col agua

 

Cuando uno piensa y escribe contracorriente ya se siente miedo. Pero cuando te manifiestas contra "el sunami" de una embarrada tradición absolutizada y de una autoridad usurpada a Dios, entonces mi cobardía me hace callar ante las seguras pedradas del desprecio y el destierro.

No he tenido valor para enfrentarme antes al "problema de la muerte humana" que con tanta dureza, ausencia de racionalidad y falta de misericordia se viene tratando. Hoy no he podido reprimir el desgarro de mi corazón ante tanta "muerte horrible" y me he atrevido a escribir.

Oponerse a lo "religiosamente correcto, a lo impuesto, a lo esculpido en la conciencia colectiva" es terrorífico. Exponerse a una segura condena es de locos. Sin embargo, esa fue la historia de Jesús, al que frágil, ilusa y cobardemente uno pretende seguir.

La absurda teoría que nos imponen los "gurús de turno" se resume en que puedes ser compasivo con tu perro, tu gato o tu caballo. Pero jamás uses la misericordia con tu padre o madre moribundos. El último hachazo -dicen- es misión de la "voluntad de Dios", de un "dios guadaña" que ellos entronizan y nos imponen.

Adelanto el esquema de mis certezas profundas, largamente meditadas, por si alguno no aguanta tragarse este "sapo" completo.

1º.- Me escandaliza que la religión de la Misericordia se obstine en negar la misericordia a los moribundos, es decir, a toda la Humanidad. Porque por ahí pasaremos todos.

La historia avanzará y dejará en ridículo a una religión que olvidó sus raíces. Que no supo comprender y hacerse humana.

Priorizar una "ideología inventada" sobre la misericordia no es cristiano. Querer imponer el "sábado" por encima del "hombre" no es cristiano. Obligar a los seres humanos a morir peor que un perro es abominable.

2º.- La DIGNIDAD del ser humano exige respetar su LIBERTAD, incluso a la hora de morir.

3º.- Los cacareados "cuidados paliativos" son mera excusa. ¿A cuántas personas llegan en realidad? Querer justificar la ausencia de misericordia con rígidos "argumentos ideológicos" es de tramposos.

Lo humano y por ende cristiano es facilitar el proceso de morir a quien "libre y voluntariamente" desea terminar cuanto antes. Podría poner trágicos ejemplos reales de personas buenas que quisieron y no pudieron, pero no quiero alargarme.

4º.- Una limitación, una única limitación para quienes quieren adelantar su muerte: ¿Perjudica a terceros? Si existe "daño a terceros", entonces no es ético adelantar la muerte.

5º.- La libertad es un "don de Dios". Nadie puede privar a nadie de ese don, cuando no suponga daño o peligro para otros.

6º.- La mal llamada "muerte natural" NO es una exigencia de la "voluntad de Dios". Es inmisericorde e inhumano manipular la "voluntad de Dios" para mantener una "falsedad ideológica" que viene arrastrando sufrimientos sin fin a la raza humana.

Dios nos ha entregado la ADMINISTRACIÓN del mundo y de nuestra propia existencia. Él NO quiere el dolor ni la desesperación, siempre quiere la felicidad de sus criaturas. También en el inevitable proceso de morir.

7º.- El colmo del "anticristianismo" es "la orden" de privar al moribundo de los sacramentos, si los solicita y, al tiempo, decide morir dignamente.

8º.- En nuestra santa Iglesia católica, apostólica, romana y pagana en gran medida, se mantienen, por desgracia, muchos fanatismos, errores, ideologías tradicionales, dominación clerical y arrogancia absolutista... ¿Dónde hemos dejado el respeto a la "conciencia profunda" y el no juicio?

Sigo afirmando que nos falta mucha CONVERSIÓN para llegar a ser una "religión humanizadora, positiva, luminosa y alegre" que es la que emana de Jesús de Nazaret. Nos parecemos muchísimo a quienes le persiguieron y le crucificaron.

Vayamos ahora a los argumentos que mantienen y difunden torticeramente los pluscuamperfectos y sus maestros. Básicamente son dos: "el 5º NO matar" y "la muerte es cosa de la voluntad de Dios".

A) No matar. Mienten descaradamente. Nadie habla de "matar", sino de "ayudar a morir y respetar la libertad de morir" cuándo y cómo cada cual decida. De morir no podemos escapar, es nuestra limitación original: caducos y mortales. Pero "quitar el aguijón a la muerte" debe ser obligación de todos y para todos.

Afirma el Papa Francisco: "No podemos ser indiferentes ante el sufrimiento de los más pobres". ¿Pero hay alguien más pobre, más necesitado, más desvalido que un moribundo, un enfermo incurable carcomido por el dolor, un anciano que arrastra la vida y desea la paz?

Al parecer, muchos pueden ser indiferentes ante el "sufrimiento de la muerte". Sus neuronas cuadriculadas e insensibles les hacen esclavos de unos principios falsos. A mí, desde luego, me acongoja la enorme cantidad de "sufrimiento evitable" que causan las leyes al no dejar en libertad a quienes nacemos libres pero somos esclavizados ante la muerte.

La mayoría no teme tanto la muerte como la "forma de morir", temen el dolor de la enfermedad y la agonía.

Yo me he apuntado a la forma de morir de mi abuelo y mi madre. El abuelo con un calcetín puesto y el otro sin poner cuando se levantaba de la cama. Mi madre mientras la ayudaban a levantarse para ir al baño. Aunque yo tuviera garantizada esa forma de morir instantánea, no dejaría de defender la "libertad de morir" para toda la Humanidad. La misericordia que late en mi fondo me lo exige.

B) La voluntad de Dios. El argumento de la "voluntad divina" es ruin, deleznable, irracional e impío. ¿Nos damos cuenta de lo que estamos diciendo?

Pues simple y llanamente que nos ha creado un "dios canalla". Alguien que caprichosamente a uno le manda un cáncer, a otro un infarto, a otro un accidente mortal y a otro una pluma blanca para que vuele a la eternidad...

Está tan aburrido en su cielo que juega a la ruleta con los humanos y les aplica el "golpe mortal" que en ese momento más le divierte.

Esa ignominiosa forma de pensar es una blasfemia para un cristiano, por más que esté enquistada en doctrinas y mandatos. Nada tiene que ver la "forma de morir" con la "voluntad divina". Como nada tienen que ver el hambre, la enfermedad, las guerras y todos los males del mundo.

Morirse antes o después, de una manera u otra, NO depende de Dios. Morir es un proceso natural inherente a nuestra condición carnal. La "forma de morir" está condicionada por la "forma de vivir" que hayas llevado. Dependerá de si has vivido una vida ordenada y has cuidado tu cuerpo (si has podido) o le has expuesto a innumerables peligros y daños.

Por otro lado, quizás el más determinante, dependerá de tu "herencia genética". Que, a su vez, dependerá del orden o desorden y de las posibilidades de vivir sanamente que hayan tenido tus antepasados.

Así de simple, racional y humano. Son nuestras "formas de vivir" y las de nuestros ancestros, las que condicionarán nuestra "forma de morir".

De ninguna manera es Dios quien aprieta un botón y te deja caer un rayo o un piano, te manda una enfermedad corta o larga, te deja ciego o inmóvil, o, si has sido buenecito, te manda un ángel a recogerte en volandas.

Nuestra obligación humana y cristiana es tanto "ayudarnos a vivir" como "ayudarnos a morir", cuando nuestra libertad y nuestras circunstancias nos empujen a tomar esa decisión.

No existe un mandato divino que exija esperar a que la enfermedad te vaya devorando o te arrastre como a una gacela en las fauces del león. Ni existe impedimento divino para que preveas y decidas tu muerte para cuando tus facultades humanas te hayan abandonado convirtiéndote en un pelele.

La "administración de tu vida y de tu muerte" te está encomendada a ti por el Creador. Tú me ayudas a mí y yo te ayudo a ti, en la vida y en la muerte. Eso es lo humano y cristiano. Eso será lo que se practique en un futuro para bien de toda la Humanidad.

El argumento de la "voluntad divina" es el preferido por los jerarcas religiosos (de todas las religiones), que se revisten a sí mismos de "autoridad divina", para someter a los fieles y privarles de su libre albedrío.

Es el método certero para infundir temor y ser obedecidos. El "temor a la transgresión" (el pecado, que solo ellos pueden perdonar) y el "temor al castigo" (un inexistente infierno eterno).

Es decir, la "voluntad divina" creada, administrada e impuesta por los líderes religiosos, es la mejor arma de manipulación para someter a un Pueblo y privarle de libertades básicas, empezando por la "libertad de pensar y decidir".

"Sabéis que los jefes de las naciones las tiranizan y que los grandes las oprimen con su poderío. Entre vosotros no debe ser así, sino que si alguno de vosotros quiere ser grande, que sea vuestro servidor; y el que de vosotros quiera ser el primero, que sea el servidor de todos; de la misma manera que el hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida por la liberación de todos" (Mt 20,25).

Que la llamada "voluntad divina" es un arma arrojadiza con la que se amenaza y somete a los fieles lo demuestra sobradamente la historia. Hace dos mil años fue "voluntad divina" crucificar a Cristo (algo que sigue manteniendo la doctrina y liturgia actuales).

Siglos después lo fue enviar a una "guerra santa" a los cruzados. Hace apenas unos siglos se quemaba a brujas y herejes por esa "voluntad". Anteayer se bendecía la pena de muerte. Y hoy mismo se conceden "indulgencias simples o plenarias" con el "dedo de dios"…

Son solo unos ejemplos para demostrar la evidente manipulación de la "voluntad divina" por la que se han cometido tantas atrocidades. Nos han hecho creer que esa "voluntad" mana del autoritarismo de los clérigos reinantes, pero la misma Escritura que ellos sacralizan lo desmiente: "Pondré mi ley en su interior, la escribiré en su corazón, y seré su Dios y ellos serán mi pueblo" (Jer 31,33).

«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos". Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres» (Mc 7,6)

Decía Juan Pablo II "la fe se propone, no se impone". Pero se ha quedado en una frase romántica. La realidad es muy distinta porque para ser buen cristiano, según la dictadura religiosa, estás obligado a tener "fe clerical" (adhesión al Clero) distante y distinta muchas veces de la "fe cristiana" (adhesión a Cristo).

Seguro que nuestros dirigentes religiosos actuales son buenísimos y tienen una buenísima voluntad (también la tenían los fariseos y maestros "in illo témpore"). Pero han olvidado que el Creador nos hizo "libres y autónomos" y no se mete en nuestros guisos diarios, ni en cómo administramos nuestra vida y nuestra muerte.

El único mandato que mana del fondo es el "amor a ti mismo y al otro", que conlleva la buena gestión de los dones recibidos, la compasión y la misericordia. "Pues si os dejáis conducir por el Espíritu, no estáis bajo la ley" (Gal, 5 18).

Es decir, vivir "dejándote amar por Dios y amando" (esa podría ser la redacción actualizada del primer mandamiento de Moisés). Quien se deja amar por Dios buscará administrar bien y gozará las consecuencias, esa felicidad que Él quiere para sus criaturas. Quien ama a los demás será inevitablemente compasivo y misericordioso en la vida y en la muerte, porque la muerte forma parte de la vida. "Dichoso el que toma una decisión y no obra contra su conciencia" (Rom 14,22).

Es una aberración imaginar que cada humano nace con la "condena a la silla eléctrica" en el bolsillo, sin saber si el "corredor de la muerte" será corto o largo, doloroso o siniestro…

Pensar que un "dios perverso" mantiene la dramática y dolorosa incertidumbre de cuándo pulsará el interruptor… es de una irracionalidad e incoherencia tal, que es inexplicable que seres racionales lo mantengan.

Afirmar a continuación que ese "dios del interruptor" es Amor y Misericordia infinita revela una incoherencia tan colosal que no entiendo cómo puede caber en las cabezas -ya no digo en el corazón- de esos "sabios y entendidos" inhumanos…

¿No hay en la vida suficiente esfuerzo y dolor? ¿Por qué quieren imponernos un final peor, en vez de facilitarnos el libre desembarco en la paz? Nacemos llorando. ¿Por qué nos exigen morir gimiendo?

Llegará el día, ya lo creo que llegará, en que la racionalidad y la compasión humanas se impondrán. Y las leyes civiles se adelantarán a la dureza de corazón de unos líderes religiosos más dedicados a dominar que a servir, más aficionados a la proliferación de ritos que a descubrir la conciencia personal, más complacientes con ídolos populares que exigentes en la búsqueda del Dios único y verdadero.

Muchos se escandalizarán por lo que escribo, porque nadie puede imaginar la pasión con que deseo que "abandonando los ídolos, nos volvamos a Dios, para amar y servir al Dios vivo y verdadero" (1Tes 1,9).

 

Jairo del Agua

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