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DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA

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2º Domingo de Pascua. (11-4-2021)

Jn 20, 19-31

Pascua es el triunfo de la Vida definitiva sobre la muerte del cuerpo y la vida perecedera. Eso fue la resurrección de Jesús y es también la nuestra. Y este 2º Domingo de Pascua es el domingo de la Divina Misericordia. La gran misericordia de Dios para con su creación es el don de la Vida (Su Vida) con la vida, en la tierra. Dos vidas en una. La Vida eterna y definitiva en la vida cotidiana y con fecha de caducidad. Ante este don inconmesurable hay que clamar con el Salmo 117 “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”. Porque es eterna su misericordia, exalta de gozo hoy nuestro corazón.

El Evangelio de hoy nos relata la incredulidad de Tomás ante la resurrección de Jesús. La semana anterior hemos asistido a los últimos días de la vida en la tierra de Jesús. Jesús ha sido crucificado, muerto y sepultado. A este Jesús crucificado sus discípulos, mediando el tiempo, lo experimentan como “el viviente”.  Jesús está vivo entre ellos. Lo saben. La muerte de Jesús los había dispersado. Habían vuelto a su vida cotidiana anterior. En el relato evangelio de hoy están de nuevo reunidos, en comunidad, “en el primer día de la semana”. El texto es de Juan y hay que entender su simbología. “Primer día” habla de una nueva creación, hombres nuevos. Los discípulos han “progresado adecuadamente”. Y Jesús, el resucitado, el que vive, está en medio de ellos. Así lo viven, lo experimentan ellos. Es él, el crucificado. No cabe duda (“les enseña las manos y el costado”). Las puertas están cerradas por miedo a los judíos. Poco después, los discípulos se llenan de alegría. Pasan del miedo inhibidor al estado eufórico de la alegría. Lo expresan directamente: ¡¡Hemos visto al Señor!! Así le contarán a Tomás lo sucedido. Se sienten enviados a continuar la misión de Jesús: evangelizar. Para la realización de esa tarea Jesús les había prometido su Espíritu. Aquí está la promesa cumplida. Todos, ahora, se siente pletóricos de Espíritu, hombres nuevos. Saben que son “barro soplado con el Espíritu”, otro Adam diferente. Jesús ha resucitado, está vivo; Ellos también.

Los discípulos están reunidos para hacer memoria (recordar) y celebrar la última cena con el Señor. Están juntos para intercambiar recuerdos y vivencias compartidas. Y entre los recuerdos no olvidan la tarea encomendada: Dar a todo el mundo la buena noticia de que Dios es como un padre todoamor, compasivo y misericordioso. Se acuerdan de que la mejor imagen que Jesús les dibujó de Dios estaba en la Parábola del Padre Fuera de Serie del hijo pródigo. Los discípulos cuentan a Tomás, como resumen de todo lo sucedido, que “Hemos visto al Señor”.  Porque Tomás no estaba con ellos y se lo había perdido. Ellos “han visto” y Tomás necesita someter a prueba sensible lo que le dicen. “Si no veo las señales de los clavos en sus manos y no meto la mano en su costado…” ¡ Pobre Tomás, con esas comprobaciones físicas no llegas al ¡Señor mío y Dios mío!. Tienes que volver a estar con ellos, compartir recuerdos, misión y Espíritu para poder creer. Tu solo no, con la comunidad, es posible la fe compartida y apoyada. Para “ver” al Señor es necesaria la fe y en comunidad. A los ocho días, todos juntos y Tomás con ellos, en comunidad, pudieron decir al unísono “Señor mío y Dios mío”. Todos juntos confesaron que Jesús es la persona interpuesta entre Dios y los hombres y que se sentían con la misión de ser mediadores (“personas interpuestas”) entre Jesús y los hombres. Hacia dentro de la comunidad y hacia afuera, hacia la humanidad entera.

Al hilo del texto evangélico que acabo de presentar y del salmo 117 que hoy le acompaña, mi reflexión continúa con el papel de las “personas interpuestas”. Dios es misericordioso con su creación a través de las circunstancias y acontecimientos históricos, pero sobre todo a través de las personas. Son las “Personas interpuestas” que Dios necesita para expresar su misericordia con los hombres. Así lo diseñó desde toda la eternidad. A todos nos incluyó en su proyecto de humanización evolutiva de los seres humanos. A todos nos dio la posibilidad y responsabilidad de ser el medio y la ocasión para que tus próximos descubran la misericordia que Dios tiene para con ellos. Eres “la persona interpuesta” entre Dios y los hombres. Como Jesús, que fue la primera persona interpuesta entre Dios y la humanidad.

A su vez, los otros son los mediadores de la misericordia de Dios para contigo, como lo eres tú -de la misericordia de Dios- con tus vecinos. Somos los eslabones de la cadena que nos une a todos con Dios y entre nosotros. Así entiendo yo la Comunión de los santos y la construcción del Reinado de Dios en la tierra. Así entiendo qué es evangelizar hoy: manifestar, con mi vida y mi palabra, que Dios es amor, es padre generoso, excesivo. Nos ha creado por amor y que quiere ante todo que seamos felices. Que pone de su parte todo lo que necesitamos para serlo. Que nos da a Jesús y el Espíritu como modelo, luz y fortaleza. Y que quiere que entre nosotros reine el amor, la fraternidad y solidaridad.

Para mi Jesús es modelo e ideal de “Persona interpuesta”. Me encanta serlo yo también. Me encanta ser medio, ocasión y oportunidad para que mis hermanos descubran la presencia de Dios en su vida. Me encanta acompañarlos en este descubrimiento. Me encanta ser partera (Sócrates) de Dios para mis hermanos. Ayudarlos a descubrir la Buena noticia de que Dios existe para servir al hombre. Para apoyarle en sus proyectos, para fortalecerle en sus esperanzas y fracasos. Que con Dios todo va mejor. Quiero que experimente que es verdad aquello de que Él está en nosotros para que tengamos Vida en abundancia. Que Él es nuestra plenificación humana, y por tanto divina. Me encanta verlos crecer en su desarrollo como personas, ver que son más felices y más servidores de sus hermanos.

Si te vives como “persona interpuesta” enseguida descubres que lo que tú haces es muy poco, casi nada, en comparación con lo que ves hacer a/en las personas a las que has acompañado en sus descubrimientos. No sales de tu asombro. Efectivamente te has comportado como siervo inútil. Has hecho solo lo que tenías que hacer. Que tú has sembrado con tu vida, con tu testimonio y que la cosecha es de los otros y del Otro. La semilla ha germinado mientras dormíamos. ¡Qué misterio! La Vida lo hace todo.

 

África de la Cruz Tomé

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