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Tomar conciencia de que todo viene de Dios, que Él es la fuente de la vida, que “nada fue hecho sin el palpitar de Dios”. Ese puede ser considerado el propósito, o al menos uno de ellos, del documental de Iglesias y Minería producido por la Verbo Films, que acaba de ser lanzado.

En 13 minutos, en un juego de imágenes y sonidos, intercalados con diferentes reflexiones y testimonios, somos llamados a reflexionar con una serie audiovisual que tiene por título "Caminos de la Eco-espiritualidad". Se trata de descubrir que nuestro corazón late al ritmo del Planeta, al ritmo del Dios Creador, que hizo que en el principio “todo era hermoso, todo era bueno, en el universo y en la libertad. Todo era uno y diverso, interconectadamente. Todo era esplendor”, como nos relata el documental en sus primeras imágenes.

El documental es una oportunidad para entender que “somos tierra, humus”, pero también para descubrir que somos nosotros, género humano, quienes hemos arruinado el sueño de Dios. Por eso, el video hace una invitación a descubrir que “una de las enseñanzas de los pueblos indígenas, desde su experiencia espiritual, es que la creación es espiritual”, del P. José Fernando Díaz SVD, de la Coordinación de Justicia, Paz e Integración de la Creación en Chile.

Frente a eso denuncia “una civilización que trata todo como un objeto”, haciendo la propuesta de “releer el Evangelio a la luz de la espiritualidad indígena”, llamando a “una verdadera conversión desde una espiritualidad que es capaz de comprender la Creación como Palabra de Vida y no como un insumo productivo”.

Vivimos en una realidad donde “un pequeño grupo de poder económico dirige al mundo desde sus intereses y sin importarle la vida humana”, según Alberto Franco Giraldo, de la Comunidad Eco-espiritual de Colombia, convenciendo a todos de que “sus intereses son los intereses de la humanidad, y que la visión de progreso que ellos tienen es la que nos conviene a todos y todas”. Han conseguido que sea asumido que “nuestra felicidad consiste en consumir todo lo que ellos producen”, que las cosas llenan nuestros vacíos.

Ante esta realidad el Papa Francisco propone la “sobriedad feliz”, fundamentada en “una espiritualidad de interacción con toda la Creación y los demás sin dominio, sin imposiciones”. Por eso, el padre Franco insiste en que “una sobriedad consciente y profunda es liberadora”.

La Eco-espiritualidad nos lleva a sentirnos parte del todo, a sentirnos dentro del todo, pues todo y todos están interligados. Desde esa perspectiva, Moema Miranda reconoce la importancia de la encíclica Laudato Sí, que llevó a entender “el sentido de que nos reconectemos con el concepto de Casa Común, que revivamos la idea de que somos parte de una casa más grande que nosotros y que es común a toda la vida”.

La antropóloga brasileña afirma que “la eco-espiritualidad nos ayuda a pensar que, si nosotros habitamos una casa común, ¿cuál es nuestra idea común de casa?”, haciendo ver que el lugar donde cada uno vive nos hace entender el concepto de casa desde una perspectiva diferente. En un mundo devastado, “la eco-espiritualidad nos llama a la idea de la reconexión, a la idea de que existe más allá de la ecología, un discurso, una comprensión de la articulación del mundo como un ecosistema, además de una idea de economía, que debería adecuarse a la casa, de una ecosofía”.

Estamos ante “una espiritualidad que conecta, que une, en el Espíritu de Dios Creador, Padre y Madre, que nos hermana, que nos construye como seres que son hermanos y hermanas de todo lo creado, de esta casa que es toda ella criatura, que es toda amorosidad”, afirma Moema Miranda. Por eso, hace una llamada a “regresar como hijos e hijas pródigos para disculparnos por lo que hemos hecho de devastación y reanudar la conexión”. La propuesta es aprender “de los pueblos que siempre supieron, que nunca se engañaron a sí mismos que el progreso y el desarrollo eran mejores que el agua limpia y la tierra para plantar y cosechar”.

No olvidemos, como relata el documental, que “en su vientre siempre hay la posibilidad de vida, porque la tierra es Gaia, la Tierra es Madre. ¡Su corazón late, late fuerte! Si prestamos atención y conectamos nuestra mente con el corazón del vientre de la tierra escucharemos un gemido, un gemido frágil, un gemido que es suyo, un gemido que es nuestro”.

 

Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

Religión Digital