col gerardo

 

Cuando las personas participan menos en la vida cristiana, cuando los templos se vacían de feligreses tenemos un remedio: nos dedicamos a realizar obras: en catedrales, iglesias, ermitas, altares… Porque eso a la gente le gusta y, más o menos colabora, porque eso se ve y permanece Estamos en la Iglesia viviendo una pastoral de eventos. Así visualizamos que somos muchos los cristianos.

Me choca el que estemos en épocas de edificios y de grandes visitas del papa, concentraciones, acontecimientos,… que se quedan ahí. Nos cuesta mucho más un trabajo serio, continuado, profundo de grupos, de ir descubriendo la fe e irla viviendo en comunidad, sin algarada ni cohetes.

Me gustaría saber qué fruto queda de los grandes acontecimientos.

Es curioso: cuando se incendia Notre Dame, esa misma noche llueven donativos, que luego parece hay dificultades para llegar a fin de mes. Sin embargo ante una oleada de refugiados o de manteros, no hay respuesta humana para su situación.

Siempre ha sido una tentación el intentar darle a Dios un lugar -un templo.- Porque ese Dios, ahí encerrado, nos deja tranquilos. Mientras que unas casas construidas para emigrantes, refugiados, marginados, nos crean muchos problemas. Es un Dios que nos exige mucho más, que crea goteras en los templos de las personas.

Cuántos mantos tienen muchas imágenes. Y no es porque tenga frío el santo, la virgen, sino porque nos tranquiliza nuestra conciencia el saber que hemos dado nuestras ropas elegantes para eso.

Los grandes movimientos de Acción Católica nos han ido educando paso a paso: viendo, juzgando y actuando y creando cristianos profundos y bien formados y activos en la sociedad, de una fe recia.

Se nos olvida la expresión de Jesús: “El culto a Dios no se da ni en el templo de Jerusalén ni en el Garizim, sino a Dios se le encuentra en espíritu y verdad” y “donde hay dos o tres personas reunidas en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”.

Nos cuesta muchísimo cerrar un convento o suprimir una templo. No nos damos cuenta de que lo pequeño que queda, hace germinar y crea la auténtica semilla.

Jesús derribó los puestos de los negociantes en el templo. Nos indicó, no que estuviesen haciendo algo malo. Su misión era vender animales para los sacrificios. Nos quiere indicar algo mucho más profundo: hay que abrirnos a una nueva celebración de la fe: con el corazón, la fraternidad y el servicio en el nuevo templo de las personas, donde habita Dios.

 

Gerardo Villar