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¿DÓNDE ESTÁN LOS PROFETAS? PARECE QUE LA SOCIEDAD Y LA IGLESIA SE HAN QUEDADO AFÓNICAS

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No tiene desperdicio. Nos evoca la memoria de Pedro Casaldáliga recién fallecido: “Todo es relativo, menos Dios y el hambre”. Ya solo se oye la voz profética del obispo de Roma, Francisco. Se necesitaba esta carta de las Teólogas y Teólogos de diversas iglesias.

Parece que la sociedad y la Iglesia se han quedado afónicas. Ya no se oye aquel grito '¿Dónde están los profetas?' ¿Por qué se ha silenciado la Teología de la Liberación? ¿Quién reclama hoy el 0,07%?

Las Teólogas y Teólogos han escrito una carta de amistad, que parte de estas palabras de San Romero de América: “La Iglesia debe predicar su palabra para salvar del pecado, de la esclavitud; para derribar la idolatría y proclamar al único Dios que nos ama… aunque eso signifique Cruz y humillación, pero nunca traicionar su mensaje”.

Ciertamente la carta pone el dedo en la llaga. Claman con el salmista: “Muchas son las angustias del justo” (Salmo 34, 20). Describen y hacen un análisis de la realidad, el VER de nuestra realidad de América Latina y el Caribe.

Se ha convertido en el epicentro mundial de la pandemia: Millones de contagiados, miles de fallecidos y de desempleados, viviendo situaciones de hambre, miedo, xenofobia, aporofobia, que mueren por falta de oxígeno, medicinas, alimentos, que viven en condiciones indignas, en soledad y llanto; y los niños sin escuela, sin espacio para jugar y sin comer.

Se ven esfuerzos para reactivar la economía, con leyes que excluyen a los pobres y como siempre el capital por encima de la persona. Es fácil decir a los pobres “quédense en casa”, pero de qué viven, qué comen si no trabajan. Es fácil decir que estamos todos en el mismo barco. Pero no hay un solo barco. Unos viajan en yate y otros se aferran a tablas y otros, más de 200.000 ya no nos acompañan en el viaje.

Los responsables no atienden a las mayorías empobrecidas y desangradas. Se comprueba que si no les mata el Covid-19, les mata la corrupción y la pobreza.

¿Cuál es la “nueva normalidad”? El sufrimiento, la explotación, la exclusión, el confinamiento.

La carta que presentamos afirma que según Oxfam, la Cepal y la Fao los ricos de América Latina y el Caribe son hoy un 17% más ricos, a costa de 16 Millones de nuevos empobrecidos, subidos en la informalidad laboral, autoempleo, explotación, especialmente de mujeres, migración forzada, trata de personas, asesinatos, incremento de la delincuencia y de economías ilícitas: Narcotráfico y contrabando.

Pero la carta también abre la puerta de la esperanza, puesta en Dios. Claman al Señor con confianza (JUZGAR): “El pobre grita y el Señor le escucha y le salva de sus angustias” (Salmo 34, 7. Job. 16, 18 - 19). En la misma línea insiste el Éxodo 3, 7 – 8: “Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo y he escuchado su clamor en presencia de sus opresores; pues ya conozco sus sufrimientos. He bajado para librarle y para subirle a una tierra buena y espaciosa, que mana leche y miel”.

Pero no se queda la carta solo en la denuncia, se agarra a la palabra liberadora y sanadora de Jesús de Nazaret y alientan el compromiso contra la idolatría del mercado (ACTUAR). “Ídolos que mercantilizan la salud y la educación, ocultando que lo que vivimos es fruto de la depredación del ecosistema, en nombre de la maldita acumulación” “¡Ay de ustedes los ricos!, porque han recibido su consuelo.

¡Ay de ustedes, los que ahora están hartos! Porque tendrán hambre. ¡Ay de los que ríen ahora, porque tendrán aflicción y llanto!” (Lc. 6, 24 - 25).

Efectivamente la carta levanta la bandera de solidaridad, que comparte medicinas y alimentos en las ollas solidarias, en mil gestos del pueblo, de empresarios, de samaritanos, que siguen la huella del profético y carismático obispo de Roma, Francisco.

Finalmente nos invitan en la carta a “organizar la esperanza” y yo añadiría y la solidaridad. Decía Ignacio Ellacuría: “la verdad de la realidad, no es lo que hemos hecho hasta ahora, sino lo que nos falta por hacer” en este mundo desigual, injusto, vertebrado, pero sin dejar de ser apasionante: Redoblar cuidados, sin perder la alegría, apostar por la compasión sin perder la esperanza, levantar la voz indignada y endurecida sin perder la ternura.

En medio de todo está el Dios de la historia que se humanizó en Jesús de Nazaret para humanizar y hacer habitable este mundo deshumanizado y no habitable para todos.

No queda otra que aceptar con alegría y compromiso el reto y desafío que nos presenta el futuro.

Religión Digital, dirigida por José Manuel Vidal, además de informar, formar y conformar es hoy la mejor fuente de información sobre la realidad eclesial y social.

Gracias

 

Nicolás Castellanos

Religión Digital

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