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PENSARES DE LA SAMARITANA

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No es un mal lugar,

aunque sea a las afueras,

éste del pozo de Jacob,

para acercarnos a cualquier hora

con el cántaro de nuestras dispersiones y carencias

sobre la cintura o la cabeza.

 

Quizá tú, Señor,

que te has detenido, cansado,

ante su brocal y sombra,

no te detengas ante nuestras resistencias,

pues lo tuyo es derribar barreras

y abrir a la esperanza puertas.

 

Quizá tu palabra,

tan sorpresiva, cercana y clara,

y nuestra ingenuidad,

que entra en diálogo por necesidad,

hagan emerger nuestro ser más honda,

relativizando tantas vanas ocurrencias.

 

Quizá tus vivos ojos

y tu presencia dándonos acogida

hagan que expresemos insatisfacciones,

prejuicios y resistencias,

recelos y carencias, hasta que emerja

el escondido anhelo de vida.

 

Porque deseo, Señor,

tenemos a manos llenas,

aunque el corazón esté herido

y las entrañas pisoteadas y yermas

con tanta lágrima amarga

derramada cada día.

 

Nos hemos ilusionado

hasta en seis ocasiones con decisión

buscando abrazos y amores,

mas se nos ve que llevamos a cuestas

una vida rota y sin horizonte,

llena de fracasos y sinsabores.

 

Ya no entendemos tu mensaje

ni lo que nos mueve cada día

a buscar el agua tan necesaria,

por eso andamos perdidas,

aún en nuestra tierra,

y preguntamos como personas torpes.

 

Pero poco a poco

tú nos cautivas y enamoras

y te ganas nuestro herido corazón;

y nosotras anhelamos, como nunca,

el agua viva

que bota de tu rostro y voz.

 

Nos sentimos amadas,

reconocidas y con una sed distinta;

corremos hacia la aldea

y anunciamos tu presencia

que cura, alegra y da vida

sólo con ser acogida unos días.

 

Florentino Ulibarri

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