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JUSTICIA PLENA

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La injusticia en cualquier parte es una amenaza a la justicia en todas partes

(Martin Luther King, Jr.)

12 de enero. BAUTISMO DEL SEÑOR

Mt 3, 13-17

Haz lo que te digo pues de este modo conviene que realicemos la justicia plena

La justicia es una de las ideas centrales en el Antiguo Testamento: es tema reiterativo de la Ley y de la súplica, de la esperanza y de los ideales, y por eso aparece constantemente en sus páginas.

Pero no se traduce en una exposición conceptual sistemática; incluye lo que hoy llamamos justicia distributiva, retributiva, vindicativa, la justicia social y los derechos del ser humano. Es el respeto eficaz y concreto, de los derechos de todos, en particular de débiles, y se fundamenta en la hermandad de los seres humanos, incluidos todos los seres creados.

En el Libro de la Sabiduría 1, 1 se propone la justicia como tarea específica de jueces y gobernantes: “Amad la justicia, los que regís la tierra”. 

Hacer justicia equivale a defender los derechos en los tribunales o fuera de ellos, a los profetas les toca denunciar las injusticias cometidas por los israelitas, especialmente los poderosos: “Judá ha profanado el santuario que el Señor ama, y se ha casado con la hija de un dios extranjero” (Malaquías 2, 11).

Y según Isaías, Dios implantará un reino de justicia en la tierra, y un descendiente de Jesé: “juzgará con sentencia los desvalidos, sentenciará con rectitud a los oprimidos”.

En el Nuevo Testamento, justicia supone honradez, justicia, inocencia.

Honradez respecto a Dios, a las normas, a las personas; en el orden jurídico, justicia, derecho natural, mérito, y en el orden judicial, inocencia, opuesto.

Mateo opone a la justicia farisaica, legal y objetiva, la nueva honradez, más exigente en contenido e interioridad: “Porque os digo que si vuestra justicia no supera a la de los letrados y fariseos, no entraréis en el reino de Dios”.

jeremy perkins

El acceso a la justicia es un principio básico del Estado de Derecho. Se trata de un instrumento esencial para hacer valer los demás derechos humanos, para restablecer derechos, resarcir a las víctimas, reconocer a la persona y hacer frente a la discriminación. El derecho de acceso a la justicia constituye una concreción inmediata del derecho a la tutela judicial efectiva.

Hay tres obras literarias que plantean la función de la justicia en la sociedad y las consecuencias de sus errores, los cuales están en la base de muchas situaciones actuales. Estas obras son El conde de Montecristo de Alejandro Dumas, Los miserables de Víctor Hugo y Los hermanos Karámazov de Fiódor Dostoievski.  

En El conde de Montecristo vemos como se instrumentaliza la justicia para fines políticos. Villefort hace que condenen a Edmond Dantes para obtener beneficios políticos. La consecuencia de este uso de la justicia lleva a la venganza, lo que es el desarrollo posterior de toda la novela. De esta manera se sigue usando la ley con fines políticos en lugar de hacer de ella un fundamento ético de la sociedad.  

Los Miserables plantean sobre si se ha de juzgar a una persona al margen de sus circunstancias o se han de tener en cuenta. Jean Valjean pasa casi veinte años en la cárcel por robar un pedazo de pan que quiere llevar a su familia que lleva días sin comer. Un sistema legal que no tiene en cuenta las circunstancias de las personas es un modelo totalitario. Todo el tema de la inserción social es una farsa, cuando no se basa en el desarrollo de la persona, que necesita tener una base material de medios para poder vivir

En Los hermanos Karámazov es necesaria una ley por sí misma, que atienda la justicia como justicia social y no como mero trámite de la aplicación técnica de la ley. En este sentido se debate el juicio a Dimitri Karámazov. Todas las pruebas apuntan en su contra, sus deseos, todo, pero él no ha matado a su padre. A pesar de los hechos es condenado, por la aplicación técnica de la justicia. ¿Qué juzga la ley, los hechos o a la persona?

 

Digo vivir

Porque vivir se ha puesto al rojo vivo.
(Siempre la sangre, oh Dios, fue colorada.)
Digo vivir, vivir como si nada
hubiese de quedar de lo que escribo.

Porque escribir es viento fugitivo,
y publicar, columna arrinconada.
Digo vivir, vivir a pulso, airada-
mente morir, citar desde el estribo.

Vuelvo a la vida con mi muerte al hombro,
abominando cuanto he escrito: escombro
del hombre aquel que fui cuando callaba.

Ahora vuelvo a mi ser, torno a mi obra
más inmortal: aquella fiesta brava
del vivir y el morir. Lo demás sobra.

Blas de Otero

 

Vicente Martínez

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