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MISIÓN: LOS PAPAS PUEDEN OLVIDARNOS, NO EL ESPÍRITU

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Después de reflexionar largo y tendido sobre vocación y darnos tiempo de “ahondarlo y sentirlo” veamos ahora la otra cara de la misma moneda, la Misión.

No es otro tema, es la continuidad del que llamamos vocación o llamada. Como decíamos, no se identifica en muchos casos con la profesión porque es una experiencia que está en la base del Ser y que obviamente, se puede materializar de diferentes maneras.

En el mejor de los casos puede coincidir con la dedicación de la persona, pero siempre hay un componente base-clave-ineludible: el Amor de la Llamada.

Esa llamada el Espíritu la dirige indistintamente a hombres y mujeres. No así las instituciones eclesiásticas, ni aún los mejores papas en sus mejores escritos…

L@s casad@s podéis muy bien comprender que los hijos son fruto del Amor, pero sin la relación entre vosotr@s, renovada, cuidada, mimada, la atención a los hijos puede ser gratificante más o menos, pero en ningún caso puede sustituir vuestro enamoramiento, el proyecto de vida que elaborasteis antes de dar el paso a casaros y a tener familia; los hijos no pueden sustituir vuestra relación que se desarrolla a la par que su crecimiento, pero no identifica.

Y si esto ocurre tarde o temprano se deteriora la pareja, pasando a ocupar los hijos todo el espacio, siendo esto ya el indicio del declive.

Lo mismo a nivel de fe, cuando la tarea y la preocupación social ocupa tanto espacio, si la relación de Amor se ve mermada, todo empieza a desmoronarse. Suele ir seguido de críticas y de exigencias a la iglesia, a la parroquia, a los grupos…

Si la crítica es porque estas instituciones dejaron de Ser, se comprende, y como consecuencia la gente busca espacios donde se Es. Pero si la crítica es porque no me dan lo que necesito, es un error, porque lo que tú y yo necesitamos solo puede dárnoslo Dios en persona, en relación personal, sin mediadores ni arreglos, en directo y a diario.

De esto, de este fondo inabarcable arranca la misión: Vemos como Dios, en el AT sumerge a la persona llamada en un desierto.

¿Qué quiere decir desierto en el contexto bíblico-vocacional? Podríamos sacar múltiples significados pero dos emergen con fuerza: lugar donde se te quita lo que te distrae en la Galilea diaria, lugar de despojo y anhelo, de búsqueda de orientación, y de sentido. Y a la vez, lugar de encuentro, lugar de amor y de engendrar vida, espacio interior de diálogo de toda la persona con la desnudez exterior e interior, con la soledad de todo y de todos, aun estando rodeados de gente.

Se hace difícil el silencio en los retiros y en grupos de oración que necesitan siempre de textos y música… porque no se ha descubierto todavía ese silencio del desierto que habla, que invita a entrar y a acercarse más al abismo.

Y cuando la persona se acerca en serio, sin egos ni protagonismos, ni necesidades… ahí se le comunica algo al corazón, en el hondón mismo de uno mismo, donde no sabes muy bien ni siquiera tú que esa intimidad existe, porque la estás estrenando con tu Dios.

La misión no es un encargo, no es una tarea, es un hijo, es una gestación lenta y ciega, sin verle el rostro, sin ecografías rápidas; es una gestación a lo Dios, a su tiempo y deseo según la necesidad que Dios ve y siente en la humanidad y en el universo, a través de tus ojos y de tu corazón.

La misión emerge de esa soledad y de ese desierto. Surge de la misma entraña de donde surge la llamada, puesto que es lo mismo.

Cuando hay amor se engendra vida. Esto no lo dicen los documentos que tantos habéis trabajado, esto se sabe porque se experimenta.

Hoy se nos convoca al desierto a que Dios a su tiempo y modo nos comunique desde dentro, la misión que desde nuestros talentos y lugares iremos-vamos realizando.

Sin lugar a dudas lo primero a orar es lo que ya vivimos y el regalo que está siendo el descubrimiento en profundidad de tanto y tanto que se nos regala.

Nosotras os acompañamos pero no podemos abrir vuestro camino, esto es muy muy importante. Ofrecemos tres momentos de retiro al año, uno más largo en verano. También acompañamiento personal para quien lo desee y posibilidad de pertenecer a una pequeña comunidad que se reúne periódicamente para compartir Palabra y Vida, presencial o, online.

Periódicamente ofrecemos talleres y espacios de meditación para toda persona que desee descansar y alimentarse por dentro para volver a la misión sin anemia.

Este es vuestro tiempo de empoderamiento total siendo quienes necesitáis ser para el mundo de hoy, para vuestr@s hijas e hijos.

¿Qué espiritualidad, qué comunidad necesitas? Si yo tuviera que responder a esta pregunta respondería “a una que como mujer y como laico o laica me tuvieran en cuenta y me trataran de igual a igual.”

La comunidad sfcc nació en 1970 para acoger a religiosas buscadoras, decepcionadas de un estilo de iglesia y de comunidad. Se les ofreció la Vida que el Concilio trajo, por eso el espíritu del Concilio es lo que nos hace sentir cómodas en esta comunidad. No fue sfcc quién inventó la igualdad entre laicos y consagrados, fue el Concilio, el Espíritu que renovó la iglesia. Ahí estaba L. Kopp, la fundadora que al compartir con otras y ponerse a la escucha, decidieron lo que hoy tenemos.

Hoy es el laico y la laica quien tiene que hablar y que ir al desierto a desear respuestas a gestarlas y a compartirlas. Esto es también y sobre todo Misión.

Esto es sfcc, espíritu pionero, profético… que os abre las puertas. ¿Quieres? ¿Cómo? Esta es la llamada y la misión en una sola respiración. Hay otras, nosotras ofrecemos al mundo y a la iglesia esta. Con respeto y cariño, con nuestra identidad como mujeres consagradas y laicos y laicas clara. Jesús nos envía a gestar Vida. No dejemos de hacerlo porque no se nos llame a tener cargos en una institución.

Recordemos que Jesús rechazó todo poder, toda demagogia y dedicó su vida a formar a un grupo de laicos y laicas que con sus vidas y misión integrada cambiaron la historia. También hoy.

 

Magda Bennásar Oliver, sfcc

www.espiritualidadintegradoracristiana.es

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