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RAIMON PANIKKAR (1918-2010): UN ARTISTA DEL DIÁLOGO

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El 26 de agosto de 2010, terminando mis vacaciones de verano, recibí la llamada de Salvador Pániker para comunicarme el fallecimiento de su hermano, sabedor de nuestra amistad y sintonía. Enseguida pensé en el vacío que dejaba y en la orfandad en la que nos quedábamos muchos de sus amigas y amigas, seguidores de su pensamiento y de su itinerario vital. Los días siguientes fueron de inmersión en sus obras para aliviar la ausencia.

Mi relación con Raimon se inició en los Congresos de Teología, de la Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII, en varios de los cuales participó. Recuerdo su sugerente conferencia sobre “Dios en las religiones” que pronunció en el V Congreso sobre “Dios de vida, ídolos de muerte” en 1985, donde afirmó: “lo importante y urgente es el reconocimiento teórico-práctico (adoración) de un Dios vivo y sin ídolos. De ahí este Congreso. Pero ‘Dios’ puede convertirse en un ídolo más. Un dios del que se habla es ya un ídolo: no habla”. ¡Magistral!

Desde entonces nuestra comunicación fue muy fluida por carta, en aquellas tarjetas blancas de letra menos ininteligible que si escribiera en sánscrito, en conversaciones telefónicas y encuentros en congresos sobre interculturalidad y diálogo interreligioso. He leído buena parte de su producción bibliográfica, siempre aprendiendo y enriqueciendo mi vocabulario con sus neologismos. Algunos de sus libros los tengo dedicados y de varios he hecho reseñas. Ahora sigo recibiendo –y disfrutando de– los volúmenes de sus Obras Completas, que publican Herder y Fragmenta, dos prestigiosas editoriales de las que también soy autor gracias a la generosidad de sus editores Raimund Herder e Ignasi Moreta, respectivamente.

¿Quién era, quién es Raimon Panikkar? Sirva como aproximación a su genio y figura la lúcida y certera definición que ofrece el teólogo colombiano José Luis Meza Rueda, profesor de la Universidad Javeriana de Bogotá, de la rica y compleja personalidad del intelectual catalán en su excelente obra La antropología de Raimon Panikkar (Universidad Javeriana, Bogotá, 2010): “Filósofo y teólogo; místico y maestro; políglota y poeta; cristiano, hindú, buddhista y secular; ciudadano del mundo y estudioso de las culturas y las religiones… De ideas desconcertantes y fascinantes, de un pensamiento agudo, pero problematizador, de una pluma prolija e insistente, de grandes admiradores pero también de grandes detractores”. Yo añadiría otro reconocimiento, el que da título a este artículo: “artista del diálogo”.

En 2015 leí con verdadera fruición el libro Raimon Panikkar. Una biografía (traducción de Jordi Pigem, Fragmenta Editorial, Barcelona 2014, 366 págs.), de Maciej Bielawski, teólogo, escritor, pintor y profesor polaco que actualmente enseña en la Universidad de Verona (Italia). Diez años después de su fallecimiento quiero hacer memoria de Raimon teniendo como hijo conductor esta magnífica biografía, literariamente brillante, históricamente fiable, con un riguroso y profundo conocimiento de la filosofía y la teología de Panikkar.

Está escrita con sentido crítico, sin concesiones a la cercanía ideológica del biógrafo con el  biografiado, pero reconociendo, eso sí –y es de justicia– el ingenio a flor de mente, la brillantez literaria, la originalidad intelectual y la permanente creatividad de uno de los filósofos y teólogos españoles más importantes del siglo XX y principios del siglo XXI. Un intelectual que trasciende los límites geográficos patrios y se convierte en figura internacional del pensamiento intercultural e interreligioso.

Me parece especialmente relevante –y no puramente anecdótico– la referencia con la que suelen comenzar las biografías de Panikkar, y esta también: “hijo de madre catalana y católica y de padre indio e hindú”, ya que la doble herencia paterno-materna va a marcar su vida entre dos culturas. Algo que a mí siempre me resultó apasionante y que dio lugar al relato certero de un “Panikkar plural” tras el que se esconde el misterio plural de su inter-identidad: el budhista y el cristiano, el hombre secular y el hindú, el catalán y el indio, el filósofo y el teólogo, el sabio y el místico, el sacerdote y el escritor, el predicador y el conferenciante, el viajero y el contemplativo, el amigo y el marido, el hijo y el hermano, el joven y el anciano.

Pero la diversidad de Panikkar no es dispersa y caótica, sino “misteriosamente unificada”. De ahí que el propio biógrafo relativice el género literario de biografía, aunque aparezca en el título, porque “la existencia no es solo cronológica, sino polifónica y, por ello, el arte de la vida no reside en la coherencia, sino en la armonía”.    

La imagen que, creo, mejor le define es “su andar por mil caminos... en movimiento perpetuo”: Barcelona, Bonn, Madrid, Salamanca, Roma, Milán, India, Munich, Harvard, Santa Bárbara… y su destino final, Tavertet, pequeña población catalana donde vivió las últimas décadas. Allí fundó el Centro de Estudios Interdisciplinares “Vivarium” y allí murió.

Bielawski recuerda sus más de sesenta años de sacerdote y su difícil relación con la Iglesia católica, la larga pertenencia al Opus Dei, los conflictos con la Obra y su abandono, su matrimonio civil con la prestigiosa filósofa María González-Haba. Este itinerario aparentemente tan contradictorio y errático del místico de Tavertet, lejos de ensombrecer su vida, la enriquece y confirma la imagen del “Panikkar plural”, que no dual, de la que he hablado más arriba.

En el centro de la reflexión y de la vida de Panikkar e encuentran la filosofía, la cultura y la religión de la India, que estudió en profundidad y dejaron una huella indeleble en su persona. “La India me ha liberado del miedo”, le oí decir en más de una ocasión. Desde su llegada al país del Sur asiático fue una persona libre, liberadora y liberada. Liberada sobre todo de los teísmos, de los que, en un texto antológico de Ecosofía. Para una espiritualidad de la tierra, dice: “Estamos ante la crisis de todos los teísmos: monoteísmo, deísmo, politeísmo, panteísmo, ateísmo, la crisis de una concepción que se empeña en colocar a Dios en un lugar especial, tanto si este lugar no existe (ateísmo), como si está arriba, dentro o en todas partes”.

La obra escrita de Panikkar es ingente, casi inabarcable. Siguiendo a Bielawski, podemos agruparla torno a cinco círculos concéntricos o ejes temáticos, perfectamente interrelacioandos:

- a) Diálogo interreligioso, intrarreligioso e intercultural, cultura de paz y crítica del “colonialismo tecnocrático y monetario”.

- b) Espiritualidad y experiencia mística, que es el eje de todos sus escritos.

- c) “Cristofanía”, cuya obra más representativa es La plenitud del hombre. Una cristofanía, donde va más allá tanto de las cristologías tradicionales como de las recientes investigaciones sobre el Jesús histórico e indaga en la experiencia mística de Jesús de Nazaret.

- d) Cosmoteandrismo, neologismo de Panikkar con el que pretende ofrecer su visión holística de la realidad donde todo está relacionado con todo. Su obra más significativa es La intuición cosmoteándrica.

- e) Ecosofía y teofísica, donde se muestra como científico y teólogo y descubre que la Tierra posee su propia sabiduría y los seres humanos tenemos que aprender de ella.

Panikkar es comparado con frecuencia y merecidamente con pensadores como Sankara y Ramanuja, Agustín de Hipona y Tomás de Aquino, Buenaventura y Gregorio Palamas, el sufí Ibn Arabi, el científico evolucionista cristiano Teilhard de Chardin y el filósofo Martin Heidegger. Su obra ha influido decisivamente en las distintas tendencias filosóficas y teológicas de nuestro tiempo, sobre todo en la teología interreligiosa con El Cristo desconocido del hinduismo y El silencio del Buddha, y en la filosofía intercultural con Sobre el diálogo intercultural y otras obras relevantes. De ambas fue pionero y uno de sus principales cultivadores.

Su pensamiento está siendo estudiado por numerosos investigadores, discípulos y discípulas, que descubren en cada investigación nuevas dimensiones de su rica personalidad y de su complejo pensamiento. Son los “seguidores de su espíritu”. Espíritu que se caracteriza dialécticamente por la rebeldía pacífica, la concordia discorde y la presencia ausente.

Biografía y bibliografía se encuentran en perfecta armonía en el filósofo de Tavertet: “su obra es toda su vida...; sus escritos son su autobiografía”. Ambas constituyen un ejemplo de síntesis entre Oriente y Occidente y de vivencia pacifica del pluriverso cosmovisional del sabio retirado los últimos años de su vida nonagenaria en las montañas y en comunión con el cosmos. Palabra y silencio: he aquí la mejor síntesis de la vida de Panikkar. “También el silencio es comunicativo” escribe en El silencio del Dios. “Quien no ha gustado del silencio no saborea la palabra”, afirma en El silencio del Buda.

Achille Rossi definió a Panikkar como “artista del diálogo”: diálogo entendido como talante y talento, sentir y pensar, compartir y convivir, actitud ante la vida y método en la búsqueda de la verdad, razón y experiencia, sapiencia y nesciencia, saber y sabor, concordia y discordia. Doquiera estuviere se encontraba como en su casa: en Oriente y en Occidente, entre California y la India, en la mirada contemplativa oceánica del Índico y del Pacífico.

 

Juan José Tamayo

Religión Digital

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