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SUEÑO CON VIDA CONSAGRADA “SIGLO XXI”

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La vida consagrada, incluyendo el celibato, no tiene “la culpa” de problemas sexuales serios y severos en varones, pertenezcan estos a instituciones religiosas o no.

No es el objetivo de estas líneas analizar esta situación, a la que podríamos sumar la violencia de género, menos atendida por esferas eclesiásticas porque, de nuevo el viejo molde patriarcal, sigue permeando su toxicidad invisibilizando y menospreciando a las mujeres. Deseo iniciar estas líneas en positivo, sin perder la consciencia  de lo que ocurre.

Dios habla en sueños cuando la realidad ensordece y ahí me encuentro: Acojo el sueño de continuar en la vida consagrada de la mano del Espíritu-Ruah que nos habita, llama y convoca en comunidad a transformar la realidad.

Su presencia-actuación en nuestra vida no es piramidal, es de inhabitación mutua. Si podemos afirmar científicamente que casi el 80% del cuerpo humano es agua ¿qué porcentaje podríamos afirmar de la Ruah en nosotras y nosotros? ¿Acaso el Espíritu de Dios “se puede medir”?  Si afirmamos que estamos en Dios, que somos Uno con ese Amor y esa Vida ¿cuál es mi sueño para nuestro hoy?:

Mi sueño es vivir una consagración libre y gozosa en medio de las turbulencias que vapulean nuestra realidad histórica. Yo he encontrado esa comunidad libre y liberadora. Existe y está abierta a laicas y laicos, es ecuménica y por ello no-canónica.

Este estado ecuménico nos permite una libertad de conciencia y responsabilidad comunitaria que va mucho más allá de las conferencias episcopales específicas, pues integra todas las confesiones cristianas e invita a una delicadeza de conciencia enorme ya que todo se decide en el seno de esa corresponsabilidad comunitaria, con sumo respeto con el sentir de las diferentes diócesis donde vivimos.

¿Qué características tendría la vida consagrada de mi sueño?

Una vida en estrecha intimidad con el microcosmos y el macrocosmos. Una vida enamorada de la vida:

*con capacidad para una intimidad sana y madura con todo y con todos signo de madurez, es a lo que se nos invita en la vida consagrada.

*con mujeres y hombres enamorados del Dios y del cosmos que nos habitan. Personas de silencio de ego, trabajo diario del Espíritu en colaboración con nosotr@s,  y de palabra preñada de sentido profético para hoy. Personas capaces de reciclar lo plastificado y acartonado del pasado, lo vidrioso y acumulado en el armario, para “dejar espacio” al hoy.

*Un modelo de “intimidad” con el  microcosmos cuya plasmación la podemos encontrar en las comunidades primitivas. Miembros de estas comunidades fueron itinerantes, que parece ser, la itinerancia, es el estilo de vida que eligió el Maestro en sus años de vida pública, y que sus seguidor@s continuaron.

La itinerancia no es sólo física, pero cuando lo es, ayuda a vivir desprendidos y dependientes de la hospitalidad de las personas que te acogen, introduciéndote en la intimidad de su hogar.

Ahí, en esa desinstalación se forja un carácter abierto y sencillo. Si cargas arrogancia pronto perderás a tus anfitriones. La itinerancia presupone ligereza de equipaje y de ego. Ambos son incompatibles para ser recibidos e iniciar comunidades de fe domésticas y locales…con quienes te acogen, aunque sea por un fin de semana, o un curso…

¿Y si lo probáramos? Yo lo he probado, y me encanta. La gente, las familias, en general, son impresionantemente hospitalarias. No necesitan proponerse compartir, todo está ahí, para todos. Y entre tostadas y risas se crea una cercanía, una intimidad con la vida de esas personas que nos acercan al Dios que cuando decide quedarse elige la forma de pan y vino. De mesa compartida. ¿Hay algo más íntimo que el pan?

Creo que las familias tienen mucho que enseñarnos, en estos tiempos, a la VC. Ellos y ellas tienen que confrontar su intimidad constantemente, si quieren mantener su relación de pareja viva, su relación con los hijos fresca…nosotr@s nos podemos escaquear incluso justificándonos, en el fondo, podemos ser más inmaduros e inmaduras si nos descuidamos.

No es realista que los consagrados podamos tener “todo cubierto” cuando las familias hacen malabarismos para llegar a fin de mes. En mi comunidad religiosa no tenemos propiedades en común, ni casas religiosas. Cada miembro es autosuficiente, incluyendo proveer para su retiro y vejez. Es un reto y una liberación. No tener más que lo que puede tener una familia normal, y lo que se tiene, se hereda…compartirlo con quien más lo necesita.

Y esto me abre la puerta a la dimensión de intimidad con el macrocosmos, con el todo:

Como dice T. Berry, y parafraseo algunas de sus ideas:

“La misma estructura y creatividad del universo depende de la intimidad-interdependencia de todo con todo. Cada ser existe en relación con la totalidad de la comunidad que compone el universo… Así el humano existe gracias a la intrínseca conexión de todo en el universo.

Probablemente la relación humana con el resto del universo ha sido el aspecto más descuidado de nuestra manera de enseñar la espiritualidad. Descuido que nos ha provocado un daño enorme a ambos: a los humanos y al planeta.”

No acabamos de pillar que todo es sagrado. Que nosotr@s no podríamos ser sagrados si no estuviéramos en un mundo que es sagrado.

De ahí la necesidad de una íntima y sagrada relación con todo. Por ello, el amor con-sagrado de las personas convocadas a la vida religiosa es enormemente amplio, grande y concreto a la vez.

No puedo abusar de nadie ni de nada por propio beneficio o placer egoísta, porque así de-sacralizo el universo que se me pone en las manos, consagradas por bautismo e invitadas a ser co-creadoras.

Y sueño pues, como conclusión práctica, con una VC comprometida con la Casa común, donde los edificios indiquen por su sencillez y compromiso con la tierra, que somos uno, que no explotamos los montes para producir cemento, que usamos los bosques inteligentemente programados para construir con madera las casas del futuro, según numerosos estudios del hábitat. Casas minimalistas, en comunión e intimidad con el entorno, usando energías renovables y sobretodo las propias que nos regala la naturaleza del lugar…

Menos cemento, más madera y tierra sembrada. Ciudades menos cargadas de CO2 porque usaremos energías alternativas. Porque comeremos lo que producen los hortelanos más cercanos, repoblando la España vaciada con personas que quieren trabajar, con refugiados que buscan hogar… y llenaremos nuestros pueblos con familias y vida nueva, trabajo y comunidad de cuidadores de la tierra, donde los niños crecerán no sólo con las últimas tecnologías, sino en contacto con la tierra, los frutales, las personas, las estrellas.

Y los religiosos estaremos allí, donde está la vida. En el lado preventivo. Co-creando espacios abandonados con iniciativas oradas y discernidas. Y nuestra comunidad del futuro posiblemente no sea de personas consagradas a la vieja usanza, sino de personas conscientes de que son sagradas: familias, refugiados, religios@s cuidando de todo, en diálogo, igualdad, armonía evangélica.

¿Soñadora? Siiii. Y feliz de serlo. Algo así tenemos entre manos un grupo de personas conscientes de que sus vidas están “consagradas”. ¿Conventos del futuro? Aldeas y comunidades consagradas en medio de la vida.

 

Magda Bennasar Oliver, sfcc

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