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LA VOLUNTAD DE PODER O ALFRED ADLER

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Alfred Adler (1870-1937) junto con otros psiquiatras como Carl Jung (1875-1961) y Wilheim Stekel (1968-1940) fueron disidentes de la escuela de Sigmund Freud (1856-1939). Adler partía del criterio que cierta funcionalidad del organismo podía producir un complejo de inferioridad que era compensado por el dominio sobre el otro. Con esto coincidía con Nietzsche (1844-1900): La voluntad de potencia. "Cuanto más intenso es el sentimiento de inferioridad, tanto más se experimenta la necesidad de controlar y dominar los otros"(Grotjahn M. Historia del psicoanàlisis I. p. 132. Piadós. B.A., 1968). No es una especulación sino una realidad clínica verificada y muy humana, desgraciadamente.

Es el punto de partida de la escuela de la psicología individual (no individualista), fundada por Adler. Muy extendida y trabajando al mismo tiempo el sentido social o comunitario. Debemos recordar que los momentos en tiempo de Adler, la psiquiatría y la medicina no tenían en cuenta el medio social. Adler puso en marcha más de una treintena de instituciones clínicas para niños. Todas cerradas por el fascismo. Al ser judío como Freud, tuvo que exiliarse.

Evidente que habría que hablar mucho más de este disidente de Freud. Su punto de vista es de gran actualidad. Hay que comprender que la voluntad de poder, de dominio, el impulso agresivo es un aspecto muy importante de la arquitectura anímica de todo ser humano. Quién está ejerciendo poder de dominio, ¿en qué lugar social está y por qué? Un análisis desde Adler nos podría ayudar a comprender muchas actuaciones de ciertas personalidades que se perciben inadecuadas.

Pero hay que dar un paso más. ¿Qué voluntad de poder puede y quiere ejercer todo ser humano? La situación es desde el padre de familia hasta la autoridad máxima pública. Hay que recordar la situación del patriarcado, totalmente vigente aún en el mundo actual, manifestándose muy inhumana.

En esta voluntad de poder, de dominio, de compensar ciertas inferioridades, tenemos, por ejemplo que las minorías son perseguidas por poderes totalitarios con fobia a ser anulados y no aceptan las diferencias: ¡O sois como nosotros o desapareceréis! La historia está llena. Hay que recordar, entre otros actualmente, los Ouïgours en China o los Rohinyà en Birmania y la persona lectora puede saber otros. Nos ayuda una cita de Martín Luther King (1929-1968): "Lo preocupante no es la perversidad de los malos o malvados sino la indiferencia de los buenos". O en término sociopolítico, la falta de respuesta de la verdadera izquierda contra el pensamiento único por intereses financieros. Este poder no es fácil de superar porque toca el peldaño primero de la pirámide de Maslow (1908-1970) que son las necesidades básicas: comer, vestirse, hábitat y trabajo. Sin este pack no se puede vivir ni sobrevivir. ¿El virus económico matará más vidas que el C.19?

Pues bien, Adler nos informa, como he indicado al principio, que para compensar la inferioridad orgánica o el complejo de inferioridad, el cual nos enfrenta no sólo con uno sino con la comunidad o sociedad, el ser humano se impone al otro con fuerza física, fuerza militar, fuerza económica o fuerza moral o de otras formas, envolviendo siempre la inferioridad, de la que puede ser o no consciente, con la voluntad de poder, de dominio y de autoafirmación sin conmiseración. Tal vez haya que considerar la plutocracia.

¿Cómo se sitúa al ser humano en este mundo globalizado? No olvidemos que con la pandemia ha aflorado y se ha manifestado más la degradación, la depredación, la ambición, la codicia o el dominio total de unos hacia los otros. Ciertamente ningún ser humano escapa por la sencilla razón de que estos ingredientes emocionales forman parte de la constitución de la estructura psíquica, en base neurológica, sino no habría psique. Por otra parte, hemos de recordar que no son los únicos, también hay otros ingredientes en la arquitectura psíquica como el de ayuda, apoyo, colaboración, cooperación, respeto, estimación y otros. Me viene a la memoria el sencillo cuento de la leyenda de los indios cherokee que contaba un abuelo a su nieta, que iba a verlo, y muy enfadada: Los dos lobos. Ingredientes constructivos en uno y destructivos en el otro. E iba haciendo una maravillosa descripción que la nieta se vio reflejada. Y a su pregunta: ¿Quién ganará de los dos lobos, abuelo? Y la respuesta sabia del anciano de una cultura india: A quien tú alimentes. Y hoy añadiría: "y gestiona la energía del otro".

Llegados aquí, nos encontramos con el gran trabajo, no de la enseñanza, que se da en instituciones, sino de la educación, que es responsabilidad de toda la comunidad y sociedad. Pues, si las palabras mueven, los ejemplos arrastran. Palabras hay muchas, ejemplos muy pocos. Hay un gran vacío de líderes que arrastren. Sino ¿cómo se explica el discurso del odio, del desprecio, de la supremacía, de la superioridad o de la voluntad de poder? En mi opinión, conviene trabajar para pasar de la voluntad de poder sobre los demás a la capacidad o valor de darse a los demás. Sólo en este caminar podremos construir además de la hominización (la dimensión biología y psíquica), la HUMANIZACIÓN (la dimensión cultural integral).

Adler expresa: “Los únicos individuos que pueden realmente afrontar y superar los problemas de la vida y en la vida son los que los que muestren con sus esfuerzo una tendencia a enriquecer a los demás”.

O la de Stekel: La marca del hombre inmaduro es que quiere morir noblemente por una causa, mientras que la marca del hombre maduro es que quiere vivir humildemente por una causa”.

 

Jaume Patuel Puig (1935)

Pedapsicogogo, psicoanalista y teólogo.

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