TRIDUO PASCUAL  

                             
                               cristianos siglo veintiuno
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PREGÓN PASCUAL

  

Alégrese esta noche la tierra,

regada por el agua saltarina de primavera.

Alégrense los campos de trigo, de maíz o de arroz,

fecundados por el sol y los vientos suaves de abril.

Alégrense las flores silvestres del desierto,

las amapolas rojas encendidas de pasión y plenitud.

Alégrense los pájaros con sus trinos,

las cigüeñas que ascienden solemnes a las torres altas.

Alégrense las oscuras golondrinas

que retornan a sus nidos antaño abandonados.

Alégrense los potros desbocados en las verdes praderas.

Alégrense las aguas que saltan en arroyos saciadores

salpicando frescura a los sedientos y cansados.

Alégrense los montes y los valles,

la tierra fértil y las duras rocas,

los barbechos abiertos a la lluvia, al sol y al viento.

 

Alégrese la miel que alimenta el cirio

que sostiene la luz de esta vigilia,

si la noche acosa e inquieta nuestras vidas.

 

Ésta es la luz que alumbra nuestra espera,

que vence a las tinieblas del pasado

y nos devuelve la alegría.

 

Ésta es la fiesta que sostiene la esperanza,

el deseo de un fulgor infinito.

 

Ésta es la lámpara que atrae nuestros pasos,

rotas ya las cadenas y ataduras,

que nos empuja a la victoria.

 

Ésta es la hoguera interminable que a todos da calor

y nos acoge en el umbral del día que no acaba.

 

Ésta es la noche primera

que del caos hizo Dios un maravilloso cosmos.

 

Es la noche segunda

que Yahvé regala libertad al pueblo

y lo lleva en volandas a una nueva tierra.

 

Es la noche de los centinelas,

de los cuatro soldados atemorizados

con sus lanzas y flechas de muerte.

 

Es la noche de las cuatro mujeres que llevan perfumes,

curan heridas, besan la vida.

 

Hermanos y hermanas,

esta es nuestra noche que da luz al gran día.

Es noche de paz, alegría, resurrección y victoria.

 

Batid palmas hombres y chiquillos,

revestidos de colores con el manto de fiesta.

Perfumad la casa, doncellas y casadas,

engalanadas con anillos y diademas.

 

El que había muerto se levantó del sepulcro

y cobró nueva vida.

Jesús, el  Señor, resucitó.

Es nuestra noche,

es nuestra noche de Pascua.

 

Casiano Floristán