col orte

Que Jesús resucitó
no resulta una evidencia
pero fue una experiencia
que a su gente transformó.
No cabe una explicación
que demuestre lo imposible.
Sólo la fe da razón
de que murió pero vive.

Jesús vive en las mujeres
prontas y madrugadoras,
apóstolas y testigas,
pioneras del encuentro
con Jesús resucitado,
porque solo el corazón
ve a quien es invisible.

Jesús vive en los testigos
que dan fe de que lo han visto
caminando a su lado
porque lo reconocieron
cuando partían el pan.
Pan partido y compartido,
y repartido entre todos
es sacramento de vida
resucitada en Jesús.

Jesús vive en Nazaret
de la vida cotidiana
humilde, dada y callada
de personas ignoradas.

Jesús vive en el desierto
de la soledad optada,
del silencio y la oración
y la vida contemplada.

Jesús vive en la utopía
de quien cree que otro mundo
es posible y lo intenta
porque ya lo experimenta.

Jesús vive donde dos
o tres invocan su nombre
y se reúnen con él.
El amor se experimenta
cuando se es fraternidad
y hermosa sororidad.
El “mirad cómo se aman”
es testimonio viviente
de que Jesús está en medio.

Jesús vive en quienes mueren
mártires por la justicia,
Romero, Gerardi, Berta,
todos los Ellacurías
y las Elbas y Celinas.

Jesús vive en los profetas
que denuncian la injusticia
y anuncian un mundo nuevo
y lo viven ya en sus vidas.

Jesús vive entre las sombras
de una Iglesia pecadora.
El Espíritu es más fuerte
que las miserias humanas.
Nunca se apaga del todo
la luz que nos ilumina
y siempre resurgen brotes
de Evangelio entre las piedras.

Jesús vive en quienes optan
por ser pobres entre pobres
y hacen su vida servicio,
donación y amor sencillo.

Jesús vive en quienes viven
con la fuerza de su Espíritu.
Jesús vive en quienes mueren
dando su vida por otros.

Jesús vive en la memoria
de la nube de testigos
que han seguido su camino
y han vivido como él.

 

Demetrio Orte

ECLESALIA