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AÑO DE LA BIBLIA, ABRIL, LUCAS

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Antes de inciar la lectura (o relectura) de cualquier libro de la Biblia es  conveniente leer la Introducción que cualquier edición hace sobre el autor, época, género literario, y contenido del libro que se va a leer.

El evangelio según Lucas

Este mes nos interesaremos por la obra de Lucas: evangelio y Hechos de los apóstoles. Quizás nos parezcan dos temas distintos, pero parece que Lucas los concibió como una sola obra en dos tiempos: el tiempo de Jesús y el tiempo de la Iglesia o, mejor, el tiempo del Espíritu.

Lucas no imaginaba que el tiempo de la Iglesia iba a durar más de veinte siglos, pero concibió el tiempo de los apóstoles (aunque no de todos los apóstoles) como tiempo ejemplar para el futuro. Para nosotros tiene un valor añadido, porque lo narrado en el libro de los Hechos nos ha servido para interpretar lo que aconteció en el tiempo de Jesús, como procuraremos destacar.

En cuanto al evangelio de Lucas, es muy relevante, como dice Pope Godoy, el discurso de Jesús en la sinagoga de Nazaret (Lc 4,16-30). Lucas presenta este texto como síntesis del programa que va a cumplir Jesús; por eso lo adelanta al comienzo de su predicación en Galilea, y amplía notablemente la escueta noticia que aportaban Marcos (Mc 6,1-6) y Mateo (Mt 13,53-58).

Según Lucas, Jesús declara que se cumple en él la profecía de Isaías 61,1-2 “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido, me ha enviado a evangelizar a los pobres...” (a anunciarles la buena noticia). Sin embargo la unción del Espíritu, que ha experimentado en el Jordán, le permite omitir (¿y rechazar?) el final de la profecía: “y un día de venganza de parte de nuestro Dios”.

En la lectura de su evangelio, y sobre todo de Los Hechos de los apóstoles, conviene deshacer un frecuente equívoco. Lucas comienza su evangelio diciendo que ha investigado a fondo todo lo sucedido entorno a Jesús y lo ha puesto por escrito ordenadamente “para que puedas conocer la autenticidad de las enseñanzas que has recibido”.

¿Garantiza este prólogo la autenticidad histórica de todo lo que narra? ¿Bajó el Espíritu sobre los discípulos como lo escenifica Lucas en Pentecostés (Hechos 2,1-8) o como lo narra posteriormente Juan en su evangelio (Jn 20,19-22)? La autenticidad del mensaje era (y es) compatible con su escenificación simbólica.

Lecturas recomendadas

José Enrique Ruiz de Galarreta: Evangelio de Lucas y Juan. Ed Feadulta 2017. No es un comentario académico a estos evangelios sino la exposición de las Lectio divinas al hilo de los evangelios de los tres ciclos litúrgicos. Cada lectio consta de tres partes: exégesis, reflexión, meditación. Como nos dice el autor, más que la reconstrucción de “qué sucedió” debe predominar el percibir y aceptar el mensaje que cada texto quiere transmitirnos.

José Enrique Ruiz de Galarreta: Las primeras iglesias y nuestra iglesia de hoy. Ed Fe Adulta, nº 5. Este libro nos lleva a recorrer el nacimiento y crecimiento de las primeras comunidades, valiéndose sobre todo de los muchos datos que ofrecen los Hechos de Apóstoles. Trata de encontrar el espíritu que guiaba a los primeros cristianos, su forma de organizarse, sus problemas internos y cómo los resolvían. Pero no esconde su intención de ir comparando en todo momento aquellas comunidades con nuestra Iglesia actual, a fin de descubrir en ella aciertos y desviaciones y poder reconducirla entre todos hacia el Espíritu de Jesús.

Rafael Aguirre y otros: Guías de lectura de los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas. Ed evd, 2014. Estructura de cada evangelio con breves explicaciones de cada sección, que introducen a una lectura personal. 

Vídeos recomendados

Pope Godoy: El evangelio de Lucas. Resulta muy relevante el análisis del discurso programático de Jesús en la Sinagoga de Nazaret. La traducción de Juan Mateos ayuda a entender el texto con mayor profundidad. El relato de Lucas tiene algunas características que lo hacen único. Es el que mejor expresa la misericordia divina, universal y gratuita. Y es también, el evangelista que confiere mayor protagonismo a las mujeres.

Marifé Ramos: María, vecina de Nazaret (I). Nos acercamos a María como vecinas suyas, porque es una mujer del pueblo, como nosotr@s, y queremos comprender su situación, sus dificultades, sus sentimientos y su respuesta de fe. Nos imaginamos que viajamos a través del tiempo, para recordar la situación que vivió en su contexto histórico, político, económico, social y religioso. La situación era muy difícil, mucho más de lo que creemos, porque se ha idealizado la vida en Nazaret.

Marifé Ramos: María, vecina de Nazaret (II).Marifé Ramos: María, vecina de Nazaret (II). En esta segunda parte se analiza fundamentalmente el papel de María como educadora. Sin duda una mujer tuvo que influir en las enseñanzas de Jesús. Ningún rabino de la época expuso su pensamiento con ejemplos de la vida cotidiana y categorías femeninas como hizo el primogénito de María y José. Al final hay un interesante debate en el que se abordan algunos temas de la charla con gran naturalidad.

José Arregi: Médico de cuerpos y almas. Una de los principales rasgos que definen a Jesús son las curaciones. Desde siempre al pueblo le han gustado los relatos milagrosos, pero hoy día hemos cambiado de cosmología y el concepto de "milagro" nos resulta problemático. ¿Por qué Dios actúa arbitrariamente a favor o en contra de nuestras necesidades? ¿Hizo milagros Jesús? ¿Es el único personaje de la historia del que se cuentan este tipo de curaciones extraordinarias? ¿Son históricos los milagros del evangelio?

José Arregi: Discípulos y discípulas. Mirar a Jesús para aprender a ser iglesia. Jesús no quiso fundar una iglesia, pero si hubiera pensado en ello, ¿qué estilo de organización sería más adecuada? La comunidad de Jesús, en contra de las costumbres de su época, era itinerante y contaba con mujeres, a las que daba visibilidad con su predicación. Era una comunidad de iguales, hermanos y hermanas ¿Con qué finalidad designó a los Doce? ¿Tuvieron algún cargo de gobierno los Doce en la primera iglesia? ¿A quién le dio potestad para atar y desatar y a qué se refería Jesús con esa imagen?

Andrés Torres Queiruga: La Revelación. Con gran sentido común, el teólogo desmonta falsas concepciones que abundan sobre este tema en nuestra religión. ¿Cómo se puede llegar a pensar que la Biblia es un dictado de Dios con todos los episodios oscuros que encontramos? ¿Cómo seguir creyendo que un Dios que es todo amor pueda revelarse a unos hijos y a otros no? La revelación es algo que Dios nos dice a Todos, aunque en Jesús ha llegado a su culmen: Dios es Abbá. La comunicación entre Dios y nosotros es muy difícil por nuestra naturaleza limitada. El punto de contacto es la Creación: por su obra, se conoce al autor.

 

El Canon de las Sagradas Escrituras ¿Por qué estos libros sí, y otros semejantes no? 

Canon en griego significa regla o norma, y también, índice, catálogo. En el ámbito religioso hablamos del canon de la Biblia, o del canon de la misa; en el ámbito cultural hablamos del canon estético o literario.

Todas las ediciones de la Biblia o del Nuevo Testamento ofrecen una Introducción general en la que tratan de la formación del Canon bíblico

El Canon del Antiguo Testamento

El pueblo judío mantuvo su unidad, a traves de tantas vicisitudes, basada en su fe en un Dios que lo protegía y en la Ley que habían pactado con él por medio de Moisés. A la vuelta del cautiverio de Babilonia en el siglo V antes de Cristo (a.C), Esdras y Nehemías encontraron que el pueblo se había contagiado de otras religiones y decidieron revisar los escritos sagrados y proclamarlos de nuevo ante el pueblo. En el siglo III (a.C) se fueron incorprando los escritos de los profetas; en el siglo II (a.C) los judíos de la diáspora, que hablaban en griego, tradujeron los escritos sagrados al griego, traducción conocida como de los LXX, por los setenta (setenda y dos) sabios enviados a Alejandría por el Sumo Sacerdote de Jerusalén; y se fueron añadiendo otros escritos en griego de estilo sapiencial.

Solamente en el siglo I después de Cristo (d.C), con la destrucción del Templo y la dispersión del pueblo, se si hizo necesario al reconocimiento oficial de un canon de los libros sagrados, que ya habían sido clasificados en tres partes: la Ley, los Profetas, y otros Escritos (la Torá, los Nevi’im, y los Ketuvim).

Actualmente los judíos sólo reconocen como canónico el texto hebreo de la edición masorética (siglo V–IX d.C), que excluye los libros escritos en griego, porque considran que la revelación sólo se produjo en hebreo y en la tierra sagrada de Palestina.

Los escritores cristianos del Nuevo Testamento, que escribieron en griego, usaron la traducción y el canon de los LXX para sus citas del Antiguo Testamento, aunque a veces presenta algunas diferencias respecto al texto y al canon del texto hebreo, que es el conocía Jesús.

El Canon del NT

Los discípulos de Jesús, y los que fueron aceptándolo como el Mesías prometido, se sentían plenamente judíos, conforme a las leyes y tradiciones recogidas en la Biblia hebrea. Solamente fueron introduciendo algunas excepciones por las enseñanzas y el ejemplo de Jesús, o por la manifestación del Espíritu, como vemos en la resistencia de Pedro a entrar en la casa del centurión romano que lo llamó para abrazar la fe.

Los paganos que se convirtieron al cristianismo conocieron las Escrituras judías por la traducción griega de los LXX, y las aceptaron como anuncios de Jesús; pero no se sintieron comprometidos con los preceptos de la Ley porque, según les predicaba Pablo, Jesús la había anulado con su muerte y resurrección.

La aceptación de algunos escritos cristianos como canónicos (regla para todas las Iglesias) se produjo lentamente (durante 4 siglos) y espontáneamente por consenso entre las diversas comunidades de Oriente y Occidente. Cada comunidad había recibido y aceptado algunos escritos porque reconocían en ellos las enseñanzas de sus fundadores, apóstoles o misioneros; y los utilizó como lectura en sus reuniones litúrgicas. Estos escritos se fueron intercambiando entre las comunidades, algunos con plena aceptación, y otros con rechazo o poco entusiasmo. Quizás nos sorprenda que entre los escritos que encontraron más dificultades para ser admitidos por todas las Iglesias figuran el Evangelio de Juan (por sus resonancias gnósticas) y el Apocalipsis.

Los principales criterios que emplearon las primeras comunidades para seleccionar los 27 escritos del Nuevo Testamento fueron el reconocimiento de la vida, muerte y resurrección de Jesús, el Cristo; el uso litúrgico de estos escritos en la mayoría de las Iglesias; y la atribución a los Apóstoles como testigos de Jesús y fundamento de la Iglesia (aunque en algunos casos esta atribución ha sido luego críticamente rechazada).

Fuera de esta lista (de este canon) quedaron otros escritos de aquellos tres primeros siglos que fueron y son importantes para la vida de la Iglesia, como la Didajé, las Cartas de Clemente y de Ignacio de Antioquía, los escritos de Ireneo de Lyon, el Evangelio de Tomás, el Evangelio de María Magdalena, y otros.

La lista definitiva de los 27 escritos actuales no fue aceptada por todas las comunidades hasta el concilio de Hipona en el año 393 y de Calcedonia en 1451. Finalmente el concilio de Trento en su sesión IV (en 1546) fijó definitivmente para los católicos el canon de los libros sagrados del Antiguo y del Nuevo Testamento, con su enumeración completa como se contienen en la traducción “vulgata Latina”. La tradición protestante no admite como canónicos e inspirados los libros del Antiguo Testamento que nos llegaron solamente en griego, y sus ediciones los suprimen o los colocan como “apócrifos o deuterocanónicos” al final del Antiguo testamento.

En cuanto a la consideración de escritos inspirados, no hay que entenderlos como palabras o conceptos dictados por Dios, como podemos comprobar por las divergencias y contradicciones entre estos escritos canónicos. Se trata más bien de la percepción que tuvieron algunos autores profundamente espirituales en orden al mensaje de Dios y el bien de la sociedad en que vivían; inspiración que ellos interpretaron mejor o peor al expresarla según los conceptos culturales de su época y las necesidades de sus comunidades.

Además de esta inspiración cristiana hay que reconocer que la inspiración es mucho más universal; no es exclusiva de una época o de la religión judía y cristiana, es una situación de sensibilidad espiritual que experimentan algunas personas, religiosas o laicas, atentas a su vida interior y a las necesidades de sus pueblos. Como podemos reconocer en los fundadores y en los místicos de otras religiones y en los líderes laicos que han muerto por defender una mayor justicia social.

El consenso de las Iglesias en este Canon, a pesar de sus divergencias, es lo que nos identifica como cristianos y “no lleva a la ruptura, sino al enriquecimiento. El Nuevo Testamento es en este sentido, un modelo de diálogo creativo y enriquecedor que las Iglesias cristianas, hoy divididas, deberían imitar”. (Biblia Traducción Interconfeional. Introducción al Nuevo Testamento).

Bibliografía

Xabier Pikaza: “Ciudad Biblia. Guía para adentrarse, perderse y encontrarse en los libros bíblicos”. Ed verbo divino 2019. Canon Bíblico p 37-45

Biblia Traducción Interconfesional (BTI). Biblioteca de Autores Cristianos; Editorial Verbo Divino; Sociedades Bíblicas Unidas. Madrid 2008. Introducción al Antiguo Testamento y al Nuevo Testamento.

Diccionarios de la Biblia. Pueden encontrarse fácilmente diversos Diccionarios antiguos y recientes, de mayor o menor amplitud.

Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia. Editorial Clie, 2013. Canon, y Canon del Nuevo Testamento.

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