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FRANCISCANOS Y JESUITAS UNIDOS EN LA REVOLUCIÓN LAUDATO SÌ'

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En tiempos de grandes crisis, desastres naturales y ahora, con la epidemia del nuevo coronavirus, los seres humanos están dejando que lo que es esencial para ellos pase a primer plano: la solidaridad, la cooperación y el cuidado de los demás.

Estamos viviendo un momento dramático en la historia de la humanidad. Por primera vez, un virus ha atacado a todo el planeta Tierra. Está diezmando miles de vidas, afectando a todos indiscriminadamente, pero especialmente a los más vulnerables de las periferias de las ciudades, que no pueden hacer adecuadamente el confinamiento social, ni pueden evitar las aglomeraciones, dada la configuración de los hogares, que son verdaderas favelas.

Esta pandemia es más que una crisis. Es un llamado a cambiar nuestra relación con la naturaleza y con la Madre Tierra, es decir, a buscar un nuevo comienzo, un nuevo paradigma que nos permita permanecer vivos en la Casa Común y llevar adelante nuestro proceso de civilización.

Vivimos una emergencia ecológica. El 22 de agosto de 2020 se produjo la Sobrecarga de la Tierra (Earth Overshoot). Esto significa que los humanos han consumido todos los bienes y servicios y otros insumos vitales no renovables. La Tierra entró en números rojos y en el cheque especial. Si continuamos con nuestro consumismo, extraemos violentamente lo que la Madre Tierra ya no puede darnos. Luego responde con más calentamiento global, con episodios extremos, con suelos menos fértiles, con menos agua potable y con una gama de virus que nunca dejan de atacar a los seres humanos y poner sus vidas en riesgo.

Científicos cualificados, invitados por la ONU, han estudiado las nueve Fronteras Planetarias que de ninguna manera deben ser superadas (entre ellas, el cambio climático, la escasez de agua potable, el abuso del suelo, la erosión de la biodiversidad, la alteración del nitrógeno, entre otras), ya que causarían un colapso de nuestra civilización. Como todo está interconectado, la ruptura de una frontera puede causar la ruptura de las otras y, por lo tanto, nos encontraríamos en lo peor.

Laudato Sì' nos advirtió: "Las predicciones catastróficas ya no pueden ser miradas con desprecio e ironía. A las próximas generaciones podríamos dejarles demasiados escombros, desiertos y suciedad. El ritmo de consumo, de desperdicio y de alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta, de tal manera que el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofes " (n.161).

Es urgente que evitemos tales catástrofes, pero más que nada, que refundemos, con nuevos valores y principios, nuestra existencia en la Tierra, nuestra Madre, que nos da todo lo que necesitamos para vivir.

En función de esta misión común, se ha establecido una colaboración y articulación entre dos familias religiosas con sus grandes tradiciones amigas de la creación, la vida, los más desposeídos y la Madre Tierra -los franciscanos y los jesuitas- a través del Servicio Interfranciscano de Justicia, Paz y Ecología de la Conferencia de la Familia Franciscana de Brasil; del Observatorio Luciano Mendes de Almeida de la Red de Promoción de la Justicia Social y Ambiental de la Provincia Jesuita del Brasil, y el Movimiento Católico Mundial por el Clima. Los valores de cada una de estas dos tradiciones pueden inspirarnos a nuevas formas de cuidar la herencia sagrada que la evolución y Dios nos han dado: la Tierra, la Magna Mater de los antiguos, la Pachamama de los andinos y la Gaia de los modernos. Laudato Sì' nos convoca a "una conversión ecológica global" y, por 35 veces, nos exige "nuevos estilos de vida".

En su encíclica de ecología integral el Papa Franciscopresenta a San Francisco "el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos" (n.10). Dice aún más: "Su reacción era mucho más que una valoración intelectual o un cálculo económico, porque para él cualquier criatura era una hermana, unida a él con lazos de cariño. Por eso se sentía llamado a cuidar todo lo que existe... él pedía que en el convento siempre se dejara una parte del huerto sin cultivar, para que crecieran las hierbas silvestres" (n.11.12).

San Ignacio de Loyola fue un gran devoto de San Francisco, especialmente de su pobreza. Tanto para Francisco como para Ignacio, ser pobre significaba más que un ejercicio ascético, era un despojarse de todo para estar más cerca de los demás y construir la fraternidad con ellos. Ser pobre para ser más hermano y hermana.

Para los primeros compañeros de San Ignacio, la vida en la pobreza, tanto individual como comunitaria, siempre acompañó el cuidado de los pobres, una parte esencial del carisma jesuita. Y San Francisco vivió estas tres pasiones: a Cristo crucificado, a los pobres más pobres y a la naturaleza. Llamó a todas las criaturas, incluso al lobo feroz de Gubbio, con el dulce nombre de hermanos y hermanas.

Ambos vislumbraban a Dios en todas las cosas. Como San Ignacio lo expresó bellamente: "Encontrar a Dios en todas las cosas y ve que todas las cosas vienen de lo alto”. Y decía más, en línea con el espíritu de San Francisco: "No es el mucho saber lo que sacia y satisface el alma, sino el sentir y saborear internamente las cosas. Sólo se puede saborear por entero todas las cosas si las amas de verdad y te sientes unido a ellas”.

Tales formas de vida y de relación son fundamentales si queremos reinventar un camino amistoso, reverente y cuidadoso con la tierra y la naturaleza. De aquí nacerá una civilización biocéntrica, fundada en la interdependencia entre todos, la solidaridad, la cooperación y el cuidado de todo lo que existe y vive, especialmente los más desprotegidos, en una fraternidad universal.

El Covid-19 es una señal que la Madre Tierra nos envía para asumir nuestra misión que el Creador nos ha confiado de "proteger y cuidar el Jardín del Edén", es decir, la Madre Tierra (Gen 2:15). Si estas dos Órdenes, de los franciscanos y de los jesuitas, asociadas con otras, se proponen realizar este sagrado propósito, daremos prueba de que no todo el Paraíso terrenal está perdido. Comienza a crecer dentro de nosotros y se expande hacia los espacios exteriores, haciendo verdaderamente de la Madre Tierra la verdadera y única Casa Común en la que podemos vivir juntos en la justicia, en la paz y en la alegre celebración de la vida.

Las dos tradiciones espirituales, ahora unidas en la defensa y promoción de la vida y de la Madre Tierra, pueden dar los primeros pasos hacia esta necesaria transformación de una nueva relación tierna y fraternal con todos los humanos y especialmente con la naturaleza devastada y la sufrida Madre Tierra.

 

Leonardo Boff

Religión Digital

Leonardo Boff, eco-teólogo, en nombre de la familia franciscana.

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