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LOS ENFERMOS ME MIRAN, PEGADOS A LOS TUBOS, COMO SI RECIBIERAN UN POQUITO DE PAZ

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“Me disponía precisamente a salir para allí”. Así explica el padre Edisson Mesa Muñoz, en conversación telefónica con Religión Digital, que nuestra llamada le sorprende a punto de salir de su domicilio para ir al hospital a apoyar a los enfermos de coronavirus. “Me llaman y en cualquier comento voy. Ofrezco este servicio religioso las 24 horas”, describe, explicando que no son pocos los pacientes que solicitan acompañamiento espiritual en estos momentos de incertidumbre.

Edisson es el capellán del madrileño hospital Infanta Leonor, el más cercano al distrito de Vallecas. Como todos los centros sanitarios, estos días se está viendo abarrotado, ante la entrada de pacientes contagiados, y su funcionamiento es distinto, puesto que responde a los protocolos de prevención del Covid-19. Su capellán entiende las limitaciones a sus movimientos por los pasillos del hospital, como lucha preventiva, pero asegura que, cuando le llaman, se presenta en la habitación que sea, proponiendo “fuerza y esperanza”. “Se siente la alegría de poder llegar uno con una palabra”, confiesa, admitiendo al mismo tiempo que la de capellán hospitalario en días de emergencia sanitaria es “una misión que reúne muchos sentimientos”.

“Lo más triste es verlos ahí solos: ver que están lejos de los suyos”

Acostumbrándose a esa multiplicidad de sentimientos, el padre Mesa Muñoz explica que también el perfil de los pacientes infectados de coronavirus es muy diverso: “Llegan pobres, ricos, negros… Me ha tocado orar por todos”, dice, pidiendo que aprendamos de esta experiencia que “todos somos iguales”.

Por otro lado, indica que en el Infanta Leonor hay muchas familias pendientes de pedirle sacramentos para sus enfermos. “Hay veces que la familia nos llama para que llevemos la unción o una bendición”, relata, lamentando haber visto morir “gente de todas condiciones”. Entre ella, recuerda a un sacerdote de origen italiano.

Describiendo su experiencia de puertas para dentro de la habitación de un paciente afectado por coronavirus, explica que “casi no pueden hablar por estar pegados a tubos y todo eso”, pero que la naturaleza humana no pasa sin comunicación. “Me llama la atención que me miran, pegados a los tubos, como si recibieran un poquito de paz, cuando les digo que soy el sacerdote”, interpreta el joven cura. “Me sonríen, intentan decirme que quieren confesarse y les digo que tranquilos, que no se fuercen a hablar, que les administro el sacramento”. Emocionado, el capellán afirma que “lo más triste” es el aislamiento de los enfermos. “Verlos ahí solos, ver que están lejos de los suyos”.

Cuidadores excepcionales

“Uno dirige palabras de ánimo también a los médicos, a los enfermeros, camilleros y demás sanitarios, que están apoyando a los enfermos de una manera heroica”, afirma E. Mesa Muñoz. Impresionado por el excepcional detalle con el que le cuida el personal del hospital, cuenta que “están muy pendientes de prepararme con el equipamiento para llegar a los enfermos. Me ayudan a vestirme, ponerme los guantes y lo demás”. “Yo me lo pongo para entrar dos minutos”, reflexiona con humildad, para destacar la labor de los sanitarios, que extreman sus esfuerzos durante horas y horas.

“Ya sus rostros tienen esas heridas, el trabajo les está dejando una marca increíble…”, manifiesta angustiado. Pero a la vez reconoce que los sanitarios se refuerzan y animan al máximo entre ellos. “Es maravilloso cómo se ayudan los unos a los otros, cómo se pegan al teléfono para informar… Es una cadena de solidaridad y fraternidad”.

"Ya sus rostros tienen esas heridas, el trabajo les está dejando una marca increíble…", describe de los sanitarios

“Hay que aprender mucho de esto que estamos viviendo”

Reconociendo que le alegró “entre comillas, ver algo menos de gente en el hall de urgencias” esta semana, el capellán espera que, mientras dure la crisis, aprendamos “la lección de cuidarnos: de cuidarme y cuidar al otro”.

Como parte activa de la pastoral de la salud, arroja un mensaje constructivo, llamando a “disfrutar de los detalles, de vernos, de atendernos”. “Hay que aprender mucho de esto que estamos viviendo”, repite, manifestando que la ciudadanía debe desplegar su compromiso en esta “experiencia muy triste de la que la humanidad debe aprender qué es lo prioritario en la vida”.

“Qué curioso, dos palabras se encontraron en este tiempo: cuaresma y cuarentena”, añade el sacerdote. “Estamos preparándonos para la Pasión de Cristo y ha llegado al mundo una Pasión muy significativa”.

Cree que se puede. Se puede vivirla en clave positiva, por ejemplo, “pensando en la naturaleza”, concluye el capellán. “Estos días han sido muy fuertes para nosotros, pero está descansando el planeta”.

 

Lucía López Alonso

Religión Digital

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