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AÑO DE LA BIBLIA (SEPTIEMBRE). LOS PROFETAS (I)

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La Biblia hebrea se divide en tres partes: La Ley, Los Profetas, y Los Escritos. En la escena de la transfiguración aparecen Moisés y Elías dando testimonio de Jesús. Ya hemos comentado que, para los cristianos, la Ley es un lejano punto de referencia; en cambio los profetas son importantes porque prefiguran la imagen de Jesús, y sus escritos sirvieron, a falta de testigos inmediatos, para elaborar el relato de la Pasión. Más aún, la espiritualidad de Jesús fue profética, aunque la ampliación y la dispersión de las comunidades nos convirtieron en una religión dogmática y cultual (aunque no falten profetas “a contracorriente”). San Pablo reconocía la profecía como un carisma que manifestaban algunos miembros de sus comunidades, y éstas no tenían una organización jerárquica sino carismática.

¿Qué es un profeta? ¿Cuáles son sus características? Para un conocimiento más completo recomendamos los seis capítulos que José Luis Sicre le dedica en su Introducción al Antiguo Testamento. Nosotros resumiremos y comentaremos aquí las ideas más importantes.

Tenemos una imagen general de los profetas, pero entre ellos hay importantes diferencias en el tiempo que dedican a esta actividad (desde unas horas a toda la vida), en el modo de entrar en contacto con Dios (visiones, audiciones, incluso danza), la manera de transmitir el mensaje (palabras, acciones simbólicas), y la función que desempeñan en la sociedad (sacerdotes, campesinos, consejeros reales).

También solemos generalizar, para todos, lo que solo es una característica particular de algún profeta. El error más común es identificar a los profetas como anunciadores del futuro (se malinterpreta pro-fhêmi como pre-decir). El mismo evangelista Mateo, que quiere garantizar a los judeocristianos que Jesús es el Mesías anunciado, repite varias veces la expresión “así se cumplió lo anunciado por el profeta…” Más circunstanciales han sido las imágenes del profeta como un solitario, apartado y refractario a la sociedad, o por el contrario como promotor del culto divino. Actualmente se exalta más la imagen del profeta como un reformador social que clama frente a los poderosos por la justicia social.

Frente a estas imágenes ciertas pero parciales, Sicre señala algunos rasgos esenciales comunes a todos los profetas. Una persona (hombre o mujer) carismática, inspirada mediante un contacto personal con Dios que le transmite un mensaje o un reproche a los políticos, a los sacerdotes o al pueblo. Es una persona independiente de las estructuras políticas o religiosas, frecuentemente amenazado por ellas porque va “contra corriente”, como un “perturbador de Israel”. Todos estos rasgos podemos apreciarlos también en la vida de Jesús. Más concisa, la definición que le oí a un pastor protestante: “el profeta denuncia y anuncia”; realmente los profetas anunciaban el perdón y la restauración de las promesas de la Alianza.

Al analizar hoy estas características tenemos que tener en cuenta, como dice Xabier Pikaza, que toda la Biblia está escrita con un pensamiento y lenguaje teísta, con una concepción de un Dios personal que interviene directamente en la Historia e incluso se comunica con los humanos de una manera explícita y clara. Actualmente muchos teólogos rechazan esta idea teísta de Dios, y acentúan la autonomía y libertad humana; sin embargo tampoco llegan a un deísmo que desvincule totalmente a Dios de la vida de las personas, que creó “a su imagen y semejanza”. Cómo se explica esta intervención indirecta, o esta influencia de Dios, depende de cada escuela o de cada autor. A mi gusta comparar la intervención de Dios como la influencia que ejerce en nosotros un padre o un amigo.

Quizás podamos concebir a los profetas antiguos y actuales (en sentido estricto y, más frecuentemente, en sentido amplio) como personas profundamente espirituales, que han experimentado un contacto (de tipo místico) con la realidad última que nos constituye (que llamamos Dios), y que interpretan los signos de los tiempos como mensaje espiritual o social para la sociedad a la que pertenecen. En esta línea podemos considerar profetas a Gandhi, Luther King, Monseñor Romero, y otros muchos, como sucedía en las primeras comunidades cristianas.

La lectura de los profetas se nos puede hacer tediosa porque tienen repeticiones de oráculos pronunciados en diversos momentos sobre un mismo tema y sobre situaciones propias de su espacio y tiempo, en un lenguaje simbólico, que a veces necesita una explicación. Convendrá por tanto seleccionar los pasajes (que suelen estar titulados) según nuestros intereses, porque tratan temas profundamente humanos que también nos afectan, y están expresados con imágenes poéticas de gran energía, unas veces con ternura y otras con un realismo y crudeza, que no necesita ninguna explicación. Sicre dedica un capítulo a reescribir algunos de estos pasajes que nos parecen inexpresivos, pero que en nuestro lenguaje actual nos resultan “políticamente incorrectos”, y que algunos considerarán hasta ofensivos.

Otros problemas son determinar el autor o autores de un texto, el proceso de formación, la fecha, distinguir entre los verdaderos y los falsos profetas, entre verdadera inspiración y pronósticos sensatos, entre profetas en sentido estricto o en sentido amplio; pero estos son problemas para los expertos.

Los comentaristas suelen agrupar a los profetas bíblicos en tres etapas: I desde los orígenes hasta Amós (s. XIII - IX); II desde Amós al destierro (s. VIII - IV); III desde el destierro hasta el final de la profecía (s. VI – III).

I Desde los orígenes hasta Amós (s. XIII-IX)

Dada la ambigüedad del concepto de Profeta (tanto entre los autores bíblicos como entre los críticos actuales) es difícil determinar una lista de profetas, sobre todo en esa primera época; no hay una definición establecida, y a veces se habla en sentido más restringido y otras veces en sentido amplio. Se puede considerar profeta a Abraham y a Moisés, pero nuestra idea sobre ellos no gana nada nuevo con añadirles este título. Se ganaría mayor aprecio por Miriam, la hermana de Moisés, y por Débora, jueza y guerrera. Más conocido es Samuel (s.XI), juez y sacerdote, porque ya de niño recibió un mensaje de Dios, y por la institución de la monarquía y las denuncias de las injusticias.

Durante la monarquía destacan algunos profetas como consejeros del rey y críticos de sus injusticias, citaremos a los principales. Natán, especialmente recordado por su valiente crítica al rey David con su famosa parábola del rico que mata para su banquete la única oveja del pobre (2 Sam 12). Esta denuncia de Natán inició la tradición profética de Israel; “a partir de Natán no hubo monarquía absoluta en Israel”, porque toda autoridad política o religiosa quedaba explícitamente sometida a la Ley de Jahvé (Spong).

Elías (s. IX), es uno de los profetas más importantes para interpretar los relatos de los evangelios. Es reconocido en la figura de Juan Bautista como el profeta que vendría a preparar la llegada del Mesías, y está con Moisés en la Transfiguración dando testimonio de Jesús. Profetizó en el Reino del Norte, fue acérrimo defensor del yahvismo en momentos críticos, y desafió, venció y degolló, a los (falsos) profetas de Baal (dios de la naturaleza, fecundidad y orgías) en el monte Carmelo (1 Reyes 18).

Su leyenda es de las más extraordinarias; repite patronos como el paso del Jordán o la multiplicación del pan, pero introduce otros como la resurrección del hijo de la viuda que le hospedó (1 Reyes 17), precedente para el mismo milagro de Jesús, y sobre todo el ser arrebatado hacia el cielo por un carro de fuego (2 Reyes 2,11-14).

Destaca sobre todo su experiencia mística del paso del Señor: “El Señor le dijo: sal y ponte en pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasar! Vino un huracán tan violento que descuajaba lo montes y hacía trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto vino un fuego; pero el señor no estaba en el fuego. Después del fuego se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió fuera y se puso en pie a la entrada de la cueva. Entonces oyó una voz que le decía ¿qué haces aquí Elías?” (1 Reyes 19,11-13).

Eliseo (s. IX), a quien Elías traspasó su espíritu (2 Reyes 2,8-15), es el profeta del que se cuentan más milagros, de los que el evangelio de Lucas cita la curación de Naamán el Sirio (2 Reyes 5). Tanto a Elías como a Eliseo solamente los conocemos por los relatos respectivos a Elías en 1 Reyes 17,1 a 2 Reyes 2,1; y Eliseo en 2 Reyes capítulo 2 al 7, porque ellos no dejaron ningún escrito.

Vídeos de las conferencias en la Escuela de Formación en Fe Adulta (EFFA)

José Luis Sicre: Libros proféticos. Para los primeros cristianos, los libros proféticos eran los más importantes del antiguo testamento. Pero, ¿qué imagen tenemos de los profetas? Para algunos, son anunciadores del mesías; para otros, reivindicadores de los derechos sociales; adivinadores; funcionarios del templo; etc. ¿Tienen fundamento todas estas imágenes? ¿En qué medida son mensajeros de Dios?

 

Bibliografía

José Luis Sicre: “Introducción al Antiguo Testamento” ed verbo divino, 2016. Tema IV Los Profetas.

Xabier Pikaza: “Ciudad Biblia. Una guía para adentrarse, perderse y encontrarse en los libros bíblicos”. Ed verbo divino 2019. Antiguo Testamento, 4 Profetas y Apocalíptica.

John Shelby Spong, obispo anglicano: “Orígenes de la Biblia”, c. 10 - 20. Traducción digital facilitada por: Asociación Marcel Légaut, http://marcellegaut.orghttp://johnshelbyspong.es.

Estos capítulos de Spong recrean el mensaje y la vida de cada profeta brevemente y como una crónica de actualidad.

Luis Alonso Schökel: Nueva Biblia española. Ed Cristiandad 1975. Introducción a cada uno de los profetas.

Biblia Traducción Interconfesional (BTI). Ed Biblioteca de Autores cristianos, Editorial verbo divino, Sociedades Bíblicas Unidas, 2008. Introducción a cada uno de los profetas.

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