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GONZALO HAYA. UN CAMINO, UN TESTAMENTO TEOLÓGICO

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Como niño que quiere caminar a cuatro manos, elevándose apenas del suelo y mirando confiado al  infinito, así aparece Gonzalo Haya en la portada de este libro, a sus 87 años (nació en Sevilla el 1931), tras un largo y fructuoso periplo teológico y sobre todo humano, que no es éste lugar de recoger con más detalle. Baste decir que proviene de la Compañía de Jesús, que le ha dado una gran formación teológico‒humanista, cargada de libertad; que ha sido profesor de Teología en la Universidad del Norte de Chile, casado después, desarrollando actividad laboral y su vida familiar en España y en África, para dedicarse al fin, de nuevo, a la teología, su amor primero, con Gloria, su esposa, y con sus hijos.

Desde el horizonte de largos años, en serena madurez, ha querido regalarnos este Testamento Teológico, con el subtítulo En las Manos de Dios, retomando la palabra final de Jesús, desde al alto de la Cruz, en Lc 23, 46: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Dice el evangelio que Jesús expiró (entregó su último aliento en manos de Dios). Este libro es también el testimonio de una intensa entrega espiritual, reposada, serena, profunda, aunque sus amigos esperamos que su corazón teológico siga latiendo muchos años, de manera que sigamos disfrutando de su compañía y de su ayuda en el camino.

Creyente empoderado. El Espíritu Santo en Lucas (Hechos)

Yo estaba preparando por entonces una Bibliografía trinitaria y aproveché una estancia en Roma para leer todo lo que encontrará sobre el Espíritu Santo. Y encontré un libro que me impactó desde el principio: Gonzalo Haya Prats, L’Esprit force de l’Eglise (Lectio Divina 81), du Cerf, Paris 1975. No supe quién era el autor, ni si era español o francés, aunque me dijeron que era jesuita y trabajaba de profesor de teología en Chile, pero descubrí pronto, por la lectura del libro, que era un teólogo maduro, y escribí una recensión de la que quiero entresacar algunos párrafos finales:

“Suele hablarse del aspecto kerigmático y escatológico del Espíritu; pues bien, Lucas resalta más el primer plano, vinculando el Espíritu a la acción y testimonio evangelizador de los misioneros cristianos (105ss). Ciertamente, sigue abierto el fin de la historia, pero Lucas insiste más en la tarea que deben realizar los creyentes, caminando con Pablo hasta el centro del mundo, que entonces era Roma, para abrir desde allí la Buena Nueva de Dios.

Según Lucas, el Espíritu no aparece sólo como fuerza santificadora (interior), sino, sobre todo, poder que actúa en el conjunto de la comunidad y el proceso de la historia de la salvación, a lo largo de sus diversas fases. El Espíritu es la victoria de Dios en el despliegue de la historia, al servicio de la nueva humanidad…

Éstas son algunas notas básicas del Espíritu según el libro del Prof. Haya Prats. A modo de conclusión, puedo afirmar que ésta es una de las mejores monografías que existen en la actualidad sobre el sentido y obra del Espíritu Santo en el despliegue y vida de la Iglesia. Conforme a este trabajo, Lucas presenta al Espíritu Santo como una expresión de la presencia constante, salvadora y liberadora, de Dios. El Espíritu se identifica con el mismo Dios de Jesús que actúa, poniendo en marcha el despliegue de la Iglesia, haciendo que los creyentes puedan actuar como portadores de la salvación de Dios.

Ésta no es una obra de dogmática trinitaria en el sentido posterior de la palabra… pero ella presenta y desarrolla un tema anterior, que es absolutamente necesario para conocer la presencia y acción del Espíritu de Dios en la Iglesia, desde la perspectiva del libro de los Hechos, donde encontramos algunos de los elementos básicos de la “historia liberadora” del Espíritu de Dios, tal como actúa en Pentecostés y en el despliegue de la Iglesia primitiva” (Estudios Trinitarios 11 (1977) 217). 

Pasaron así los años, hasta que hacia el 2005 nos encontramos, por fortuna de Dios, yo casado con Mabel, él con Gloria, jubilado, y con gran deseo de volver a lo que siempre había sido su amor intelectual, su servicio teológico al evangelio y a la iglesia. Y a partir de entonces nos hemos acompañado en estos últimos catorce años, colaborando en Atrio, en Fe Adulta, y también en mi portal El Blog de X. Pikaza (por lo que le estoy muy agradecido). Recibí por entonces la traducción y adaptación inglesa de su obra anterior, con el título Empowered Believers: The Holy Spirit in Acts (ETS and SBL Atlanta   2010), y le animé a recrearla y publicarla también en castellano, cosa que él hizo (cf. Impulsados por el Espíritu. El Espíritu Santo en los Hechos de los Apóstoles Sec. Trinitario, Salamanca 2011), haciéndome el honor de incluir en el libro  una presentación, de la que entresaco algunas frases:

Éste es un libro que, siendo académico (o científico) en el sentido más preciso del término, resulta, al mismo tiempo, liberador y carismático, uniendo así las dos experiencias fundamentales de la Iglesia cristiana: (a) Es un libro de liberación personal y social, impulsado por un fuerte Espíritu de libertad, al servició del despliegue de la vida cristiana y de la plenitud humana. (b) Es un libro “carismático”, es decir, abierto a la experiencia interna, al poder transformador del Espíritu de Dios, que actúa en lo más profundo (en el alma) de las comunidades y los fieles.

En esa línea, siguiendo el “espíritu” del libro de los Hechos, y de la primera comunidad cristiana, Gonzalo Haya ha vinculado la fidelidad a la Iglesia con la creatividad personal y comunitaria, presentando el despliegue cristiano, en el principio de la Iglesia y en la actualidad, como experiencia sorprendida y sorprendente de maduración personal y comunitaria… que se expresa de forma privilegiada en la Iglesia, pero que no se cierra en ella, sino que ofrece un “testimonio” de apertura vital de vida para el mundo.

Éste es un libro estrictamente académico, esto es, para estudiosos, como ha puesto de relieve la versión francesa, pero es, al mismo tiempo, en un plano más profundo, un libro de transformación “espiritual” (carismática), como ha destacado la versión americana, al insistir en el aspecto “misionero” de la presencia y acción del Espíritu en la Iglesia. Ambos aspectos se vinculan y enriquecen en esta versión castellana que es ya la definitiva”. 

Volver a Galilea, el evangelio de Marcos

Desde ese fondo, sin negar el aporte lucano del Espíritu en la Iglesia, G. Haya ha venido insistiendo en los últimos años, en la necesidad de volver a Galilea, de la mano del Evangelio de Marcos, y lo ha dicho en una obra extraordinaria, en dos largos volúmenes, titulada Volver al Jesús de Galilea. Comentario y exégesis al Evangelio de Marcos I (Mc 1, 1‒8,26) y II (Mc 8, 27‒16, 20), Fe Adulta, Illescas 2015 (263 y 380 págs).

Este libro ofrece una traducción selecta de Marcos, un comentario a los versículos y una encomiable labor de recopilación y recreación de tres obras más académicas sobre este evangelio (una de Mateos‒Camacho, en el Almendro, Córdoba; otra de J. Gnilka, en Sígueme, Salamanca, y la tercera de un servidor, en Verbo Divino, Estella), aunque utilizando también a otros autores significativos. Estos dos volúmenes forman parte de la colección Exégesis Fe Adulta, que viene realizando una encomiable labor de recreación y enseñanza en el estudio de la Biblia y de la Teología. Gonzalo Haya me pidió también un prólogo, y de él quiero entresacar algunas ideas,

Él no se ha limitado a recoger ideas de otros comentarios, sino que retomado, actualizado y recreado sus planteamientos, desde la urgencia (exigencia) eclesial y evangélica de volver a Galilea, para encontrar allí a Jesús y reasumir su movimiento, en libertad creadora, insistiendo en la extrañeza y novedad del evangelio de Marcos, que aparece así como primera Constitución del Cristianismo, aunque no como un código cerrado, para allí quedarnos, sin posibilidad de buscar horizontes nuevos, sino al contrario, para abrir con  nuevos voluntarios de Jesús el camino de Reino desde Galilea.

Marcos había escrito el libro de la historia de Dios que está en Jesús o, mejor dicho, que es Jesús, no quiso presentarle como un intermedio entre Dios y los hombres, sino como historia del Dios hecho carne. Ciertamente, Marcos tiene un fondo histórico, pues recoge el recuerdo de los acontecimientos básicos de la vida y muerte de Jesús; pero lo hace en forma pascual, sabiendo que esa vida y muerte son la encarnación de Dios como historia de los hombres.

Pues bien, desde ese fondo, Gonzalo ha querido hacernos dialogar con Jesús, para retomar así, paso a paso, la marcha del evangelio. Así ha mostrado, por ejemplo, que Marcos no ofrece unas apariciones concretas y aisladas (ya pasadas) del resucitado, ni doctrinas separadas sobre el sentido de la Iglesia, cuyo mismo nombre evita, pues no quiere ni puede desligarla del camino pascual de Jesús, para situarnos ante la Iglesia como entidad social independiente. Lo que a él le importa no es el nombre del grupo de Jesús (iglesia, sinagoga…), ni el posible sentimiento de superioridad de unos elegidos (¡nosotros somos..!), sino el camino universal del Reino de Dios, como puse de relieve al final de aquel prólogo, diciendo, en lenguaje directo:

Gonzalo, tú has mostrado que Marcos no ha querido edificar la Iglesia sobre una palabra separada de Jesús, sino en su misma vida pascual (muerte y anuncio de resurrección), entendida como alianza de aquellos que comparten casa y pan, es decir, familia y esperanza universal de vida, en torno al mar de Galilea, abierto a los siete pueblos de la tierra (a todo el mundo). Por eso has entendido este evangelio como principio y centro de la vida de la Iglesia, que debe volver siempre a su principio, que es Jesús, de tal forma que Iglesia y Jesús son casi lo mismo.

Sabes bien que, en un sentido, Marcos ha querido contar la vida mesiánica de Jesús (que es la historia humana de Dios); pero, al mismo tiempo, sabes (y lo has mostrado bien) que de hecho, él está contando la vida de los creyentes, que recogen y actualizan la historia de Jesús. En esa línea, has comprendido bien que Marcos ofrece un testimonio de gran crisis y recreación mesiánica de la vida. No ofrece una ley para sacralizar lo que existe, sino que anuncia la llegada de aquello que ha de haber, es decir, de aquello que nosotros hemos de ser. En esa línea has presentado a Marcos como documento de una praxis, relato y programa de una fuerte mutación social en línea de Reino de Dios, Nueva humanidad.

Éste es, si no lo entiendo mal, el argumento de tu libro, que ofrece una antropología humanista, desde la perspectiva de Marcos. Tú has querido que seamos humanos y hermanos con Jesús, en actitud de gracia y universalidad (desde la pobreza y entrega de la vida, es decir, sin imposiciones de tipo social o religioso). Desde ese fondo has leído y comentado el evangelio, acudiendo a las aportaciones de otros biblistas (entre quienes has querido incluirme), pero recreando tú mismo todos los materiales y ofreciendo así unas claves de lectura que son no sólo atractivas en nuestro contexto social y religioso, sino también revolucionarias, en el mejor sentido de la palabra. Gracias por ello, Gonzalo.

Nuevas obras: Lo que creo que creo, Inteligencia espiritual

En los últimos diez años Gonzalo Haya ha venido realizando un gran magisterio intelectual centrado sobre todo en dos “cátedras” digitales muy significativas (Fe Adulta, de la que es uno de los grandes inspiradores, y Atrio, donde publica con frecuencia sus reflexiones, sin olvidar Religión Digital). Ha ofrecido y sigue ofreciendo ante todo un magisterio serio, honesto, profundo, exponiendo sin críticas destructivas su opinión sobre la apertura y compromiso religioso, la inteligencia espiritual y la constitución “mística” del conocimiento humano.

Algunas de sus aportaciones fueron recogidas en dos obras importantes: Lo que creo que creo. Revisión honesta de un exteólogo (Bubok y Fe Adulta, 2008) e Inteligencia Espiritual. Espiritualidad y religión (Fe Adulta, 2015). La clave de fondo de estas dos obras viene dada por el descubrimiento y desarrollo de la “espiritualidad”, que nos une y conduce sobre las religiones establecidas, que son sistemas de organización religiosa, a la fuente original de la que provienen. Más allá de la respuesta emocional (vinculada al instinto) y de la conexión racional (vinculada al pensamiento abstracto y a la ciencia), existe y se despliega la inteligencia espiritual, que capta la trascendencia (dejándose iluminar por ella), superando el egocentrismo y el egoísmo. 

Esta inteligencia espiritual es signo de la presencia de lo divino en la vida humana. Así podemos afirmar que pensamos en Dios o mejor dicho que “somos pensados” por él, dentro de un modelo religioso que supera el puro monismo (identificación de todo con Dios) y el dualismo estricto (distinción neta del hombre con Dios), en una línea de no‒dualidad dialéctica. En Dios nos movemos, pensamos y somos (Hch 17), de forma que en él existimos y pensamos (nos pensamos), siempre que nos dejemos iluminar y transformar por él, no para destruirnos, sino para ser en verdad.

 Desde ese fondo, G. Haya ha puesto de relieve la necesidad de vincular las tres inteligencias (emocional, racional y espiritual), superando así el exclusivismo de occidente, que ha insistido en el aspecto experimental y racional del pensamiento, minusvalorando la conexión espiritual y dejando de esa forma a un lado algunos aspectos fundamentales de la vida, que habían sido destacados por los grandes maestros como Jesús. Ciertamente, el cristianismo de Jesús y de los testigos del evangelio sigue siendo una forma de inteligencia espiritual; pero un tipo de cristianismo convertido en sistema de poder religioso (a pesar de los valores que haya podido tener en el pasado) está corriendo el riesgo de destruirse a sí mismo y de impedir la maduración espiritual de los hombres y mujeres de occidente y del mundo entero (pues la civilización instrumental y técnica, con la lucha económica, tiende a dominarlo todo).

Mi Testamento Teológico. En manos de Dios (Fe Adulta 2018)

Éste es por ahora el último libro de Gonzalo Haya al que aludía al comienzo de estas reflexiones, que ha querido ser una especie de compendio de su teología. En uno de los anteriores (Lo que creo que creo. Revisión honesta de un exteólogo), Gonzalo parecía presentarse como ex‒teólogo, es decir, como alguien que había querido serlo, pero que no lo habían dejado, para volverse humanista espiritual, en el amplio sentido del término. Pues bien, en este libro (que esperamos que no sea el último, sino que sigan otros), él se presenta como “teólogo” en el hondo sentido de la palabras. Su  línea básica es la misma que en las obras anteriores, pero, a mi juicio, destacan tres novedades o, más bien, tres artículo o puntos más significativos, subrayando  aquello que él ha querido decirnos y ha dicho en su última etapa teológica.

Primer artículo: el primado de la conciencia (pág. 14‒18). Están cambiando las creencias -las explicaciones- pero mi apoyo más firme es mi conciencia; sé que tiene mucho de subjetivo, que necesita ser completada, pero es la base más sólida por la que puedo avanzar”.  En esa línea, G. Haya es un pensador que sigue la línea más cristiana de San Pablo, cuando apela, una y otra vez, a la conciencia como principio de libertad, de responsabilidad y de comunión universal (tema clave de la carta a los Romanos).

Pablo pensaba que un tipo de judaísmo ponía la ley por encima de la conciencia, y muchos cristianos posteriores han pensado que ciertas iglesias ponen sus normas y estructuras por encima de la conciencia. Pues bien, apelando a Pablo y a los grandes cristianos, Gonzalo ha querido insistir en el testimonio de la conciencia, como principio fundamental de la vida y acción cristiana.

En ese sentido, a su juicio, allí donde Espìnosa decía “la naturaleza, es decir, Dios”, él establece otro principio más hondo: La conciencia, es decir, Dios… Dios se revela en la conciencia de los hombres, en un sentido más ético (Kant) o más fiducial (Schleiermacher). Dios mismo es, según eso, aquel que habla en la conciencia de los hombres, que, mirando a su interior, siendo fieles a sí mismos, se descubren abiertos y en comunión con la sociedad entera y con todo el universo.

En esa línea se podría decir que no hay nada más importante que una “buena conciencia”, como centro sagrado en que se implican y enriquecen Dios en sí (¡Dios, sin más!) y la propia verdad de los hombres, a través de la libertad de conciencia, que fue destacada por Lutero, pero que constituye un tesoro universal cristiano y humano. Éste es, a mi juicio, el primer artículo de este testamento teológico.

Segundo artículo: El Dios en el que creo, una sociedad alternativa (pág. 56‒64). En un primer momento, G. Haya ha puesto de relieve el hecho de Dios  como misterio indecible, más allá de nuestro pensamiento racional, y en esa línea defiende un tipo de teología apofática, opuesta a un monismo puro (Dios Uno e Infinito, separado de todo) y un panteísmo poco diferenciado, según el cual Dios es Todo, sin más. En esa línea, él ha querido ir más allá de la identidad pura y de la pura distinción de Dios, buscando formas de entenderle como unidad de comunión. 

Desde ese fondo, ha querido ratificar siempre la imagen de Dios como Padre, pero en una línea que es, al mismo tiempo, masculina y femenina, de separación y de identificación. De todas formas, él cree que “la imagen más adecuada a nuestros tiempos es la imagen bíblica de Dios como Espíritu. Dios como Padre puede acentuar la dualidad y la distancia; el Espíritu, en cambio, es común a todos nosotros en cualquier tiempo y espacio, pero se diferencia de nosotros”.

Desde ese planteamiento, Gonzalo supera una teología estrictamente dicha,  centrada en Dios en sentido dogmático, para poner de relieve una espiritualidad, más allá del teísmo y ateísmo. A su juicio, los dogmas separan, las religiones establecidas dividen, sólo la experiencia común del Espíritu, que es divino siendo humano, vincula a todos los hombres, en línea de evangelio, es decir, de buena noticia religiosa.

Desde ese fondo, él se opone a la simple trascendencia de Dios (pues él no es puro más allá), oponiéndose, al mismo tiempo, a un tipo de inmanencia cósmica del misterio. Ciertamente, algunos autores consideran que la acción de un Dios trascendente invadiría la autonomía del hombre; pero, en contra de eso, G. Haya afirma que la trascendencia de Dios no excluye su inmanencia en el universo y en el hombre. “Intimior intimo meo” (más íntimo que mi misma intimidad) reconocía san Agustín. Dios es el fundamento de la existencia y de la actividad del hombre, y además lo trasciende. 

Tercer artículo: Jesús de Nazaret, la fraternidad (pág. 82‒85). Ésta es la propuesta clave del testamento de Gonzalo: El proyecto de Jesús era formar una sociedad justa basada en la fraternidad como hijos de Dios”. Se trataba, pues, de un proyecto trascendente (de fondo religioso), pero concretado en el surgimiento de una sociedad fraterna, de tipo “laical”, más que puramente religioso. El proyecto de Jesús no desemboca, según eso, en el surgimiento de una iglesia confesional separada, con un tipo de poder religioso, sino en el establecimiento de una sociedad igualitaria y justa, fundada en el testimonio de una conciencia ética y en la comunicación espiritual entre todos los creyentes.

 Según eso, la fe en el Dios de Cristo (una fe que se puede concretar en un tipo de confesión y propuesta de amor), se despliega y cumple en forma de amor fraterno (Mt 22,34-40), un amor que no necesita iglesias separadas, aunque puede expresarse a través de ellas, conforma a la palabra de Jesús a la samaritana: “Se acerca la hora en que no daréis culto al Padre ni en este monte ni en Jerusalén… los que dan culto verdadero adorarán al Padre con espíritu y lealtad” (Jn 4,21-3).

De esta forma se expresa la experiencia mística de Jesús en el Jordán, cuando descubre a Dios como Padre que le transmite su espíritu y le envía “a dar la buena noticia a los pobres, a proclamar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar el año favorable del Señor” (Lc 4,18 s). De esa forma su fe en Dios (su religión) se expresó y concretó en un plano laical. Él no vino a resolver problemas religiones o disputas entre Jerusalén y el monte Garizim de Samaría:

 “Su enseñanza no se centró en Jerusalén ni en el Templo, no ocupó la cátedra de Moisés, sino que recorrió las aldeas de Galilea y sus alrededores escuchando los problemas del pueblo, haciendo lo que podía por remediarlos o suavizarlos –fueran milagros o placebos–, y promoviendo unas relaciones de solidaridad y fraternidad. Pasó haciendo el bien y curando a todos los sojuzgados por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10,38).

Según la visión de G. Haya, Jesús se opuso a la religiosidad sacral del judaísmo posterior al exilio, situándose en una línea opuesta a la de Esdras y Nehemías, que reconstruyeron el Templo y las murallas de Jerusalén, que establecieron una ley impositiva, expulsando a las mujeres extranjeras y convirtiendo la religión  en una garantía de su identidad nacional. Pues bien, volviendo a la raíz del auténtico Israel, Jesús invirtió ese tipo de religión nacional (oponiéndose también a la visión de los macabeos, sin identificarse con los helenistas contrarios).

Por impulso y presencia de Dios, Jesús se opuso a los sacerdotes del templo, lo mismo que a un tipo de rabinos fariseos, poniendo así la verdad de Dios (su presencia espiritual) al servicio de los marginados, de los enfermos, de la comunión entre todos los hombres y mujeres. Éste es el último artículo del testamento teológico (del credo de G. Haya).

Conclusión

Para mí (y espero que siga siendo muchos años) un lujo y un don haberle conocido, desde mi primera lectura de la versión francesa de su tesis sobre el Espíritu Santo (año 1975), hace más de cuarenta años. Él, con Gloria, su esposa, ha sido para mí gran alegría y causa de enriquecimiento personal e intelectual, pues ha enriquecido mi vida en los últimos quince años, en los que hemos colaborado desde perspectivas algo distintas, pero siempre con un mismo horizonte de experiencia espiritual humana. Su relectura de mi comentario de Marcos me ha iluminado más de lo que aquí puedo declarar. 

Sólo me queda decir que recibo con gozo y comparto (si él me deja) su testamento teológico, de niño en las manos de Dios (imagen de portada), aunque quiero hacerle una última anotación: Espero que éste no sea su último testamento, sino que siga viviendo, pensando y escribiendo durante muchos años… de manera que pueda escribir (por ejemplo, el año 2025) Mi Nuevo Testamento Teológico, y que yo pueda vivir para comentárselo de nuevo. Un abrazo a ti Gonzalo, un beso para Gloria.

Desde San Morales

 

Xabier Pikaza

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