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ES HORA DE EXAMINAR NUESTRAS CONCIENCIAS

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Me permito recomendar, a todos los que puedan acceder a ella, la entrevista en La Contra (del diario La Vanguardia) del pasado miércoles 2. Un pobre chaval norteamericano, antiguo soldado en Irak, desquiciado por esa experiencia, y que luego irá dando bandazos entre la droga, el psiquiatra y la cárcel, donde tiene tiempo para escribir un libro (Cherry) en el que cuenta su historia.

La fina sensibilidad de Ima Sanchis devuelve así importancia a una página que antes era de las más valiosas de nuestra prensa y se había ido adocenando con el tiempo. Pero esto es accidental, como también lo es que gracias a esa cárcel hayan aparecido unas grandes cualidades literarias que de otro modo habrían quedado desconocidas (el libro ha llegado a finalista del premio Pen/Hemingway). 

Eso es accidental. Lo decisivo es que ese pobre ser humano, con un destino tan atroz y tan inhumano, es un hijo de Dios, hermano de todos nosotros, y que no es un caso único. Hay miles como él, con una amplia gama de variantes en todo nuestro mundo civilizado, y en aquel país que se considera adalid de la libertad y poseedor de un “destino manifiesto” de dominar a todo el mundo, amparado hoy por un pseudoevangelismo sectario..

Y si ahora cambiamos de tercio, surge de ahí una pregunta que no conviene dejar pasar. Estos días de la pandemia se ha preguntado mil veces (algunas con cierta sorna) si la pandemia era un castigo de Dios. Muchos creyentes se apresuraron a responder que de ningún modo es un castigo divino: que afirmar eso sería algo así como confundir a Dios con un policía gringo y resultaría casi blasfemo. Quienes preguntaban eso no conocen la frase del profeta Oseas (11,9): no destruiré a mi pueblo “porque soy Dios y no hombre”.

Coronavirus, castigo de Dios

Totalmente de acuerdo. Pero cualquier investigador sabe que lo decisivo para llegar a una buena conclusión es hacer todas las preguntas necesarias. Y temo que estemos utilizando esa respuesta de que la covid no es un castigo de Dios, como excusa para no hacernos otra pregunta decisiva: nuestro mundo actual ¿puede vivir con la conciencia tranquila?; ¿no se merece más bien un castigo muy serio? Aunque la pandemia no sea un castigo de Dios, eso no significa que no valga de nuestro mundo lo que escribió antaño sobre la Sudáfrica del apartheid el gran A. Nolan: “Dios está tremendamente enojado con Sudáfrica. Lo digo con toda seguridad”.

A veces, la misma naturaleza tiene eso que los griegos llamaban una némesis (una ley de venganza inmanente), que se expresa también en el refrán castellano: “el que la hace la paga”. No siempre, por desgracia, pero algunas veces sí que sucede eso. ¿No podría ser algo de eso la covid?

Y lo que esa pregunta quiere decir es que andamos muy necesitados de un examen de conciencia muy serio que nos negamos decididamente a hacer. Y que, dejando en paz a Dios, la pandemia puede ser una invitación apremiante a ese examen. Pero parece que en vez de afrontar esa pregunta preferimos volver a nuestra antigua anormalidad.

Examen de conciencia

Para evitar eso nosotros hemos de hacer nuestro propio examen (no el de EEUU ni el del mundo). Y bien: nos hemos hartado de oír que España es el país de toda la UE donde más crece la pandemia. ¿Nos atreveríamos a preguntar si ese dato tiene algo que ver con el hecho de que España es, en estos momentos, uno de los países más individualistas y más insolidarios de toda la UE? Pero quien pregunte eso será tachado en seguida de poco patriota y de populista. Es mucho mejor aprovechar el dato para criticar al gobierno (que está actuando más o menos como los otros gobiernos europeos) y ver si así puedo ponerme yo en su lugar.

Algún ejemplo rápido: ¿cómo se puede decir que “mi partido no firmará unos presupuestos si los firma también tal otro grupo”? ¿No saben aún esos políticos que lo importante de unos presupuestos no es el quién (los firma) sino el qué (qué pretenden ingresar y gasta y cómo)? Que algo tan intolerante lo afirme alguien que pretende ser de izquierdas, solo indica hasta qué punto ha perdido hoy identidad nuestra izquierda burguesa. Un buen examen de conciencia le iría muy bien a nuestras izquierdas.

¿Y si pensáramos en los impuestos?: “No es hora de subir impuestos” dicen los sofistas de turno. Una frase general que intenta enmascarar otra gran verdad. No es hora de subir los impuestos indirectos (que afectan por igual a todos y que son los primeros que subimos): y si quieren bajar impuestos que bajen el IVA que es de los más injustos. No es hora de tocar los impuestos de la clase media y baja; pero sí los de las grandes fortunas, que son en realidad grandes robos. También nuestras derechas necesitan aquí un buen examen de conciencia.

Son solo ejemplos pero hay muchas culpas similares a esas. Este es nuestro mundo. Y si eso tan elemental nos negamos a verlo, no es de extrañar ni el que tengamos pandemias ni el que haya casos tan dramáticos como el de la entrevista de La Contra que abrió estas reflexiones.

En cualquier caso, querido lector, estés o no de acuerdo, mira de encontrar esa entrevista. No te arrepentirás.

 

José I. González Faus

Religión Digital

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