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El verbo preocuparse posee dos significados: 1. Causar intranquilidad, inquietud o angustia. 2. Interesarse, prestar especial atención a algo.

Igualmente tiene dos clases de sinónimos opuestos: 1. Desasosegar, intranquilizar, inquietar, alarmar, recelar, angustiar, obsesionar, impacientar... 2. Ocuparse, responsabilizarse, cuidar, desvelarse, fomentar, interesarse, prevenir.

Pre-ocuparse es mostrar una intranquilidad y un desasosiego desmesurado, antes de que se produzca el hecho sobre el que se muestra la alarma: la pena o el dolor que me puede causar una opción de alguien cercano con la que estoy en desacuerdo; el sufrimiento por la soledad en la que me voy a quedar cuando ese familiar me abandone; la situación de crisis vital en la que me veré envuelto si pierdo mi puesto de trabajo; una enfermedad que se está diagnosticando pero de la que aún no se tienen los resultados definitivos; la incertidumbre sobre mi pensión ante la crisis económica que padecemos como resultado de la pandemia…

Vivimos en una sociedad que fomenta una pre-ocupación constante, por el miedo y la inseguridad que fomentan en los distintos órdenes de la existencia. Y el remedio que ofrecen es la hipotética seguridad de un buen sistema privado de pensiones, una medicina y una enseñanza privada, el seguro más alto por la casa, el coche… para que nada nos pueda sorprender ni inquietar.

Aunque lo cierto es la vida nos sorprende a cada momento y puede tomar un rumbo totalmente diferente de un día para otro, tal como lo hemos comprobado desde la crisis económica que adquirió una gran intensidad a partir del año 2008.

Pero todo tiene su tiempo en la vida y en la naturaleza. Por ejemplo: El granado no se pre-ocupa en enero o febrero por si va a florecer o dar fruto. Pero sí que se ocupa de echar flores entre mayo y agosto, para ofrecernos su fruto delicioso entre septiembre y noviembre.

Así deberíamos actuar cada uno de nosotros y nosotras: ocuparnos, responsabilizarnos y cuidar de todo lo que nos interesa y nos une como humanidad y como partes integrantes que somos de la naturaleza, del universo.

Ocuparse es todo lo contrario a despreocuparse. Quien se preocupa, al menos, tiene un sentimiento de cercanía, de interés, pero quien vive permanentemente despreocupado, solo vive para sí y el crecimiento desmedido de su propio ego, dando prioridad exclusivamente a sus propias predilecciones.

Por lo tanto, intentemos en la medida de nuestras posibilidades, ya que somos seres humanos vulnerables, no pre-ocuparnos en demasía de lo que pudiera ocurrir, por un hecho incierto, en un futuro más o menos próximo. Ocupémonos con cuidado y empeño cuando llegue la situación esperada, buscando la mejor forma de solucionar el problema, como decía siempre una gran amiga mía: “Cuando lleguemos a esa esquina, la doblaremos”.

Pero, sobre todo, evitemos la des-preocupación, que demuestra insolidaridad, egocentrismo e ingratitud.

 

Miguel Ángel Mesa

Religión Digital