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CREO EN JESUCRISTO, PERO NO EN LA IGLESIA

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Marcos 6, 30-34


1.-Andar a prisa para tener más

En los países desarrollados sales a la calle y ves a todo el mundo andar a prisa, casi corriendo, con frecuencia cruzar los semáforos en rojo, saludar a los conocidos sin detenerse... Andamos siempre acelerados, muchas veces nerviosos, miramos el reloj, no pasan ni cinco minutos y volvemos a mirarlo. Incluso muchas veces comemos a prisa, masticamos mal, luego digerimos peor... Andamos casi siempre contra reloj. ¿Eso es vivir como personas o ser piezas de una máquina que no puede parar?

Pero lo peor no es eso solamente, sino que con frecuencia vivimos en competencia unos contra otros, la cual es como una espuela que nos azuza para llegar antes que el otro, para tener más que el otro, para estar por encima del otro, para superar al otro, para ganar más que el otro, para vender más que el otro.

Eso es vivir en lucha permanente, que nos convierte en esclavos del tener, lo cual nos hace sufrir, estar insatisfechos, no estar nunca conformes. Esta insatisfacción nos produce inseguridad, miedo, ansiedad..., lo cual nos impide compartir y nos lleva a adorar el dinero como a un dios que nos protege, que si nos falla nos lleva a la soledad y la desesperación. Quien vive de la ambición del tener dice que el tiempo es oro, porque quiere tener más tiempo para tener tiempo para tener más. Una vida absurda. Es el cruel y obsceno neoliberalismo.

2.-Andar a prisa para ser más

Lo contrario de andar a prisa para tener más, es andar a prisa para ser más. Es la persona que sabe dar sentido y valor a su vida. Se siente seguro y capaz de renunciar a las diversas formas de tener. Tiene confianza. Vive en el presente. Se siente cómodo al dar y compartir. No adora ídolos ni mitos. Solo es esclavo de hacer el bien. Piensa crítica y políticamente en el sentido etimológico de esta palabra. De hecho ama cada día más. Quiere creer con los demás y le hace feliz ver crecer así a todos. La persona que vive para ser, busca ser justa, ser noble, ser sincera, ser honrada, ser feliz por ser así.

3.-Jesús, lo más humano de lo humano

Jesús era un hombre total y absolutamente humano. Toda su vida fue el ser para los demás. Era ser humano en todo. En lo grande comprometiendo su vida hasta la muerte por los demás, y en lo más pequeño como preocuparse por el descanso de sus discípulos, porque vienen de un trabajo duro y por eso los lleva a un lugar tranquilo: "venid a descansar un poco". A Jesús le gustaba todo lo bueno que nos gusta a los humanos. Esas entrañas de humanidad que lo empujan a llevar a los discípulos a descansar lo empujan igualmente a sentir lástima de la multitud que anda como ovejas sin pastor, o peor aún con malos, a veces muy malos pastores, como aquellos gobernantes romanos o los sacerdotes y levitas del templo, que no solo no estaban al servicio de la gente sino que la explotaban y esclavizaban vilmente con impuestos, leyes, ritos y prácticas injustas. Ante la necesidad de dar respuesta a esta pobre gente, reacciona tranquilamente, y por eso se pone a enseñarles con calma.

Estos gobernantes de hoy, (sean del signo político que sean), atrapados todos en el neoliberalismo que tenemos encima, en que la deuda, el Ibex, la prima de riesgo, la bolsa, etc. son la noticia número uno en todo y a todas horas, no hacen más que convertir la economía en el único valor absoluto que importa y hacernos a todos reos del mercado, objetos de mercado, instrumentos de mercado, víctimas del mercado, que cae como un losa y aplasta contra el suelo a los de más abajo, y cuanto más abajo están, más aplastados son.

4.-"Creo en Jesucristo, pero no en la Iglesia"

Es muy urgente sanear la ética personal y social, volver a una vida rica en valores, hacer de la persona el centro de la vida, ella es el primer caudal que hay que salvaguardar. La sociedad necesita referentes éticos firmes y fiables, capaces de catalizar las aspiraciones más profundas y auténticas del ser humano.

Para los creyentes en Jesús de Nazaret, él es nuestra referencia inmejorable. Otra cosa es la imagen penosa y desfigurada que hemos dado tantas veces de él y de su mensaje. Necesitamos volver a él directamente. Él es la base y el fundamento de nuestra fe. La iglesia oficial, que se dice seguidora y continuadora de Jesús, y que tantos fallos tiene, no es el fundamento de nuestra fe, ni debe serlo. El fundamento es Jesucristo con su mensaje.

La Iglesia Oficial está perdiendo credibilidad de día en día, por lo que muchas personas dicen que ya no tiene fe en ella: "Creo en Jesucristo, pero no en la iglesia", se oye decir con frecuencia. Hay que tener en cuenta que la Iglesia no es objeto de fe: objeto de fe es Jesús y su mensaje.

Jesús y su mensaje es lo que no debemos perder nunca, bajo ningún concepto ni por ningún motivo, porque esto es lo que da el sentido último y más profundo a nuestra vida, a nuestro compromiso, a nuestra lucha por el ser humano.

Jesús es además un referente indiscutible en la historia de la humanidad. Quienes le siguen con fidelidad, comprometidos con los mismos valores por los cuales él dio la vida, siempre son objeto de admiración, respeto e imitación. Donde hay lucha por los más empobrecidos, por la justicia, por la igualdad, por los derechos humanos, por la solidaridad, por la vida de todos y de toda la creación, ahí está Jesucristo, porque eso fue y es él.

Aquellas gentes fueron corriendo a encontrarse con Jesús: ante tanto dolor y tanto sufrimiento como hay en el mundo actual, también hoy necesitamos echar a correr para hacer realidad lo antes posible los grande valores del mensaje del Evangelio de Jesús: así seremos todos y todas más felices para este mundo y para la vida eterna.


Faustino Vilabrille

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