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MUJERES A LA SOMBRA DE LA CASULLA: LAS ESPOSAS DE LOS CURAS SECULARIZADOS HACEN OÍR SU VOZ

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Los sacerdotes casados son una realidad invisibilizada, pero sus compañeras y esposas lo son aún más. Gabriel Pabón, sacerdote colombiano retirado del ministerio, comenta que la realidad de los sacerdotes católicos casados, debe comenzar por la valoración de sus esposas: “Yo considero que la dignidad a la mujer empieza por reconocerle nosotros dentro de nuestro hogar, en las más pequeñas cosas, en los pequeños detalles”. Una familia no la forma sólo el varón. En todos casos, anota Fabián Contreras, también sacerdote colombiano retirado del ministerio, “El papel de ellas ha sido fundamental para avanzar en este camino; muchas han tenido que sufrir el aislamiento en su embarazo, ocultarlas para evitar el escándalo, otras aguantar el peso del verse relegadas a la sombra de la casulla”.

Los testimonios de cinco mujeres, esposas de sacerdotes latinoamericanos retirados del ministerio permiten escuchar sus voces, su experiencia personal y familiar de maduración en la fe para llevar a la práctica en el hogar lo que predicaban sus esposos desde el púlpito. Las críticas iniciales de sus allegados con el pasar de los años se fueron cambiando por respeto, ayuda y admiración.

Familia de Ángel Muñoz COLOMBIA

Inés Pachón, esposa de Ángel José Muñoz (Colombia)

La vivencia de la fe en este tiempo ha crecido mucho. Siempre oramos en familia, con nuestros dos hijos Laura Inés y Ángel Gabriel. Le he tomado mucho más amor y respeto a la Eucaristía, nunca nos apartamos de ella. A nuestros hijos desde pequeñitos y por qué no decirlo, desde el vientre, les hemos inculcado la fe que nosotros profesamos; y hoy en día, aunque nuestros hijos son profesionales, nos acompañan a orar sobre todo el santo rosario y también nos acompañan a la Misa cuando pueden.

Con la comunidad en muchas ocasiones nos tienen como ejemplo de un hogar lleno de Dios y de amor. Nuestros vecinos nos admiran y nos respetan mucho. Siempre hemos estado con la verdad de que mi esposo fue sacerdote. Nunca mi esposo se ha alejado de la Iglesia y sigue dándonos buen testimonio de fe y amor a Dios.

Mi experiencia personal de compartir mi vida con un sacerdote retirado del ministerio ha sido muy positiva. Siento que Dios me hizo un gran regalo y a través de mi esposo me he acercado más a Dios, lo he conocido y amado más; le doy gracias a Dios todos los días de haberme regalado ese gran esposo y padre de mis hijos. Veo cómo los sacerdotes que nos conocen y que fueron alumnos de Ángel, nos ven y acogen con mucho aprecio. En mi esposo veo, conozco y amo más a Dios. Para nosotros, mis hijos y yo, sigue siendo nuestro sacerdote en esta iglesia doméstica que es nuestro hogar”.

Familia de Daniel Fernández ARGENTINA

Adelina Casal, esposa de Daniel Fernández (Argentina)

Mi experiencia compartiendo la vida con Daniel ha sido desde el primer momento muy linda, donde lo que parecía imposible, teníamos un gran respeto y admiración mutua por la vocación del otro, se estaba haciendo realidad. Fue difícil, no por nosotros, sino por la mirada de los demás, sobre todo en lo que tenía que ver con nuestros vínculos eclesiales, muchos de los cuales no estaban de acuerdo. Nuestras familias siempre nos apoyaron.

También teníamos la preocupación de dar un testimonio coherente, cristiano. Hicimos un proceso de discernimiento, no fue un arrebato, los dos buscábamos la voluntad de Dios y pensamos que un amor así no podía estar alejado de Dios. Los dos compartíamos una fe profunda y habíamos hecho elecciones de vida por esa fe. Nos fuimos dando cuenta de que Dios nos pedía este nuevo paso y que era parte también de nuestro proceso vocacional. Lo difícil era que los demás pudieran verlo así y no como normalmente se ve, donde la mayoría piensa que uno se equivocó y que por eso ahora hace un cambio. Para nosotros era una experiencia integrada en la que Dios nos fue llevando por ese camino. Ninguno de los dos renegamos del camino recorrido, todo lo contrario, lo amamos y volveríamos a elegirlo, porque en cada paso fuimos felices. Estas fueron decisiones discernidas buscando con sinceridad la voluntad de Dios.

Se requirió tiempo para la aceptación de los demás. Al principio sentimos distantes a aquellos que habían sido referentes en nuestras vocaciones consagradas. Pero con el paso del tiempo, tanto uno como el otro, pudimos reconstituir esos vínculos e insertarnos más tranquilamente en una comunidad parroquial donde el común de la gente nos aceptó con plena naturalidad y los sacerdotes nos fueron encomendando tareas pastorales, que siempre hemos tenido la gracia de realizar juntos.

Nuestros hijos (de 10 y 7 años) participan de nuestra vida de fe y actividades parroquiales cada uno según su edad y su propio temperamento. Conocen nuestra historia y la han incorporado naturalmente. A veces nos sorprenden con sus preguntas “teológicas” y con sus afirmaciones de fe y de amor a Jesús. Pasados ya, más de diez años juntos, descubrimos que nuestra vida común es sumamente enriquecedora y es un don de uno para con el otro, para nuestros hijos y para aquellos que conocen nuestra realidad. Y todo esto porque Cristo es nuestra piedra angular.

Familia de José Manuel Ríos MÉXICO

Beatriz Quintero, esposa de José Manuel Ríos (México)

Al inicio fue difícil porque la sociedad te excluye, incluso la misma familia lo hace, sin embargo, siempre hay quien ofrece su mano y cariño sinceros. Esas personas son quienes construyen puentes, te abren puertas, y de esa manera demuestran su enorme corazón. Te hacen recordar que Dios siempre está ahí, para todos, sin discriminar, sin hacer diferencias. Y a pesar de las dificultades, el amor que hemos sentido el uno por el otro, nos ha mantenido unidos y fuertes; quizá por eso cuando las aguas han regresado a la calma, he me sentido la mujer más feliz, amo y me siento amada plenamente.

En ocasiones ha sido una prueba pues no siempre hemos pasado por buenos momentos, pero vivo con un hombre a quien era improbable amar, y con quien era imposible (para mí) vivir, más imposible era pensar en casarme con él. ¿Cómo dudar y olvidarme entonces de la existencia de Dios?

Tal y como nosotros lo vivimos, es nuestra tarea enseñarles a nuestros hijos que Dios es el Camino, la Verdad y la Vida, principio y fin, Alfa y Omega. No hay más.

Después de 9 años puedo decir que la familia de José Manuel nos ayuda muchísimo y nos quiere mucho más. Son una bendición en mi vida. Y con la comunidad, poco a poco he ido conociendo a algunos fieles que fueron cercanos a él y creo que, al verlo contento, han terminado por aceptarme, al menos eso creo.

Familia de Giovanny García VENEZUELA

Yesuamiry Velásquez, esposa de Joanny García (Venezuela)

Al principio de nuestra relación fue algo difícil, ya que sentí el distanciamiento y las críticas de personas que conocía, con las que hacía vida en la parroquia, por lo que decidimos que era mejor alejarnos un tiempo. Nos mudamos a otra ciudad para poder asistir a otra parroquia con mayor libertad. Sufría mucho cada eucaristía porque sentía un vacío, algo me faltaba, y muchas veces me sentía culpable, por no poder comulgar, ya que era consecuencia de esta relación.

Hoy en día, después de 17 años juntos,  ya estando casados por la Iglesia y teniendo 2 hermosos hijos, puedo decir con entusiasmo, que muchas cosas han cambiado para bien con nuestra comunidad de origen y de la cual un día nos tuvimos que alejar.

En estos tiempos difíciles hemos decidido acercarnos aún más a Dios por medio de la oración, lo que nos permite estar siempre unidos como familia.

A nuestros hijos de 16 y 5 años, los estamos educando en valores cristianos; queremos que conozcan a Dios y que lo amen sobre todas las cosas. Asistimos en familia a la misa y formamos parte de los grupos en la parroquia. Nuestros hijos deben conocer nuestra historia y experiencia de vida, eso les ayudará a crecer en la fe y en el amor.

Familia de Fabian Contreras COLOMBIA

Milena Melo, esposa de Fabián Contreras (Colombia)

Al inicio, la relación no fue nada fácil; los principios de familia, las reglas morales y  religiosas me inundaban e incluso atormentaban. Era un juego, citas a escondidas, miradas iban y venían, en fin un romance lleno de fe y pasión. De fe porque no perdía mi relación con Dios. Fue pasando el tiempo y la  relación va madurando, ya nos demandábamos más tiempo y empezó a surgir la necesidad de tomar una decisión "yo pensaba en una familia, él no tanto" pero yo necesitaba definir la relación.  Una vez decidió retirarse y organizarse conmigo tuvimos que asumir la crítica, la indiferencia por un lado, el apoyo y amor de otro.

Durante estos años no he dejado de vivir mi relación con Dios; cuando quedamos embarazados lo sentimos como regalo de Dios, después de varios intentos, así lo veíamos. Hemos educado a nuestro Hijo en los mandatos de Dios y de la iglesia. Vivimos como familia los sacramentos, hacemos oración, bendecimos la mesa y estamos esperando que pase la pandemia para acceder al sacramento del matrimonio.

Para concluir, la consideración del altísimo valor del testimonio del matrimonio cristiano, puesto de manifiesto en estas cinco historias de vida, no va en contravía de la admiración por el don del celibato por el reino de los cielos: “La realidad que vivimos quienes hemos dado el paso de formar un hogar no nos debe hacer olvidar lo que se vive cuando se ejerce el sacerdocio ministerial, días de soledad pero de amor, días de oscuridad pero frente a la lámpara de un Sagrario, días de llanto pero también muchos de felicidad. Esto lo digo para que nunca olvidemos a quienes viven un celibato convencido,” comenta Gabriel Pabón.

 

Dumar Espinosa

Religión Digital

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