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LA IGLESIA DE LOS POBRES NO ES UNA MODA DE PONTIFICADO, ES UNA OPCIÓN TEOLÓGICA

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Con la llegada del obispo de Roma, Francisco, se estrena un nuevo paradigma eclesial. Este vocablo de origen griego, significa modelo y se utiliza en la investigación. Siempre se investiga desde un modelo, tanto en las ciencias como en la pastoral. Pero los modelos se gastan y se agotan. Y no queda más remedio que cambiar de paradigma, porque el viejo ya no sirve, ni ofrece respuestas, ni soluciones a los problemas de hoy.

El modelo de Iglesia antes del Papa bueno, Juan XXIII, era extremadamente rígido, centralizado, “romano”, con un estilo de poder, muy clerical; según Francisco el clericalismo es un cáncer en la Iglesia. La situación eclesiástica la describe y condena el gran teólogo perseguido y al final nombrado cardenal por Juan Pablo II, Yves Congar, que se expresa así: Absolutizan una eclesiología en la que “hay un Papa que lo piensa todo, que lo dice todo y obedecerle es lo que constituye a uno como católico… Es una concepción de Iglesia en la que no queda más salida que repetir y orquestar totalmente los posicionamientos del Papa, sus “effata”, oráculos, exclamando: ¡Realmente es genial!... Para mí es una evidencia que Roma sólo ha buscado siempre y busca ahora una sola cosa: La afirmación de su autoridad… Toda la historia de Roma es una reivindicación asumida de su autoridad, y la destrucción de todo lo que no acepta otra cosa que no sea la sumisión”.

Lo mismo que en la Edad Media, el papado, con su Curia, tomó la forma que ha regido en la historia, el obispo de Roma, Francisco, con el mismo derecho diseña un nuevo paradigma de Iglesia, inspirado en el Evangelio, en la gran tradición, en los signos de los tiempos, interpretados a la luz del Evangelio, que sabe estar en la cresta del cambio, caminar contra corriente que sabe discernir todo lo bueno, válido y bello.

Y aunque no le guste a ciertos grupos, Opus Dei, Comunión y Liberación, Heraldos del Evangelio… que se atreven a llamarle a Francisco hereje. El obispo de Roma, Francisco, con su mensaje profético y parresia, sin miedos, nos ha diseñado los parámetros de la Iglesia hoy. Una Iglesia de los pobres y para los pobres, no por ser una opción ideológica, ni una moda del pontificado, sino por ser una opción teológica y cristocéntrica, que escucha la voz de los pobres y de las víctimas.

Porque el grito de los pobres se hace cada vez más fuerte, pero también menos escuchado, sofocado por el estruendo de unos pocos ricos, que son siempre menos, pero siempre más ricos. En este paradigma de Francisco, lo que cuenta es lo pequeño, lo suficiente, lo austero, las presencias en las periferias humanas y geográficas, porque la fuerza no está en el poder, sino en la Palabra, en la Profecía, en la Cultura del Encuentro, en el Anuncio de la oferta gratuita del Reino y la ecología integral; y en la aplicación de la Pastoral Social y en la denuncia de ese mundo basado en la injusticia, en la desigualdad, y en la injusta distribución de la riqueza.

En definitiva, una Iglesia en salida, samaritana, experta en humanidad, identificada con el proyecto de humanización de Jesús que cuida igualmente las tres dimensiones de la comunidad cristiana la fe, celebración de los sacramentos y la dimensión social y caritativa, hoy muy devaluada porque existe un criterio generalizado de una Iglesia centrada solo en los sacramentos.

 

Nicolás Castellanos

Religión Digital

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