966), 992-993.

El texto es accesible aquí

“Un científico famoso dijo: cuanto más estudio la materia, más encuentro el espíritu. Quien investiga el mundo ve que hay leyes; Este mundo que parecía opaco, inerte, es una maravilla, y el Papa piensa que será la ciencia - que parece alejar a las masas, a los hombres modernos, a los jóvenes de Dios - para llevarlos de regreso a Dios, cuando el mundo sea verdaderamente inteligente. y dirá: tengo que entender lo que veo; Yo no creé esto: el mundo fue creado por Aquel que hizo llover su sabiduría sobre todas las cosas. Y el Santo Padre cita a Teilhard de Chardin, quien dio una explicación del universo que [...] pudo leer dentro de las cosas un principio inteligente que debe llamarse Dios. Por tanto, la ciencia misma nos obliga a ser religiosos, y los inteligentes deben arrodillarse y decir: aquí está Dios”.

También a pie de página la encíclica cita la famosa carta del papa Juan Pablo II con ocasión del centenario de la publicación de los Principia de Newton: Carta al reverendo P. George V. Coyne (1 junio 1988): Insegnamenti 5/2 (2009), 60. Esta carta es accesible en la página web de la Cátedra Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia Comillas:

Y en tercer lugar, la Laudato si´ cita a pie de página un texto de Benedicto XVI, Homilía para la celebración de las Vísperas en Aosta (24 julio 2009). L’Osservatore romano, ed. semanal en lengua española (31 julio 2009), p. 3s. Puede consultarse aquí

Y concluye el número 83 de la Laudato si´ de este modo: “Así agregamos un argumento más para rechazar todo dominio despótico e irresponsable del ser humano sobre las demás criaturas. El fin último de las demás criaturas no somos nosotros. Pero todas avanzan, junto con nosotros y a través de nosotros, hacia el término común, que es Dios, en una plenitud trascendente donde Cristo resucitado abraza e ilumina todo. Porque el ser humano, dotado de inteligencia y de amor, y atraído por la plenitud de Cristo, está llamado a reconducir todas las criaturas a su Creador.

La Eucaristía cósmica

La palabra “cósmica” aparece en la encíclica en la última parte, al tratar el tema de la ecología, la espiritualidad y la educación. El número 235 es una reflexión ecológica sobre los sacramentos. Y el número 236 se refiere específicamente a la Eucaristía. Dice la encíclica, entre otras cosas: “En la Eucaristía ya está realizada la plenitud, y es el centro vital del universo, el foco desbordante de amor y de vida inagotable. Unido al Hijo encarnado, presente en la Eucaristía, todo el cosmos da gracias a Dios. En efecto, la Eucaristía es de por sí un acto de amor cósmico: «¡Sí, cósmico! Porque también cuando se celebra sobre el pequeño altar de una iglesia en el campo, la Eucaristía se celebra, en cierto sentido, sobre el altar del mundo»” Y a pie de página cita al papa Juan Pablo II, en la Carta encíclica Ecclesia de Eucharistia (17 abril 2003), 8: AAS 95 (2003), 438.

Sin citarlo, el pensamiento de Teilhard de “El Sacerdote” (1918) y de “La Misa sobre el Mundo” (1923) está muy presente en el trasfondo de este planteamiento. Y prosigue el texto: “La Eucaristía une el cielo y la tierra, abraza y penetra todo lo creado. El mundo que salió de las manos de Dios vuelve a él en feliz y plena adoración. En el Pan eucarístico, «la creación está orientada hacia la divinización, hacia las santas bodas, hacia la unificación con el Creador mismo»”. Y cita al papa Benedicto XVI, Homilía en la Misa del Corpus Christi (15 junio 2006): AAS 98 (2006), 513. Y concluye este texto de la Laudato si´: “Por eso, la Eucaristía es también fuente de luz y de motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente, y nos orienta a ser custodios de todo lo creado”.

En el pensamiento ecológico del papa Francisco en la Laudato si´ está muy presente la raíz cósmica de una reflexión científica, filosófica y teológica de la ecología integral. Y este punto de vista completa el marco general de inteligencia de este texto magistral.

Teilhard, Laudato Si´ y ecología profunda

En estos últimos meses se ha escrito sobre las convergencias y divergencias entre la Laudato Si´ y la ecología profunda. Es verdad que el papa habla de ecología integral. Pero la llamada ecología profunda (deep ecology) ¿es similar a la ecología integral? ¿Tiene ecos teilhardianos?

A Vladimir Vernadski (1863-1945) debemos los amigos de Teilhard la generalización del concepto adoptado por Teilhard de biosfera, de noosfera y apunta a lo que después se llamó noocracia. El término noocracia alude a un sistema social y político que está basado "en la prioridad de la mente humana", según Vladímir Vernadski. En 1987, el Catedrático de Sociología Benjamín Oltra y Martín de los Santos, define noocracia en la revista Política y Sociedad como: «Definimos noocracia como una "nueva clase" conformada por los que dominan la inteligencia o la razón ideológica, cosmológica, expresiva, científica, técnica, la imagen cinética y el diseño, como una fuerza productiva y un nuevo poder en los sistemas sociales capitalistas y colectivistas avanzados

El contenido de los dos primeros términos fue recogido por Teilhard y posiblemente forman parte de la inspiración de lo que hoy se llama ecología profunda (deep ecology) y están claramente en las raíces de la Laudato Si´ del papa Francisco. El ser menos conocidas, y además discutibles, exponemos algunas ideas de ecología profunda.

La ecología profunda

La expresión ecología profunda fue acuñada en 1973 por Arne Naess, como un término teórico, pero se transformó posteriormente en un movimiento social. Arne Dekke Eide Næss (27 de enero de 1912 – 12 de enero de 2009) fue el fundador de la ecología profunda y el más reputado filósofo noruego del siglo XX, siendo el catedrático más joven de los nombrados en la Universidad de Oslo, cargo que ejerció ininterrumpidamente desde 1939 a 1970. Næss fue además un avezado alpinista al que se conoció por ser tío del célebre montañero y hombre de negocios Arne Næss Jr. y el hermano menor del armador Erling Dekke Næss. Para Naess son puntos centrales:

El ser humano en armonía con el medio; no por encima, sobre o fuera de este. 2. La igualdad biocéntrica; todas las cosas naturales, los ecosistemas, la vida, etc., tienen derecho a existir. Independiente de su grado de autodeterminación. 3) Derecho a la diversidad cultural.

Desde las categorías antropocéntricas de la Laudato Si´ aparecen críticas a la ecología profunda así entendida.

Ecocentrismo de la ecología profunda

El punto más discutible – desde las categorías de la Laudato Si´ - es el del biocentrismo. Si por él se entiende solo el eco-centrismo, la ecología profunda no parece compatible con la doctrina del papa Francisco.

El concepto de ecología profunda fue desarrollado más tarde por Bill Devall y George Sessions al publicar en 1985 el libro Deep Ecology. Otro autor que está integrado en esta corriente es Fritjof Capra. Tiene una cosmovisión holística, con una ética ecocéntrica y en ocasiones tienden a ser feministas e igualitarios.

Los defensores de la ecología profunda consideran que el mundo no existe como un recurso libremente explotable por los humanos. La ética de la ecología profunda sostiene que todo el sistema es superior a cualquiera de sus partes. Se proponen ocho puntos o principios que ayudan a comprender su posición:

El bienestar y florecimiento de toda vida humana y no humana sobre la tierra tienen un valor en sí mismos (valor intrínseco). Estos valores son independientes de la utilidad que proporcione el mundo no-humano a los fines humanos.

La riqueza y diversidad de formas de vida contribuyen a la realización de estos valores, y a su vez son valores en sí mismos.

La humanidad no tiene derecho a reducir esta riqueza y diversidad excepto para satisfacer sus necesidades vitales básicas.

El desarrollo de la vida humana y de su cultura es compatible con un sustancial decrecimiento de la población humana actual. El desarrollo libre de la vida no-humana requiere necesariamente ese decrecimiento.

La interferencia actual del hombre en el mundo natural no-humano es excesiva, y la situación está empeorando rápidamente.

Por tanto las políticas actuales han de ser cambiadas. Estas políticas afectarán a la economía básica, a la tecnología y a las estructuras ideológicas. Los temas resultantes de estas políticas serán muy diferentes a los actuales.

El cambio ideológico está principalmente relacionado en apreciar la calidad de la vida muy por encima del intento de conseguir para sí un mayor nivel de vida basado en el consumo desmedido y la acumulación material de bienes. Existirá una profunda conciencia de la deferencia entre grande (cantidad) y grandioso (cualidad).

Aquellos que suscriban estos puntos tienen la obligación de, directa o indirectamente, intentar aplicar los cambios necesarios.

Aunque muchas de las ideas contenidas en estos puntos son asumibles por la Laudato Si´ y podrían ser asumidas por Teilhard de Chardin, el debate está abierto. Para el físico Fritjof Capra la ecología profunda hace parte del nuevo paradigma, de una visión holística del mundo, en la que se pasa de la concepción del universo como máquina, a verlo como una red de relaciones, lo que implica pensamiento sistémico para su comprensión.

¿Antropo-centrismo o eco-centrismo de la ecología profunda?

Como hemos apuntado, el punto conflictivo está en la comprensión del biocentrismo. ¿Es compatible con el antropocentrismo del papa Francisco? En un iluminador artículo del profesor Carlos Beorlegui [Carlos Beorlegui. ¿Antropo-centrismo contra eco-centrismo? FronterasCTR, Blog de la Catedra Ciencia, Tecnología y Religión, UP Comillas, Madrid, 24 febrero 2021] se pueden aclarar los términos. Beorlegui opina que la Encíclica del Papa Francisco, Laudato Si’. Sobre el cuidado de la casa común resulta muy oportuna para recuperar una visión más adecuada y matizada de lo humano dentro de esta cosmología ecocéntrica que se está extendiendo.

Parece evidente que, para el Papa Francisco, la evidente responsabilidad de los humanos en el deterioro progresivo del planeta no supone desechar todo tipo de antropocentrismo, sino tan sólo aquél que conlleva una relación despótica y destructiva con la naturaleza y el resto de los seres vivos.

En diversos pasajes de Laudato Si’, se insiste en la distinción entre un antropocentrismo incorrecto, que unas veces denomina despótico y otras, desviado, pero el Papa Francisco defiende con claridad un antropocentrismo sustentado en el cuidado, el respeto y la reciprocidad con la naturaleza.

Todas las realidades de la tierra tienen un valor intrínseco y propio ante Dios, y no pueden ser consideradas como meros recursos económicos al servicio de los humanos. Pero, al mismo tiempo, hay que reconocer la “dignidad única” del ser humano, “por estar dotado de inteligencia”; aunque ello no le da justificación para la relación despótica y meramente utilitaria, sino que está “llamado a respetar lo creado con sus leyes internas”.

Se tiene, por tanto, que mantener una adecuada relación recíproca entre los humanos y la naturaleza, siendo equivocado, por un lado, que “los demás seres vivos deban ser considerados meros objetos sometidos a la arbitraria dominación humana”; como también, por otro, “igualar a todos los seres vivos y quitarle al ser humano ese valor peculiar que implica al mismo tiempo una tremenda responsabilidad. Tampoco supone una divinización de la tierra que nos privaría de la llamada a colaborar con ella y a proteger su fragilidad. Estas concepciones terminarían creando nuevos desequilibrios para escapar de la realidad que nos interpela”.

Laudato

No puede estar más clara la preocupación del Papa Francisco en conjugar el respeto a la naturaleza y la superación de un antropocentrismo incorrecto, con la defensa de la centralidad humana dentro de lo creado, centralidad que no le da patente de corso para dominar la tierra, sino que le supone la responsabilidad de cuidarla y respetarla.

Para el Papa Francisco está claro que “un antropocentrismo desviado no necesariamente debe dar paso a un “biocentrismo”, porque eso implicaría incorporar un nuevo desajuste que no sólo no resolverá los problemas, sino que añadirá otros. Por tanto, más que concluir que el antroponcentrismo deba ser superado, dando lugar a una cosmología ecocéntrica, tenemos que hacer una autocrítica de los antropocentrismos desviados e incorrectos, para alumbrar un antropocentrismo autocrítico, renovado e integral

Como conclusión de todo lo dicho, parece que resulta más coherente la defensa de un humanismo antropocéntrico, aunque autocrítico, renovado e integral. Está claro que tiene que ser autocrítico con la mentalidad y modo de vida propio de la sociedad capitalista, que tiene su origen incluso en épocas anteriores.

Conclusión

La Tierra (la Tierra de Teilhard y de Helmut de Terra) es nuestra casa común, como se nos dice con acierto. Por tanto, tenemos que construir un humanismo antropocéntrico renovado, enraizado en la tierra, consciente de ser una parte más dentro del todo del universo y del sistema ecológico de la madre tierra, aunque, al mismo tiempo, poseedor de una centralidad que no puede ser mentada como excusa para un dominio despótico, sino para justificar la responsabilidad de un cuidado fraterno, base de un estilo de vida basado en un desarrollo sostenido y responsable.

Sería, por tanto, un antropocentrismo integral, no prepotente ni al margen del conjunto de la tierra y del universo, sino integrado en ese todo y sistema cósmico, pero apoyado también en la centralidad ética, epistemológica, ontológica, y religiosa de nuestra especie. De ahí el concepto de ecología integral de la Laudato Si´.

 

Leandro Sequeiros sj, vicepresidente de la Asociación de Amigos de Teilhard de Chardin

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