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¿SOMOS JUSTOS?

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Nos quedamos tan contentos al echar una limosna en el cestaño o darle un bocadillo  a los pobres, pero primero tenemos que preguntarnos si somos honrados al pagar lo justo.

Hay un tema sangrante. Muchas personas llegan a las casas a realizar trabajos manuales, también llamados “chapuzas” y a la hora de cobrar, no quieren entregar la factura y  anotar el IVA. Sería muy interesante hacer una campaña para que cada uno paguemos lo que debemos en impuestos como el IVA. Es la mejor forma de colaborar con la justicia. Luego habrá que exigir que los pobres puedan cobrar las ayudas para vivienda, comida, sueldo justo para un trabajo justo.

Podría ser cierto lo que cuentan de un “D Juan de Tal y Tal, de caridad sin igual, que por amor a los pobres edificó un hospital, pero… primero fabricó a los pobres.”

Una de las cosas fundamentales para salir a la normalidad, tras la pandemia, es exigirnos ser justos en todos los capítulos. Creo que cambiaría mucho la economía de nuestro pueblo, país, mundo.

En febrero de 2017 en un encuentro con los Focolares, el Papa puso el dedo en la llaga al señalar los vicios del capitalismo: «El principal problema ético del capitalismo es la creación de descartados a los que después quiere esconder». Para explicarlo mejor ha usado un gráfico ejemplo: «Las casas de juego financian programas para ayudar a los ludópatas que ellos mismos crean».  

¿Podríamos revisar todos los donativos que se dan? Seguramente supone mucho más lo que tenemos que aportar por justicia que lo que damos como limosna y encima nos quedamos tranquilos de conciencia. Yo me contentaría con que solamente diésemos el dinero justo que merece el trabajador, el ayuntamiento, Hacienda… Luego habrá que luchar por la justicia para que ese dinero justo se invierta bien. 

Nos encona cuando vemos a grandes fortunas denunciadas por Hacienda por no pagar sus contribuciones justamente. Y creo que eso debe ser castigado con todo el peso de la ley y sobre todo, recuperarlo.  Vivir en una sociedad es caro, pero nos damos cuenta de que luego tenemos multitud de servicios y derechos. A la vez que requerimos esos servicios, mirarnos al ombligo y ver si pagamos lo que nos corresponde con generosidad.

Recuerdo una frase popular, un poco grosera, pero me la permitís para expresar mi opinión: “si cada hijo se fuera con sus padres y cada euro con su dueño, cambiaba el mundo”. Y otra copla popular: “si en el sexto no hay perdón y en el séptimo, rebaja, ya puede llenar Dios el cielo de paja”.

Cuando se nos  plantea una sociedad de mucha pobreza real, es hora de contribuir con nuestros bienes. Y yo empezaría por los que son exigencia de una justicia. Que luego ya daremos paso a la ayuda humanitaria, que también es exigencia del destino social de todas las riquezas.

 

Gerardo Villar

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