col patuel

 

LA ALDEA GLOBAL (AG) pide una visión universal, pero al mismo tiempo una acción concreta. Vivimos una realidad social radicalmente nueva. No hay historia y nos toca hacer historia viva. Y en esta historia viva, nadie debería vivir fuera de esta AG, no hay otra ni aquí ni allá. Por tanto, ninguna exclusión ni por sexo ni por etnias (sólo hay una sola raza: la humana) ni por religiones ni por ideologías ni por diferencia de poder adquisitivo, entre otros. La AG es la casa de todos y hay que cuidarla entre todos: El Planeta tierra. Éste se encuentra en un mar inmenso de galaxias y universos o en la inmensidad de los mundos o un multiverso infinitamente abierto. Esto más que un enigma (a resolver desde la razón) es todo un misterio (incorporarnos dinámicamente) con una visión humana profunda.

Y para eso necesitamos unos criterios de convivencia. Sólo hace unos siete mil años tenemos textos escritos; no tienen más autoridad que los textos actuales, pero sí son testigos de cómo eran los seres humanos en un momento dado, por las orientaciones que indicaban. Y, sorpresa ciertamente, estos textos son muy actuales. El ser humano se hace humano porque no nace humano, pero sí nace con la dignidad humana. Se desarrolla en un proceso de autorrealización o de ir madurando, obteniendo en cada momento su fruto. Siempre en un lugar concreto de espacio y tiempo, o si desea, en un m2, como me gusta expresar.

El título del artículo se me ocurrió al leer el libro de Jean-Charles Bouchoux (2018): Por los caminos de Buda y Freud. Transformar el dolor en sabiduría con la meditación y el psicoanálisis. Y acompañado de dos publicaciones recientes: Psicoanálisis y espiritualidad (Longhi, 2022); y El cuenco vacío (Stern, 2022). Sin dejar de lado Budismo zen y psicoanálisis (Suzuki-Fromm, 1960). Pero quiero, además, remarcar o insistir en el gran movimiento internacional de la “psicología transpersonal”, iniciada por psicoanalistas, y tan mal comprendido y no aceptado por los ámbitos académicos y también psiquistas.

Pues bien, toda persona, como Freud (1856-1939) y Buda (S. VI-V a. C.), son como unos faros, que buscan aliviar el dolor. Llevan al paso de una hominización a una humanización. Dicho de otra forma, el proceso dinámico de la autorrealización para dar un paso más consciencial, que es la autotrascendencia o ser consciente de Sí Mismo.

La AG está marcada por infraestructuras, que son necesarias, y una de ellas es la economía. Pero ésta al convertirse además en superestructura pone, como en un sándwich, en medio la humanidad. No permiten ni la autotrascendencia ni poder subir el segundo peldaño de la espiral de Maslow: la autorrealización. Entonces, esa AG no tiene escala de valores humanos, sino sólo criterios científico-técnicos. Es decir, una fuerza sin alma.

Siempre hay un malestar cultural, como indican Freud y Buda. Y quien lo guía o dirige, sintiendo que es infra/súper estructura a la vez, está llevado por un narcisismo perverso. Es evidente que ante una situación humana así, necesitamos Sabios y Maestros que ayuden a liberarnos de esta esclavitud para progresar humanamente de forma integral. Por eso Freud nos dice: Trabaja y ama. Buda: Evita el dolor y se compático (compasivo). Ambos vienen a decir: Evita el sufrimiento inútil y evitar hacer el mal. Un buen punto de partida. Hace falta pasar del no-hacer al hacer. No en vano, todo Ser Humano tiene un corazón para sentir, una cabeza para pensar, unas piernas para ir a y unas manos para obrar. Ciertamente, que todo esto puede explicarse de muchas formas. Freud y Buda son unos indicadores de una forma o mapa, que pueden impregnar la cultura de esa AG. Ambos hablan de autoobservarse, conocerse, cuidarse, tomar responsabilidades, buscar el bienestar sin olvidar el bienser. Diferenciar el dolor, que es inevitable, del sufrimiento innecesario. Ambos acentúan el valor del silencio y la autocomprensión. Es decir, personas sabias que orientan hacia un espíritu humano crítico o luminoso. Y esa capacidad crítica o luminosa que existe en cada Ser Humano nos clarificará la forma de pensar y actuar: Sentir el pensamiento y pensar el sentimiento. Estamos en el terreno de datos antrópicos, no en el mundo de las creencias o mundo mágico y mítico.

En la AG necesitamos un nuevo lenguaje para poder expresar toda esta dinámica o potencial humano con el que todo Ser Humano nace. Hay que partir de un ego, bien entendido, que conduzca el timón del barco, pero sabiendo que no lo guía. Un ego que al ser consciente de su hondura descubre o toma conciencia de una identidad más profunda. Es como mirarse en el espejo con los ojos abiertos: el ego se ve. Pero con una mirada más profunda contempla su propia hondura o el principio fontal.

Tanto el psicoanálisis como el budismo, empezados por Freud y Buda, pero continuados por otros, nos pueden llevar a esa consciencia. Es la lucha y la visión que cada Ser Humano debe hacer para amar, trabajar y evitar el dolor, acompañado del silencio: Humanizar al Ser Humano.

En esta AG hay que ir trabajando de nuevo porque todo lo que nos ha traído la ciencia técnica, no es más que un nuevo medio. Ni tecnofilia ni tecnofobia ni tecnocracia sino tecnoética, es decir, amor a la Ciencia y a la Técnica como verdaderos medios de humanización en función siempre de la "dignidad humana".

 

Jaume PATUEL PUIG

Pedapsicogogo