col gerardo

 

Siempre me ha parecido que en Semana Santa hay demasiadas celebraciones. Que llenamos el día con celebraciones, unas litúrgicas y otras, devocionales.

Este año parece que no vamos a tener esas celebraciones. No me gustaría que tratemos de rellenar el tiempo con ritos, ceremonias y actos litúrgicos a través de la tele. Hago una propuesta, que yo creo que nos puede venir bien. Dediquemos el tiempo, primero a atender a los enfermos o vivir la enfermedad, si nos toca. Y, si estamos libres, hagamos silencio. Sí, silencio. Encuentro a nuestra iglesia llena de palabras, cantos… Dedicamos poco rato a la contemplación. Parece una gran tormenta que lo lleva todo por delante o una de esas lluvias de primavera, con chubascos y enseguida sale el sol. Necesito silencio. Escuchar, acoger, orar, contemplar. Que nos hable Dios, o mejor -Él ya nos habla- acoger sus palabras, mensajes.

Una de las cosas positivas que nos trae la pandemia es el silencio en las calles. Necesitamos dejarnos asombrar, ad-mirar cada realidad y aprender a interpretar la vida. Dios no necesita que le alabemos ni que le pidamos perdón. Dios nos pide vivir con intensidad su presencia, su acción, su vida en nosotros. No necesitamos verle físicamente para estar con Él.

Me dan mucho miedo las tormentas, los aluviones. No calan nada y lo arrastran todo. Prefiero las lluvias tranquilas. Y ya el colmo, es una buena nevada. Esa sí que cala.

En los actos religiosos y litúrgicos corro el peligro de la rutina, de la prisa: seguir los ritos y oraciones ¿Cuánto tiempo dedicamos al silencio activo? No para pensar sino como el terreno para acoger el agua, dejarnos mojar y empapar.

Íbamos como sociedad por un camino, por un estilo de vida, por un “progreso” y de repente, nos han cortado ese camino. ¿Qué vamos a hacer ahora? Yo de momento, pararme y tratar de escuchar creativamente.

No le pido a Dios que pare la pandemia porque eso no le toca a Él, sino que sepamos vivir esta enfermedad en profundidad. Estoy aprovechando a leer la biblia estos días y me sorprendo: el pueblo siempre está en dificultades y soñando con la liberación. Pero aprendiendo la vivencia de la prueba, del desierto, del fracaso.

Lo comentaba ayer con un compañero y me insinúo la conveniencia de leer poesía en la vida. Ahí afloran los sentimientos sobre las costumbres. Y LAS ACCIONES.

La liturgia tiene estos días unas LECTURAS, SALMOS, HIMNOS y CÁNTICOS FENOMENALES. Intentaré servirme de ellos. Y si puedo, hasta con la ventaja de hacerlo con canto gregoriano.

Tú hablas y nosotros, tus hijos, escuchamos...

 

Gerardo Villar