EL BLOG DE LUIS ALEMÁN     

                             
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EL DIABLO Y SU INFIERNO      

              

El infierno no cuadra con el “Dios es Amor”

y recurrimos a la cobarde estrategia de siempre:

“es un misterio”.

 

 A los cristianos, precisamente a los que proclaman por el mundo la “buena nueva”, les corresponde – nos corresponde - el honor de haber inventado, difundido y comerciado con la más horrible de las amenazas. Y, encima, como en casi todo, le echamos la culpa a Dios. Y como el infierno no cuadra con el “Dios es Amor”, recurrimos a la cobarde estrategia de siempre: “esto es un misterio.”

 

El infierno y el demonio fueron instituciones en manos de la aristocracia que los aprovechó para domeñar a un pueblo infantilizado. Hay que reconocer que gran parte del poder que ha acumulado la Iglesia S.A. a lo largo de los siglos se lo debe al  demonio y su infierno. ¿Qué hubiera sido de Roma sin infierno? Pero en los bajos barrios de la Iglesia ya no se cree en el diablo y su infierno.

 

Habrá que revisar los catecismos. Porque “jamás” puede ser el infierno un “castigo” ni una “venganza” de Dios. Eso sería echar por tierra toda la verdad fundamental de nuestra fe: Dios es Padre. Y ni Vd. ni yo seríamos capaces de condenar para toda la eternidad a nuestro hijo, por muy mal que se hubiese portado con nosotros. ¿Acaso nos consideramos nosotros mejores, más buenos, más padres que Dios?

 

La historia macabra del Infierno es la mayor y más grave difamación de Dios. No se puede decir que las penas del infierno sean “venganza” de Dios; y que el fuego no es metafórico, sino material, especialmente inventado para quemar almas. Y todo para el hombre, una criatura mortal, por naturaleza, a la que se le concede la gracia de la inmortalidad para poderlo joder eternamente. ¡Por favor, señores! Si esto es así, yo renuncio a mi fe, rechazo a ese dios monstruo, y digo que Jesús me ha mentido: que Yahvé no es un Padre. Y reclamo una huelga universal contra Dios.

 

Entonces, ¿qué? ¿Aquí no habrá justicia al final? ¿Los cabrones, - que los hay y muchos- se van a ir de rositas? ¿La madre Teresa de Calcuta y Milosevic van a tomar el té juntitos en los bellos atardeceres de la eternidad?

 

En primer lugar, un consejo para los interesados en el tema y que, como es lógico, no se fían de mí. Miren, existe un libro sobre el tema del infierno, fácil de leer, corto y relativamente reciente de uno de los más grandes teólogos de la  España actual. Se llama Andrés Torres Queiruga. El libro sobre el infierno tiene 106 páginas. Colección Alcance de la Editorial Sal Terrae. Su título: ¿Qué queremos decir cuando decimos “Infierno”?

 

Creo que la lectura de ese libro puede no sólo tranquilizar espíritus atormentados, que los hay, sino abrir horizontes para entender algo mejor a Dios. Torres Queiruga, en el libro citado, se dedica, sobre todo, a desmontar una a una las vigas maestras del infierno que nos han vendido: ese infierno no existe. Es más: quien crea en él, no puede creer en el Dios de Nuestro Señor Jesús. Pero, una vez desmontado, nos quedamos con el solar y con la madre Teresa y Milosevic. ¿Qué hacemos con el té?

 

Lógicamente lo que se intuye tienen que ser conjeturas. Pero tan insensato sería desmontar, sin razones, lo antiguo como levantarnos un chalecito a nuestro gusto. Lo imprescindible es que, sea lo que sea, eso que llaman infierno tendrá que estar de acuerdo y en armonía teológica con los pilares fundamentales de nuestra fe: es decir, no podemos construir una fe, una teología, un catecismo sobre la afirmación de que Dios es Amor, es nuestro Padre, que nos ha traído a este mundo – para muchos, tan puñetero - y acabar luego achicharrados eternamente.


 

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Tres interpretaciones posibles.

Y que cada uno piense una solución.

Pero que nadie se cargue el amor de Dios.