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¿CÓMO VIVIR ESPERANZADOS?

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¿Cómo tener esperanza en este tiempo que nos toca vivir tan complejo, a causa de tanto sufrimiento que está ocasionando esta pandemia y este “parón” forzado, a todos los niveles? Y si el presente es complejo y ha causado tantas heridas y sufrimiento, el futuro se presenta todavía más alarmante; de hecho, ya se está dejando sentir el extremo de pobreza al que ciertas familias han llegado. Desde esta situación de preocupación ¿cómo estar abiertos a la esperanza? ¿Cómo levantarse cada mañana con ánimo de comenzar un nuevo día diferente, con un rayo de ilusión y de esperanza, con una actitud positiva?

Las noticias e informaciones que nos transmiten los profesionales de la salud, respecto a la evolución del Coronavirus, van mezcladas del optimismo respecto a la disminución de infectados y de fallecidos, al mismo tiempo que nos transmiten la preocupación por ese tiempo de “desescalada”. La insistencia en los cuidados y responsabilidad que cada ciudadano debe tener, por uno mismo y por todos, pues todos somos responsables de todos, y al cuidarnos personalmente también estamos cuidando a los demás. Es tiempo de remar, en este naufragio colectivo, todos unidos, con un mismo objetivo: vencer esta pandemia que tantas pérdidas humanas se ha cobrado, y tanto daño ha hecho y sigue haciendo.

La sensibilidad que se está despertando en los ciudadanos de cuidarnos y de remar en una misma dirección, ese pensar en “nosotros” y no solamente en “yo”, no deja de ser un rayo de esperanza, un principio de superación de la humanidad; algo está cambiando en nuestro comportamiento y en nuestra sociedad; una puerta se abre a la esperanza de un posible cambio en la aldea global que es nuestro mundo. Tal vez, el coronavirus nos ayude a salir de una cultura injusta, individualista, egoísta, cerrada en sí misma, marcando tantas desigualdades entre pobres y ricos; y nos abra a una cultura más comunitaria, más generosa, más abierta y sensible a las necesidades de los más pobres de la sociedad. Desde esta visión, podemos decir que la esperanza se ve ya en el horizonte llena de promesas solidarias.

El pueblo español está viviendo con gran responsabilidad este momento histórico que, en general, nos está marcando fuertemente. Esta experiencia única que estamos viviendo de confinamiento nos está cambiando por dentro; los testimonios son numerosos, tanto a nivel individual como colectivo. ¡Paradojas de la vida! El confinamiento nos está llevando a un cambio de mentalidad, de criterio, de actitudes y de deseos de vivir de valores esenciales; en definitiva, a un cambio de corazón. Este virus nos ha dado una oportunidad de aprender a estar consigo mismo y reflexionar. Y también a asumir la propia fragilidad y la fragilidad colectiva. Estamos viviendo la experiencia: en un abrir y cerrar de ojos todo lo externo puede cambiar.

La Palabra de Dios puede iluminarnos esta situación que vivimos tanto a creyentes como no creyentes: “Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios”. Este texto del profeta Ezequiel (36,24-28), me ha parecido muy alentador y reconfortante para la situación que estamos viviendo mundialmente. Él puede ayudarnos en nuestra reflexión personal y colectiva. ¿La pandemia, será la ocasión de dejarnos purificar desde dentro, de volver nuestra mirada al Dios de la Historia, cada uno como él lo conciba, y dejarnos transformar por la acción del Espíritu en hombres y mujeres nuevos, para juntos crear un mundo diferente al que hemos formado, donde realmente reine la justicia, la igualdad, la paz y la fraternidad universal, y el cuidado por nuestra casa común, nuestra Madre, tierra? Un rayo de esperanza se abre al horizonte. Abramos los ojos para visualizarla, y preparemos el corazón para acogerla, porque la esperanza nos infunde la capacidad de superar las mayores dificultades de la vida.

Este cambio que está provocando la pandemia, tanto a nivel personal como a nivel de instituciones, sean del orden que sean, está siendo ya un nuevo rayo de esperanza. Por duro que nos parezca este confinamiento puede ser una gracia, un tiempo privilegiado en nuestra vida. Este parón forzado nos está llevando a reflexionar, a entrar dentro de nosotros mismos para mejor conocernos, para descubrirnos y descubrir a quienes tengo a mi lado -para aquellos que viven en familia o comunidad-, pues el conocimiento personal es esencial. ¿Cómo avanzar en la vida desde una madurez adulta, si resulta que soy un extraño para mí mismo? Para muchos este tiempo de confinamiento les ha dado la oportunidad de cuestionarse y de reflexionar a la realidad de su existencia.

¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Dónde voy? ¿Cómo voy? Y ¿De qué medios dispongo para recorrer el camino de mi vida, para ser feliz y llegar al final de mi viaje hombre, mujer realizados? La vida es un largo viaje que empezamos en el momento que salimos del vientre de la madre y terminamos cuando nos acoge el vientre de nuestra madre tierra. ¿Me paro a pensar de qué manera y con qué medios cuento para hacer de “este gran viaje”, el gran viaje de mi vida?

Hemos sido creados para la felicidad para vivir en plenitud. El peligro está en creer que la felicidad nos viene desde fuera y por ello buscamos y la rebuscamos en el tener, en el poder, en el placer inmediato y pasajero, en el aparentar y en ser más que el otro, sin ser conscientes que la felicidad la llevamos dentro, y que nada de lo de fuera nos hará plenamente felices. Elijamos nuestro equipaje, aquel que realmente necesitamos para ser felices y hacer felices a los que nos rodean y con quien caminamos.

La felicidad es como una semilla que hemos de cultivar continuamente con los pequeños detalles de la vida cotidiana desde la honestidad, sinceridad, humildad, generosidad. Tal vez, este parón nos haya llevado a estas reflexiones o algunas otras que nos ayuden a avanzar por este camino que lleva a la verdadera felicidad, no a la felicidad del tener y el poder, sino a la felicidad del ser. De ser lo que yo soy, y no lo que la sociedad me impone que sea. Tomar conciencia de todo esto ¿no es otro rayo de esperanza?

Nuestra sociedad, nos aportaba cosas maravillosas, avances incluibles, hemos de reconocerlo y ser agradecidos; sin embargo, tal como estábamos viviendo es fácil constatar que muchas de las estructuras y leyes, así como distintas orientaciones políticas y mercado económico, más que ayudar al crecimiento de la persona para que viva en paz y en armonía con ella misma y los demás, lo que está haciendo es esclavizarla de mil maneras. Y, justamente, cuando uno es esclavo no es libre. Esta pandemia, entre otras muchas cosas, ¿habrá despertado en nosotros el deseo y la decisión de ser libres y de romper con tantas ataduras que nos esclavizan, con tantos “dioses extraños” que nos paralizan y nos roban lo mejor de nosotros mismos la grandeza y nobleza de creaturas creadas para el amor, la libertad, la sencillez y la verdadera relación de amistad y de fraternidad? Dejemos tantos “dioses” esclavizantes, empezando por el dinero y el poder, y volvamos nuestra mirada y nuestro corazón hacia Aquel que es una verdadera Esperanza y Liberación.

El himno de “Resistiré”, tan cantado y escuchado en estos días, tiene que continuar dándonos ánimos, vigor y fortaleza para seguir resistiendo, no solamente al coronavirus, sino tantos otros “virus” que la sociedad de consumo nos propone y nos hace creer que ellos van a darnos la verdadera plenitud, la felicidad. Rechacemos con fuerza tanta “pandemia” de consumo inútil, tanta moda alienante y tanta publicidad manipuladora y devastadora. Y que cada persona aprenda a ser ella misma, sin dejarse manipular por nadie ni por nada. Hemos de “ponernos a salvo de este mundo corrompido”. Esto ya se les decía san Pedro a las primeras comunidades cristianas (cf. Hch 2,40).

Pese a que la situación que nos toca vivir es muy compleja, nuca debemos perder la esperanza, la luz de la esperanza siempre debe de guiar nuestros pasos. Felices los que desconcertados por la prueba siguen esperando. Hay que seguir esperando para no caer en el desánimo y la mediocridad. La ilusión y el ánimo son importantes para salir adelante en situaciones donde no se ve el final de túnel. En tiempos difíciles cultivamos la psicología positiva que nos conduce a esperar contra toda esperanza. Y para terminar hago mías las palabras de Alexis Valdés en su poesía “Esperanza”: “Cuando la tormenta pase, te pido Dios, apenado, que nos devuelvas mejores, como nos habías soñado”; el talentoso cubano ha encontrado inspiración en COVID-19 y la ha querido transmitir como mensaje de esperanza.

 

Carmen Herrero Martínez, Fraternidad Monástica de Jerusalén.

ECLESALIA

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