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Observatorio Jeanneth Beltrán.

Con el lema que da título a este artículo y como un proyecto que nace de la Asociación Senda de cuidados, Trabajo y cuidados dignos, el Observatorio nace en mayo de 2018. Tomamos el nombre de Jeanneth Beltrán, en memoria de una compañera nicaragüense, empleada de hogar sin papeles, que murió en el año 2014 en Toledo como consecuencia del decreto de exclusión sanitaria. (Real Decreto Ley 16/2012)

Nacemos ante la necesidad de recoger, asesorar y acompañar la vulneración de derechos de las trabajadoras de hogar y cuidados, fomentar su autoorganización y hacer incidencia política con otros colectivos de trabajadoras para poner fin a la explotación y discriminación que sufre este sector por el cruce de un entramado legal injusto que se perpetúa históricamente: la Ley de Extranjería y la exclusión del régimen de las trabajadoras de hogar y cuidados en el sistema de la Seguridad Social con plenos derechos.

Trabajo esencial en la economía sumergida

En España existen más de 630.000 mujeres que trabajan en este sector, la mayoría migrantes, de las cuales el 40% forman parte de la economía sumergida y casi en su totalidad trabajan en condición de internas. Mujeres que, pese a la vulneración de derechos que viven cada, día sostienen los hilos de la vida acá en el estado español y también allá en sus países de origen, por lo que significa en sus economías la aportación de sus remesas. Mujeres trabajadoras esenciales, como ha quedado demostrado en la crisis de la Covid, pero todavía al margen de los derechos del resto de los trabajadores. Forman parte de un sistema especial dentro del régimen general de la Seguridad Social que mantiene condiciones laborales y salariales discriminatorias, una amplia desprotección del sector, un elevado porcentaje de informalidad derivado de las trabas para la regularización de los permisos de trabajo, que les niega, entre otras cosas, el derecho al desempleo y el reconocimiento de las enfermedades profesionales. Algunas de las situaciones más comunes que detectamos diariamente desde el Observatorio y que intentamos denunciar son:

Situaciones denunciables

-La complejidad de la vulneración de derechos que afecta a las trabajadoras de hogar y cuidados por la interseccionalidad que lo atraviesa. De modo que no se limita solo a la esfera laboral, sino a toda una serie discriminaciones y exclusiones relacionadas con el género, la raza y la clase. 

-Los imaginarios y prejuicios dominantes sobre las personas que realizan este trabajo, como personas “ignorantes” y sin conciencia. Nada más lejos de la realidad. La mayoría viven un proceso de movilidad socio-profesional descendente, un cambio de status significativo, pues en su país habían desempeñado otro tipo de profesiones de mayor reconocimiento.   

-La normalización de la precarización y las condiciones de explotación de este trabajo en cuanto a salarios, descansos, incumplimiento de contratos o inexistencia de contrato escrito (más del 50%), negación de derechos laborales y existencia de todo tipo de abusos.  Especialmente graves son los distintos tipos de acoso hacia estas trabajadoras:   acosos de tipo moral (insultos, aislamiento, maltrato psicológico), laboral (engaños sobre condiciones laborales, carencia de espacio en la casa para descansar, desprecio por su trabajo, trato humillante, xenófobo, racista y, por último, acoso sexual.

La revitalización del régimen de interna en condiciones en las que claramente se incumple la ley, incluso aun cuando esta resulte insuficiente: vulneraciones de derechos (como negación de permisos para ir al médico o poder atender a situaciones personales o familiares), imposibilidad de conciliar vida familiar y vida laboral, despidos improcedentes o desistimientos sin finiquito y sin indemnización, falta de respeto a la intimidad o ausencia de una habitación propia, etc. Junto a ello la interiorización del sin papeles no hay derechos y la gran asimetría existente entre empleadores y empleadoras para negociar condiciones.

Sin embargo, pese al aislamiento que conlleva este trabajo al llevarse a cabo al interior de los hogares, las trabajadoras de hogar y de cuidados son un sujeto político emergente, como desde hace años vienen visibilizando con sus luchas y sus reivindicaciones. Cuatro de estas resultan especialmente relevantes: el derecho a la prestación por desempleo, la cotización en base a salarios reales, la ratificación del convenio 189 de la OIT y una política pública de cuidados, de modo que el derecho al cuidado no recaiga sobre la explotación de las trabajadoras y que el estado se implique a través de un sistema de bonificaciones en base a la renta de las familias.

Poco avance tras la reforma laboral

La reforma del mercado laboral llevada a cabo por el Gobierno apenas ha modificado nuestra situación de precariedad y explotación. Por eso, este pasado 27 de marzo las organizaciones de trabajadoras de todo el estado convocamos una sentada estatal para exigir la inmediata ratificación del Convenio 189 de la OIT y el derecho al desempleo. La sentencia interpuesta por un abogado laboralista en Galicia al Tribunal de Justicia Europeo por discriminación en el derecho al desempleo en relación con el resto de las trabajadoras y trabajadores ha abierto un hito histórico que fuerza al Gobierno español a subsanar y reconocer este derecho.

Empoderar y liderar

Todas estas luchas no serían posibles sin el empoderamiento y el liderazgo de las trabajadoras de hogar y cuidados. Por ello, desde el Observatorio trabajamos en dos líneas de acción preferente muy claras: Acuerpar derechos (Asesoramiento y acompañamiento colectivo en denuncias y vulneraciones de derechos) y la Escuela de Activismo Político en Cuidados. Porque estamos convencidas de que sin las trabajadoras de hogar y de cuidados no se nueve el mundo. Pero es importante reflexionar colectivamente  sobre qué  mundo queremos mover.

 

Pepa Torres Pérez

Revista digital Utopía, mayo 2022