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SALVADOR CALVO: “LA MITAD DE LOS 70 MILLONES DE DESPLAZADOS SON NIÑOS”

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nino hombros

 

Se estrenó a finales de enero sin mucho ruido y sin duda ha sido una de la películas revelación de este 2020. ‘Adú’ es la historia de un niño (Adam Naourou) y un adolescente (Moustapha Oumarou) que buscan alcanzar el sueño europeo, o quizás mejor escrito, huir de la pesadilla que viven en sus países de origen. No vaya a ser que pensemos que vienen por capricho y no por necesidad. Su historia se cruzará con la de dos españoles, un activista medioambiental (Luis Tosar) y su hija (Anna Castillo) que tiene que lidiar con un problema de adicción.

La película quizá fuera una más, pero ha revelado la necesidad que, como sociedad, tenemos de hablar de lo que está ocurriendo en las fronteras y en sus alrededores. Con el añadido de que la forma que tiene la televisión de contar estas historias solo buscan criminalizar al desplazado y nos endurecen el corazón.

La tercera pata de esta historia es la de la tragedia que supone estar como vigilante en el lado “bueno” de la frontera y el sufrimiento de lidiar con seres humanos que buscan algo que legítimamente está prohibido, pero que éticamente tiene todo el sentido.

Tuvimos la suerte de poder hablar con Salvador Calvo, director de la película, su segundo largometraje después de liderar la producción de ‘1898: Los últimos de filipinas’, sobre lo que ha supuesto este proyecto rodado en África y que pronto podremos ver en alguna de las plataformas digitales.

¿Qué te llevó a realizar esta película? ¿No crees que es un tema un poco arriesgado para comercializar en salas?

Si me hubieras hecho esta pregunta antes de que se estrenara te hubiera dicho que podría suponer un riesgo, pero después de los resultados de taquilla es obvio que no. La película toca un tema de plena actualidad y lo hace de una manera comprometida. Yo creo que eso ha hecho que el boca oreja haya funcionado y mucha gente se haya acercado a verla.

¿Por qué el protagonista es un niño y no un adulto?

Porque nos parecía terrible el hecho de que la mitad de los 70 millones de desplazados que hay en el mundo sean niños. Al final son los niños los que soportan las guerras y las injusticias sociales, y eso es terriblemente injusto.

¿Cómo fue el rodaje?

Fue duro, porque rodar en África siempre es duro, pero dentro de lo normal. Hacía mucho calor en febrero en Benin, pero contábamos con un equipo muy preparado y concienciado con la situación a la que nos enfrentábamos. Eso hizo que fuera relativamente con normalidad. Tengo que hacer mención especial a los de producción y dirección, que se dejaron la vida para hacer que todo funcionase correctamente: reserva de espacios, permisos de rodaje, traslados, infraestructuras, etc…

¿Has recibido alguna queja por la imagen que se refleja de la Guardia Civil?                   

El proyecto siempre se hizo en colaboración con la Guardia Civil. Ellos leyeron previamente el guion e incorporaron notas que enriquecieron la trama. Nuestro interés era contar los problemas que están sufriendo sus miembros en las fronteras de Melilla y Ceuta y así lo entendieron desde el primer momento.

En España hay algún caso de juicios, como el de la playa del Tarajal, en los que la justicia con los migrantes ha brillado por su ausencia. ¿Qué podemos hacer para que pueda haber justicia?

Yo no pretendo con esta película explicar qué es lo que hay que hacer y lo que no, sino exponer un problema, desde el mayor número de puntos de vista para que sea el espectador, adulto y maduro, quién se plantee de qué forma puede ayudar. La función que ha de tener el cine es la de generar preguntas no la de generar un discurso.

¿Cómo te has documentado? ¿Qué testimonios y ayudas has tenido para ello? Porque me imagino que la realidad siempre superará la ficción

Gracias a CEAR, Comisión Española de Ayuda al Refugiado, entramos en contacto con muchos migrantes que habían hecho ese terrible viaje que emprenden nuestros protagonistas. A eso sumamos el testimonio de guardias civiles que patrullaban el estrecho y la valla que cerca Melilla, agentes del Seprona encargados de la incautación de marfil y otros productos cuyo comercio está prohibido. Ellos, junto con los miembros de ADENA, nos documentaron sobre la problemática de la caza furtiva en África.

¿Qué feedback has recibido de la gente que ha visto la película?

El feedback de la película ha sido muy bueno, de hecho estamos felices y agradecidos por los comentarios que nos han hecho llegar. Es una película dura pero creo que no cae en el pesimismo, sino que deja una puerta abierta a la esperanza. En ese duro viaje los niños no solo encuentran cosas terribles sino que descubrirán la amistad, la generosidad, la lealtad, la libertad y el amor. Valores que les harán crecer hasta convertirlos en adultos. A pesar de lo dramático que es el tema, me gustaría con este proyecto ofrecer un horizonte de esperanza. Una esperanza anímica, emocional, que nos conmueva y nos lleve, al acabar la película, a sentirnos más humanos, a identificarnos con lo que a veces en los informativos son meros números y cifras, y tras los que se esconden vidas. Vidas como las nuestras, cargadas de sueños.

¿Qué opinión personal tienes sobre el tema de la inmigración? ¿Crees que Europa hace lo suficiente con los migrantes?

Creo que tenemos una deuda moral con África después de siglos de colonialismo y expoliación de sus riquezas, y desde luego comparto que el que construyamos vallas más altas, con cuchillas más afiladas o métodos más sofisticados de disuasión no va a hacer que les frene, simplemente va a hacer que pongan cada vez más en riesgo sus vidas, y eso es nuestra responsabilidad.

Como parece que volver al cine va a estar complicado en las próximas semanas, ¿habrá posibilidad de ver la película en alguna plataforma digital?

Desgraciadamente eso parece… pero pronto la podremos ver en Netflix.

 

José Luis Jiménez

Al Andar

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