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DIOS DE VIVOS Y MUERTOS

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La mente del hombre es como una tienda de idolatrías y supersticiones (Juan Calvino)

Luc 20, 27-38

No es Dios de muertos, sino de vivos

10 domingo. DOMINGO XXX DEL TO

Prueba de Dios en Antiguo Testamento: el Señor es Dios de vivos, y Jesús en el Nuevo: tanto, de vivos como de muertos; aunque las voces más auténticas las pronunció el fiorentino Girolamo Savonarola (1452-1448), dominico, mientras él trabajaba por establecer una “república cristiana” -así como Calvino (1509-1564) lo hizo después en Ginebra-, y que a mi mejor hubiera parecido que hubiera ostentado más color verde de república, que amarillo de cristiana, igual que es el color de los revolucionarios.

jesus latigo

¿Acaso no eras tú, Jesús, quien látigo en mano, azotaste ladrones en un templo, realizando latrocinio?

David Hume (1711-1776), filósofo escocés, dijo:

“Debe señalarse que los principios religiosos sufren una suerte de flujo y reflujo en la mente humana, y que los hombres tienen natural a elevarse de la idolatría monoteísmo y a recaer de nuevo del monoteísmo en la idolatría”, testimonio igualmente revolucionario.

Sueños de Ébano; un Rave’l Dreams, estrenado el 20 febrero de 2016 en L’Auditori de Barcelona, que cautivó tanto a audiencias aficionadas al jazz como a la música clásica, y las notas de una fuga de Bach con látigo azotaban fuertemente las ondas para que avanzasen sobre el mar, más rápidas que el viento.

“Es sólo en mi persona donde reside el poder soberano, cuyo carácter propio es el espíritu de consejo, de justicia y de razón; es a mí a quien deben mis cortesanos su existencia y su autoridad; la plenitud de su autoridad que ellos no ejercen más que en mi nombre reside siempre en mí y no puede volverse nunca contra mí; sólo a mí pertenece el poder legislativo sin dependencia y sin división; es por mi autoridad que los oficiales de mi Corte proceden no a la formación, sino al registro, a la publicación y a la ejecución de la ley; el orden público emana de mí, y los derechos y los intereses de la Nación, de los que se suele hacer un cuerpo separado del Monarca, están unidos necesariamente al mío y no descansan más que en mis manos”: Aguarda momento: ya no está el malvado, fíjate en su puesto: ya no está” (Discurso de Luis XV al Parlamento de París el 3 de marzo de 1776).

Un rey que, como libertino, no quiso comprometerse nunca con nada ni con nadie, como revolucionario, jamás se comprometió con ninguna.

San Luis IX de Francia (1214-1270) en cambio, combinó su tarea de gobierno con un ascetismo del que el ateo filósofo Voltaire llegó a decir que No es posible que ningún hombre haya llevado más lejos la virtud”

Mucho de lo aquí expuesto, ha de tomarse con prudencia grande, porque en las calles de estos pueblos de adobes, viven bastantes aldeanos que pueden interpretar los hechos banalmente.

En cierta ocasión dijo alguien que aquella noche oscura había llegado un barco por el río con todas las velas encendidas y que las apagasen. La orden fue inmediatamente cumplida: bajaron corriendo dos vecinos, soplaron con todas las fuerzas que pudieron y las apagaron. El río, el barco, las velas y las estrellas se quedaron muy tristes: la noche se quedó a oscuras.

“La mente del hombre es como una tienda de idolatrías y supersticiones” (Juan Calvino).

En Evangélico Cuarteto hemos dedicado un Rave’l Dreams a Jesús, quien látigo en mano, azotó a ladrones en un templo.

“Quien escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a un hombre sin juicio que construyó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos, golpearon la casa y ésta se derrumbó” (Lc 7, 26-27).

 

EN NINGÚN LUGAR

Busqué una casa soleada
donde albergar mis inquietudes;
la deseaba plena de virtudes
y sobre roca edificada.  

Pero una tarde llegó el viento
celoso de mi dicha y de mi casa

Sopló como un tifón que arrasa,
y la llevó con gesto violento.

Tomé entonces conciencia
de que cuanto en la vida acaece
es un sabio Maestro.

Todo lugar se mueve sin licencia:
nada nos pertenece,
y nada es para siempre nuestro.

 

Vicente Martínez

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